Inteligencia con equilibrio, menos solemnidad y potencial eficacia
11/10/2017

El movimiento de Carles Puigdemont ayer en el Parlament es inteligente y, sin duda, difícil de gestionar. Como todo hasta ahora. En su declaración se dirigió al pueblo catalán, a sus mayorías y a sus minorías, también al pueblo español y, como agente crucial en toda declaración de independencia, a la comunidad internacional. No quiso invertir todo el capital político acumulado durante las últimas semanas en un movimiento que tranquilizase conciencias pero limitase la eficacia del mandato que tiene. Y a estas alturas nadie puede dudar ni de su voluntad ni de su determinación. Se puede estar de acuerdo con lo que hizo ayer o no, pero no hay duda de que lo que le guía es ese mandato de llevar a Catalunya a la independencia, porque así lo ha decidido la ciudadanía.

Todas las personas que votaron a favor de la independencia el 1 de octubre en Catalunya, y todos los demócratas que en el mundo asumen el derecho a decidir su futuro del pueblo catalán, deseaban escuchar ayer esa solemne declaración de independencia. Porque, tal y como han defendido desde el Govern y todas las fuerzas independentistas, el resultado del referéndum es inequívoco y Catalunya se ha ganado, en las urnas con ese resultado y en las calles con su magnífica demostración cívica, el derecho a tener su propio Estado. En ese sentido humano, totalmente humano, es comprensible la frustración de una parte de ese movimiento. Pero hubo declaración de independencia y su suspensión se inscribe en una hoja de ruta para hacerla efectiva.

A la espera de la reacción del Estado español, el independentismo ha ganado razones y tiempo, pero quizás haya perdido algo de cohesión e ilusión. Lo dijo ayer Anna Gabriel, quizás. Pero la carga de la prueba democrática sigue en el campo del Estado. Un Estado que no hay político español que lo democratice ni dirigente europeo que lo racionalice. Ayer Catalunya dio otro pequeño paso hacia la independencia. Desde Euskal Herria hay que apoyarlo, por democrático y emancipador.