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3º aniversario del Maidán

El conflicto político del Donbass está cada vez más congelado, mientras los enfrentamientos militares persisten. Paradójicamente, los intercambios económicos entre las repúblicas rebeldes y Kiev se mantienen. Es el caso del flujo del carbón, de este a oeste.

Pablo GONZÁLEZ|GARA
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1.000 días

> El deseo de que volver a una vida normal en el Donbass tras más de 1.000 días de guerra se ve sacudido por repuntes periódicos de los enfrentamientos.

El día a día en la región del Donbass, al este de Ucrania, refleja perfectamente en que punto se encuentra el conflicto que enfrenta al Gobierno de Kiev con las repúblicas autoproclamadas de Donetsk y Lugansk. Los políticos no consiguen avanzar hacia una solución dialogada que pueda evitar que el que afecta a la región se haya convertido en un conflicto congelado más de los muchos que pueblan Europa. Mientras, los combates siguen en el frente. En medio de todo ello una población cada vez más distante de las grandes ideas por las que empezó todo intenta sobrevivir

La línea del frente no ha cambiado prácticamente desde hace casi dos años, cuando en febrero de 2015 se firmaron los acuerdos de Minsk II. Desde entonces, la región del Donbass sigue dividida en dos, con las ciudades más importantes en el lado rebelde, y la importante red industrial a ambos lados del frente. También, en su mayoría, en el lado rebelde se encuentran las minas de carbón, esenciales para la economía ucraniana, sobre todo ahora en la época invernal, ya que buena parte de las centrales que producen electricidad y calor funcionan precisamente con ese carbón.

Un abismo que sigue creciendo

A pesar de esa necesidad mutua, las distancias entre las dos partes no paran de crecer. Algo que se puede ver al visitar el territorio. En el lado ucraniano, la región está en clara depresión. Las autoridades ucranianas siguen siendo consideradas agresoras por una mayoría de la población de la región.

El alto desempleo provocado por la ruptura económica con Rusia, mercado tradicional de la producción de la región, obliga a la población a buscar oportunidades en otras partes. Rusia es el destino principal, tanto por cercanía, como por oportunidades laborales. En el resto de Ucrania la situación económica y laboral no es mucho mejor, a lo que se une el mal recibimiento que suelen tener los autóctonos del Donbass en las regiones más al oeste de Ucrania. Esos factores no ayudan a reconciliar a la región con Kiev.

Las repúblicas de Donetsk y Lugansk no han sido reconocidas ni siquiera por Rusia, y se encuentran en el limbo de los estados no reconocidos. Aun así, la vida social y económica discurre mejor que en el lado ucraniano de la línea del frente. Por un lado, la región no ha perdido su mercado, ni en el lado ruso, ni en el lado ucraniano. Las empresas no destruidas directamente por los combates vuelven a operar, exportan su producción a Rusia, y desde allí a otros países, incluso a Ucrania, saltándose para ello cualquier embargo o limitación.

No hay guerra para el carbón

El producto número uno sigue siendo el carbón, que se exporta en grandes cantidades al lado ucraniano del frente. Ello es posible gracias a la compañía DTEK, propiedad del oligarca Rinat Ajmétov. La empresa es prácticamente monopolista en el mercado ucraniano de la energía eléctrica y opera sin problemas también en Lugansk y Donetsk. Todo esto ocurre mientras cargos oficiales de Kiev denuncian que Donetsk y Lugansk practican un bloqueo económico, con lo que justifican la decisión de haber dejado de pagar las pensiones a los que consideran sus ciudadanos, pero que se encuentran al otro lado de la línea del frente. El carbón sí, las pensiones no.

Por esta situación económica, y por la frontera conjunta con Rusia que ayuda con todo tipo de suministros, las repúblicas como mínimo no están peor que Ucrania. Esto, unido al estado de guerra y a los medios de comunicación rusos, ha provocado que la opinión pública de Lugansk y Donetsk prácticamente haya desconectado del Estado ucraniano. Para la mayoría, es ya una cosa del pasado que no quieren que vuelva nunca, pero admiten que es una complicada situación que no tiene solución sencilla.

Ante esta complejidad, la situación política está estancada. Las autoridades de las repúblicas viajan asiduamente a Moscú, donde reciben instrucciones de cómo gestionar sus territorios. Prácticamente nulas son sus esperanzas de integrarse en Rusia, como quería la mayoría de la población cuando se alzó en abril de 2014. Tampoco parece probable que el Parlamento ucraniano vaya a aprobar los cambios constitucionales que permitirían a estos territorios reintegrarse en Ucrania, pero con una autonomía total. Mantener el estatu quo de manera indefinida parece ser la solución que de temporal va derivando poco a poco a permanente.

En el frente, los intercambios de fuego son diarios, pero ya rara vez caen proyectiles en núcleos urbanos importantes. El fuego de artillería se puede oír a diario en el centro de Donetsk y Lugansk. Pocos habitantes le hacen caso, el deseo de una vida normalizada después de ya más de 1.000 días de guerra les ayuda a ignorarlo. Poco a poco el conflicto se va congelando. Rusia tiene un enclave dentro de Ucrania que hipoteca su ya de por si complicado futuro. Ucrania tiene un problema imposible de resolver por las armas, como lo intentó al principio, y que ahora paulatinamente va dejando de interesar incluso a su propia opinión pública.

La guerra es a día de hoy la tercera preocupación en Ucrania, por detrás de la corrupción y la economía. Si el conflicto sale de los cinco temas que más preocupan a la población, prácticamente desaparecerá de la agenda de los políticos. En Rusia, ya no está en ese top-5 desde hace tiempo. Un conflicto congelado que renace periódicamente con estallidos de violencia. Siempre en función de las necesidades del momento.

 

Matan a un jefe militar rebelde en su despacho en donetsk

Mijail Tolstyj, comandante del batallón «Somalia» de la República Popular de Donetsk, conocido como «Guivi», murió ayer a los 36 años en un atentado cometido con un lanzacohetes Chmel, según un portavoz rebelde, cuando estaba en su despacho, en el bastión rebelde de Donetsk. El muy mediático Tolstyj es la última víctima de una serie de muertes en extrañas circunstancias de jefes militares separatistas. Ganó notoriedad en la batalla por el aeropuerto de Donetsk, tomado por los rebeldes en enero de 2015 tras meses de duros combates. El presidente de la República de Donetsk, Alexander Zajachenko, sostuvo que Kiev «no puede derrotarnos en el campo de batalla y nos mata cobardemente». Los servicios de Inteligencia de Ucrania se desmarcaron y dijeron que es una «operación interna» de limpieza en las filas rebeldes. GARA

ERLAZIONATUTAKO ALBISTEAK