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El asalto al tren

Las carteleras de cine están llenas de títulos referidos al ferrocarril. Desde los míticos western en los que bandidos embozados obligaban al maquinista a apagar los fogones para saquear a los viajeros y despojarles de billetes y alhajas, hasta la histórica cinta sobre el asalto al tren correo de Glasgow o los sabotajes de la Resistencia francesa contra los convoyes nazis. En todas ellas los malhechores se salían con la suya y desaparecían con el botín. Recuerden a Ronald Biggs, que disfrutó de lo lindo durante décadas en las playas de Brasil, país que no tenía tratado de extradición con Gran Bretaña.

En Donostia, ciudad de larga trayectoria cinematográfica, hemos asistido ahora al estreno de una parodia chusca.

Resulta que un grupo de jóvenes detuvieron el tren chu-chú para endosarle unos carteles contra la turistificación masiva y desordenada y al alcalde Goia se le pusieron los pelos como escarpias mientras corría a los medios a denunciar a Otegi por "el ataqué al tren chu-chú".

La verdad, no se puede ser más hortera.