Militantes del Partido Carlista
¿Ignorancia intencional?

Contestando a Carlos Martínez, Víctor Moreno, Fernando Mikelarena, José Ramón Urtasun, Clemente Bernad y Txema Aranaz –Miembros del Ateneo Basilio Lacort en :Reflexiones sobre un escrito de Patxi Ventura y Evaristo Olcina

31/03/2017

Cabe pensar benévolamente que el principal problema de «los seis del Ateneo» es su premeditada y partidista ocultación, tergiversación y manipulación de la verdad. ¿O es simple ignorancia? Esto último sí que sería grave dado que entre tal pequeño grupo de amigos hay profesores de Historia.

Lo cierto es que no esperábamos volver a leer las soflamas anticarlistas que ya solo nos recuerdan las que solían publicar servidores del régimen anterior como Emilio Romero, políticos de variadas y tornasoladas adscripciones como Pedro Sainz Rodríguez o historiadores como Ricardo de la Cierva, que a la menor ocasión recordaba la desfavorable opinión que del carlismo tenía José Antonio Primo de Rivera. Curiosamente Uds., al menos en su inquina hacia el carlismo, coinciden tanto con Franco, con sus jerarquías y hasta con uno de los fundadores del fascismo español. ¿Es en Uds. simple ignorancia, o asunción de añejos estereotipos tal comunión de ideas con el totalitarismo ibérico?. Realmente es digno de estudio el persistente rechazo que los carlistas provocan entre los adscritos a los epígonos del liberalismo, claro generador éste, con su centralismo imperial y actitud favorecedora de las elites económicas y sociales, de los fascismos aparecidos en el siglo XX y cuyo resurgir –deseamos que anecdótico– estamos ahora mismo viviendo en buena parte del antes llamado primer mundo.

Por supuesto que en el carlismo ha existido una muy importante motivación religiosa. Y no es preciso que cómo intencional invectiva se nos arroje esa acusación de forma continuada y siempre prevista. Sería inútil y especialmente estúpido negar que el cristianismo ha sido un componente fundamental de la propuesta carlista, la social, materializada en la promoción participativa directa de la clase trabajadora mediante las cooperativas –la rudimentaria y primera consolidación práctica moderna de la defensa del comunal, precedente innegable de la autogestión– ¿y ello les parece negativo? El taranna de lo religioso como argumento anticarlista nos parece tan viejuno como el de la obsesión franquista contra la secta del compás y el triangulo nacida en el siglo XVIII en Inglaterra con pintorescos ritos faraónicos y picapedreros. Pero curiosamente, y ello abona nuestra teoría antes expuesta, es evidente la similitud de la obsesión anticarlista de los seis ateneístas de hoy con la también enfermiza decimonónica que tan expresivamente relataba Pérez Galdós en boca de asiduos a las logias que él tan bien conocía.

Deberían Uds. informarse más cuando intentan denigrar. La Inquisición a que aluden había sido eliminada pocos años antes y pudo haberse restablecido en los territorios dominados por los carlistas en la primera guerra, pero no hubo ni tan siquiera una ligera sugerencia por quienes controlaban el campo de Don Carlos. Lean más.

¿De verdad piensan que solo la cuestión dinástica movió a los miles de voluntarios en 1833?. Si hubiera sido así en 1839 los convenidos en Vergara no hubiesen utilizado, para convencer de la conveniencia de abandonar las armas, el argumento foral. Deberían ustedes saber que en las hojas lanzadas entre los voluntarios lo único que se proponía era «Paz y Fueros», lo dinástico, lo monárquico, no importaba, y por ello era obviado. También en esto conviene que se informen mejor. Y tampoco fue importante tal supuesta única motivación monárquica o dinástica en la segunda guerra, la de los «matiners», con unos voluntarios que actuaban en muchas ocasiones junto con los revolucionarios también alzados en Catalunya, y cuyo rey, Carlos VI, conde de Montemolin, no tenía nada de absolutista según acreditaba en su denominado “Manifiesto de Maguncia” (de 1860!) proponiendo «un gobierno representativo, en que los diputados, con el mandato imperativo, vengan a las Cortes a representar los intereses de sus electores y no los suyos, o de una parcialidad o cuadrilla». Seguro que lo desconocían Uds. señores ateneístas.

Pero la reacción, que en bandería integrista había abandonado el carlismo en 1888, y en 1919 como traición «mellista», volvió a partir de 1932 y hasta cambió el nombre del partido que dejó de llamarse carlista para adoptar la denominación de «Comunión Tradicionalista», lo que significaba tanto la aniquilación del «jaimismo» (denominación debida a la jefatura de Don Jaime, el hijo de Carlos VII) como del respeto que él proponía a la voluntad popular expresada el 14 de abril de 1931. La vuelta de aquella reacción significó el más trágico vuelco para el veterano partido. Fal y dirigentes integristas y monárquicos alfonsinos, con especial protagonismo de diversos caciques navarros, iniciarían de inmediato los contactos y preparativos para una sublevación incluso con el criterio en contra de Don Javier de Borbón (lean a Félix Maiz, o a Antonio Lizarza, protagonistas de excepción en la conspiración y nada sospechosos de izquierdismo), y también comprueben la ideología, lealtades alfonsinas y trayectorias posteriores de quienes fueron a ver a Mussolini. Fue esa oligarquía caciquil –insistimos, fundamentalmente navarra– de lealtad monárquica alfonsina la que en connivencia con unos generales republicanos y también masones –Cabanellas o Queipo– o monárquicos «todoterreno» (Sanjurjo, Varela y hasta el acomodaticio Mola) los que llevaron a los requetés a aquella criminal estafa no carlista. Los argumentos por Uds. expuestos son imposibles de sostener ante la evidencia histórica.

Se refieren igualmente Uds. a que en Navarra no había frente y que, por ello, se cometieron tantos crímenes. Desconocen, por lo que se ve, que ni en Catalunya, ni en la Andalucía Oriental, ni en Murcia, ni en el País Valencià –todos gobernados por el Frente Popular surgido de las últimas elecciones– tampoco hubo frente inicial, y que hasta principios de 1937 (el bombardeo de Gernika a cargo de la nazi Legión Cóndor se produjo en abril, pocos días después de la impuesta Unificación) no hubo tan siquiera agresión aérea en aquellos territorios, por consiguiente su agravante de la no existencia de frente en Navarra para cometer crímenes cae por su propio peso, en todas partes se produjeron;  pueden repasar la criminal actuación tanto en asesinatos como en destrucción de patrimonio cultural producido en dichos espacios «leales» a la República los primeros meses de la guerra y verán que es así. Cuiden sus argumentos, señores ateneístas. En cualquier caso nunca nos encontraran en la infame tarea de exhumación de monstruosidades como violaciones y asesinatos de novicias casi niñas, fusilamientos de ancianos por ir a misa, o ingente quema y asolamiento de riqueza artística en zona republicana, y ello aunque Uds. si lo hagan recordando asesinatos de militantes de izquierdas, simples sindicalistas o criminales bombardeos de la población civil. En tales remembranzas hay muy poca diferencia entre los fascismos (porque el fascismo no solo es de derechas sino que, como una elemental o primitiva actitud de impotencia revanchista, también puede ser de «izquierdas»). Y es difícil creer que Uds. no sepan que la Causa General que Uds. invocan fue elaborada por los «nacionales», es decir, por los franquistas que se habían alzado con el santo y la limosna tras desterrar a dirigentes carlistas, llevar a algunos militantes a campos de concentración de la posguerra, clausurar círculos, detener a estudiantes o deshacer el intento de envío de una unidad de voluntarios a luchar con los aliados en la II Guerra Mundial, y ello tras la orden oficial del partido de que ningún carlista se enrolase en la División Azul. En la elaboración de la Causa General no participaron los carlistas. ¿Tampoco lo sabían Uds.?

Observamos, en fin, que en el último de sus escritos no sustentan sus contundentes afirmaciones con referencias a autoridad o autor alguno, ni tan siquiera literario, excepto de refilón a Valle Inclán, y esto tiene su gracia: Don Ramón ostentaba orgulloso la máxima (realmente la única) condecoración carlista que Don Jaime le concedió y que el insigne manco proclamaba tal honor compaginándolo con la presidencia de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética. ¿Lo sabían Uds., y que pese a tal lucimiento de carlismo fue nombrado durante la II República Director de la Academia de España en Roma?. Es de suponer que tanta ignorancia es una simple pose, porque ni tan siquiera es útil como táctica anticarlista.

Como final, una invitación: cuando Uds. quieran nos ponemos a su disposición para hacer un repaso de todos los criterios historiográficos, literarios y hasta periodísticos emitidos sobre el carlismo, de todos. Es una propuesta en firme que les ayudara a Uds., y a nosotros también, al menos para dilucidar si lo suyo es simple ignorancia o premeditada ocultación de la verdad. En su beneficio pensamos que es esto último, aunque realmente no les favorece porque dice muy poco en pro de su honestidad, al menos de la intelectual.

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