20/04/2017

La democracia del fútbol

Un refugiado gambiano debuta en el Hamburgo al mismo tiempo que un magnate chino se estrena como nuevo presidente del Milan.

Joseba VIVANCO
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Entre finales de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado, el histórico Hamburgo SV disfrutó su época más laureada, con una Recopa y una Copa de Europa, días de vino y rosas para los “dinosaurios”, que coincidieron con el auge del neonazismo en el graderío del Volksparkstadion, donde los ‘Raus’ y ‘Sieg Heil’ espantaban a muchos pero no eran sino consecuencia de la irrupción del hooliganismo en el fútbol alemán, introducido por los soldados ingleses destacados por la OTAN en la Alemania occidental. En la ciudad portuaria surgió la Savage Army, una panda de expunks y ultraderechistas que se convirtieron en el primer grupo violento del país que acudía a los estadios. Precisamente, el 16 de octubre de 1982, ultras del HSV agredieron a hinchas del Werder Bremen y a resultas del ataque se dio la primera muerte por violencia organizada en el fútbol germano, Adrian Maleika.

Este domingo en la Bundesliga se recordará como el que debutó un joven de 18 años, de nombre Bakery Jatta, y no por el color negro de su piel, tampoco por su origen gambiano, sino porque se trata de alguien que, sin padres, atravesó medio continente africano y el Mediterráneo para 6.000 kilómetros después llegar a Bremen, donde fue acogido en una academia de boxeo de barrio y una rutinaria prueba con el Hamburgo hace unos meses le llevó a fichar por el club hanseático. Esta jornada, Jatta, uno de tantos y tantos refugiados llegados a Europa, debutaba con el primer equipo. Entró en el campo en el minuto 83, precisamente ante el Werder Bremen. Como si el círculo se cerrara, como si el destino tuviera preparado a Hamburgo y Bremen un desenlance aleccionador solo unas décadas atrás. Quién sabe si este chaval que aprendió el fútbol en la calle, que no aparecía en Google hasta hace nada, pueda convertirse en revulsivo para que el Hamburgo, único club que siempre ha militado en la máxima categoría del balompié alemán, mantenga su estatus un año más.

El HSV flirtea con el descenso, mientras no deja de sorprender el Leipzig, que con su holgado 4-0 de esta jornada se ha asegurado ya su presencia en la próxima edición de la Champions. Un equipo recién ascendido que marcha a siete puntos de un Bayern que no pasó del empate.

No peligra el título para los de Carlo Ancelotti, cosa que sí se duda ahora respecto al favoritismo de su compatriota Antonio Conte, después de que el luso José Mourinho le diera todo un repaso táctico en el United-Chelsea que terminó 2-0, con un inmenso Ander Herrera que dio una asistencia, marcó el segundo y anuló por completo al ‘diablo’ blue Eden Hazard. Una derrota que recorta a solo cuatro puntos la diferencia del Chelsea respecto a su perseguidor el Tottenham. Los Spurs, el equipo menos goleado de la Premier, hicieron los deberes, 4-0, y solo en el mes de abril han limado seis unidades al líder.

El Everton veta a «The Sun»

Terceros siguen aferrados al puesto los Reds de Jurgen Klopp, seguidos muy de cerca por un City en el que Pep Guardiola ha vuelto a colocar bajo palos a Claudio Bravo y ha reconvertido al sevillano Jesús Navas a lateral derecho. Con el United quinto, pugan por la sexta plaza Arsenal y Everton. Los Gunners ganaron y apuran todas las opciones para no quedarse fuera de la Champions, cosa que no sucede desde 1999. Mientras, los Toffees hicieron lo propio, con otro gol de Romelu Lukaku, pero ensombrecido su partido por la polémica previa desatada sobre Goodinson Park.

El día antes de que se cumplieran 28 años de la tragedia de Hillsborough, el editor de ‘‘The Sun’’ cuando sucedieron aquellos hechos, Kelvin MacKenzie, publicó en dicho periódico un artículo ofensivo sobre el jugador Ross Barkley a propósito de la agresión que sufrió el capitán del Everton en un bar la semana anterior. MacKenzie, como recuerda Illie Oliart, responsable de la web La media inglesa, «era el editor del tabloide cuando publicó la infausta portada titulada “The truth”, en la que acusaba a aficionados del Liverpool de haber provocado la tragedia al estar borrachos y de otras lindezas como robar las carteras de las víctimas».

En el polémico artículo de esta semana, MacKenzie aseguraba que futbolistas y traficantes son los que más ganan en Liverpool, y lo redondeaba tratando a Barkley poco menos que de retrasado y «un buen partido» para las chicas porque tiene dinero. El alcalde de Liverpool pidió al Everton que prohibiera entrar a ‘‘The Sun’’ en su estadio a raíz de este escrito y el club aceptó, a pesar de que la empresa News Corp, dueña del diario, anunciara la suspensión de MacKenzie. Al final, marcador de 3-1 para el Everton y partidazo de Barkley.

Aunque más bochornoso fue lo sucedido en el Bastia-Lyon, donde ultras corsos irrumpieron en el terreno de juego para intentar agredir por dos veces a jugadores rivales, en el calentamiento y en el descanso. Al final, el duelo se suspendió. En el transfondo, más allá del coeficiente intelectual de los ‘reventadores’, se apunta a lo sucedido el pasado 5 de noviembre, tras un tenso partido de la primera vuelta que venció el Lyon por 2-1, cuando el entonces entrenador del Bastia, François Ciccolini, avisó que el duelo de vuelta podría ser explosivo. «Ahora tienen que venir a nuestro estadio. No sirve tener gripe o gastroenteritis porque esto se va a arreglar como de costumbre, como los hombres. Como la gente de Córcega», amenazó. Y de aquellos polvos, estos lodos.

Ratas muertas en el derbi danés

Hinchas al césped no, pero ratas muertas es lo que lanzaron aficionados del Brondby en el derbi danés contra el Copenhague, cuando un jugador rival se disponía a sacar un córner. Una distracción que no impidió a los de la capital ganar 0-1. No han dado explicaciones de ese gesto, sí lo ha hecho el grupo Bastia 1905, que acusa a determinados jugadores del Lyon de actitudes provocativas hacia su graderío. El club corso ha anunciado la clausura de la grada implicada, mientras la Ligue 1 sigue con el mano a mano entre Mónaco y PSG. Los pupilos de Unai Emery jugaban este martes en casa del Metz y ganaban 0-2 al descanso, con el debut en los locales de Eiji Kawhasima, el único portero japonés que juega en Europa. La salida del joven mediocampista de 18 años Ismaila Sarr, seguido muy, muy de cerca por el Barcelona, puso a los parisinos contras las cuerdas: 2-2 en el minuto 87; en el 90, remate al palo del Metz y en el 92 gol del PSG. 2-3 y la flor de Emery que le salva de decir adiós al título.

Un entorchado que se le complica al histórico Estrella Roja, el cual tras 8 meses sin perder, cayó 1-3 en el Večiti Derbi, el ‘derbi eterno’ de Belgrado entre ‘héroes’ y ‘sepultureros’ ante el Partizán, y ambos empatan en lo alto de la tabla a falta de seis jornadas. Mejor le fue en su partido clave al ‘equipo del pueblo’, el Spartak de Moscú, 2-1 al Zenit, quedan 21 puntos por jugar, saca una renta de 10 al CSKA, y está a un solo paso de proclamarse campeón 16 años después.

El doble de tiempo es lo que llevaba Silvio Berlusconi a los mandos del Milan, 715 millones de inversión y 30 títulos mediante, hasta que la semana pasada vendió el 99,93% de las acciones del club a un holding chino que paga 740 millones de euros, se compromete a asumir la amortización de la deuda total del club de 220 millones, e inyectar 350 más en 3 años para un ambicioso plan de fichajes con al menos un par de cracks por campaña –se habla ya de Fábregas–. Y eso que en 2016 ‘don Silvio’ soltó aquello de que «los chinos comunistas dejaban morir a sus hijos y se los comían. ¿Y tengo que vender el Milan a estos chinos?». Venderlo y jugar a la hora que ellos digan. A mediodía del sábado –el domingo no hubo fútbol en Italia por aquello de la Resurreción de Cristo–, el Derby della Madonnina Inter-Milan, en abierto para el mercado asiático, porque también al club nerazzurri lo compraron los chinos en 2016. En el minuto 97 empataron los rossoneri. Li Yonghong, nuevo presidente del Milan e involucrado en un caso de estafa en los inicios del boom del ladrillo en su país, sonrió. Ha venido para quedarse, como el refugiado gambiano Bakery Jatta. La democracia del fútbol, aunque no sea la Corinthiana de Sócrates.