Idénticos

Los sistemas democráticos se han vuelto tan dependientes del poder económico multinacional, que la libertad se ha visto transformada en un producto de ficción más.

23/10/2017

La inteligencia artificial (IA), junto a la robotización, está condicionando el acceso al mercado de trabajo excluyendo a personas sin formación técnica, que se ven forzadas a aceptar empleos precarios. También viene cambiando la IA, un mundo cada día más dependiente de unas redes digitales controladas por empresas que venden nuestros datos al mejor postor. En ellas vertemos sin pudor nuestros sentimientos, ideas e intimidad. Ya se han producido cambios de poder donde la interpretación de datos masivos (Big data) ha condicionado los discursos de los candidatos vencedores que, más allá de los clásicos think tanks, conocen las últimas tendencias ideológicas y sentimentales de la población votante. Los medios de comunicación dependientes del poder, amasan, con la levadura del miedo, este pan para abotargar y aislar en un egoísmo creciente a los miembros de las sociedades actuales.

Los sistemas democráticos se han vuelto tan dependientes del poder económico multinacional, que la libertad se ha visto transformada en un producto de ficción más, como una teleserie de la que todo el mundo habla en la cuadrilla o el trabajo pero sobre la que nadie tiene control, más allá de verla pirateada o en casa de alguna amistad que pueda permitirse la cuota de acceso al estreno. Quienes renuncian a votar cada cuatro años, lo hacen para no tomar parte de un juego político desacreditado por interés propio. Pues es deseable para el poder establecido una desmovilización y un desencanto de la democracia que la haga más manejable y sin sorpresas. Como en un continuo e inevitable spoiler que convenza de que no hay alternativas posibles.

Las identidades nacionales se presentan como la última trinchera ante un mundo homogeneizado donde las decisiones de las grandes corporaciones transnacionales marcan el paso a los gobiernos que esperan jubilarse en sus consejos de administración. La última tendencia en Europa son jóvenes brokers de la política que, sobre los escombros de las ideologías, hacen un megamix de ingeniería social que contenta igualmente a las elites que permiten el acceso al poder y a los descontentos de un juego con las caras marcadas. Acude al rescate, el espectáculo del deporte de elite que presenta una serie de ídolos que venden más periódicos que los que presentan los problemas acuciantes de los que toda la población acaba saturada, harta y aceptando, fatalmente, que no tenemos arreglo ni esperanza más allá de evadirnos en el último hit musical o el último gol magistral.

Todo esto, nos habla de una sociedad idéntica en sus conductas de consumo, pero que se rebela dando más protagonismo al instinto de la mujer; resignada a un sistema imperante que, sin embargo, muestra síntomas de agotamiento; narcotizada y amedrentada por un aluvión de noticias desastrosas que, yendo a la raíz, revela una crisis sistémica más profunda que las crisis financieras donde la plutocracia privatiza las ganancias; espiada en su ser más íntimo para ser procesada en operaciones de neuromarketing a cráneo abierto.

Serán las personas conscientes, que no aceptan la situación actual, las que propongan los cambios para adaptarnos a una noosfera gaseosa e inflamable. A un nivel más matérico, la carestía del agua es el siguiente escenario, agudizado por el agotamiento del petróleo, del que las potencias belicistas que se lucran de los conflictos esperan sacar provecho. Ante esto, no podemos fiarnos de las mismas soluciones, aplicadas con inercia suicida. Son problemas nuevos que necesitan propuestas nuevas más allá de la política-entretenimiento que desacredita el pensamiento divergente. Este pensar alternativo y rebelde es el principal obstáculo para que la IA iguale a la creatividad humana.