Martin GARITANO
Periodista
IKUSMIRA

Adiós a las armas

No hablamos hoy de la celebrada novela de Ernest Hemingway, sino de lo que nos toca ahora en casa.

Las armas, después de las guerras carlistas, llegaron desde Checoslovaquia. Las compró Telesforo de Monzón y las trajo Lezo de Urreztieta por mar, burlando el bloqueo de la Armada española.

Con aquellos cinco mil fusiles se paró la ofensiva franquista en las trincheras de Intxorta. Y luego perdimos la guerra.

Las armas quedaron en el suelo, muy cerca de donde fusilaban a aquellos jóvenes que las portaron con valentía y por dignidad.

Se perdieron las armas, pero no se esfumó las conciencia nacional vasca.

Porque el franquismo no logró domar al pueblo vasco, como no lo habían conseguido siglos atrás los mendaces reyes visigodos, que en sus anales reiteraban el falso «domuit vascones».

Y en plena dictadura de Franco, volvieron las armas. Las primeras también llegaron de Checoslovaquia. Las compró Juanjo Etxabe y vinieron por tierra. Pero esta vez fue una nueva generación la que las empuñó frente a la imposición.

Son situaciones y tiempos distintos, qué duda cabe, pero el objetivo era el mismo: hacer frente a la opresión y la asimilación social, cultural y política del pueblo vasco.

Y ahí, aunque algunos se empeñen en negarlo, los resistentes han ganado.

Lo de las armas es, pues, poco más que una anécdota. A fin de cuentas, es sólo hierro. Y lo que de verdad importa es la voluntad de alcanzar un nuevo escenario en términos democráticos y pacíficos. Lo demás es sólo propaganda.

Otro día hablaremos del relato.