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Los aficionados desaparecen de los estadios por la televisión, los precios y los horarios

Las televisiones que han comprado los derechos de la Liga han lanzado una campaña en la que, entre los lemas que trasmiten, tienen la desfachatez de decir que «los aficionados en los estadios desaparecen», para concluir que «cuando aparece la piratería el fútbol desaparece».

Me decía un compañero que trabaja en una televisión que los ingresos de los que han comprado los derechos están muy por debajo de lo que esperaban y que en el futuro se avecinan recortes importantes en los contratos. Esa campaña no hace más que confirmarlo.

La piratería influirá en posibles ingresos de esas televisiones, pero desde luego no está en el origen del descenso de la asistencia a los campos y el ejemplo más claro lo tenemos en los seis días que separan los derbis de la Real contra Athletic y Alavés.

Cuando hace pocos años el Athletic tenía que hacer un sorteo entre sus socios para repartir las 500 entradas que enviaba la Real para los derbis, ahora devuelve bastantes porque son pocos los que están dispuestos a madrugar y pagar 40 euros por unas localidades infames y todos los gastos que un desplazamiento conlleva para un partido que se juega a las 12:00.

No solo faltaron aficionados del Athletic, bastantes abonados de la Real devolvieron el cargo en taquilla y solo acudieron 25.652 espectadores y el ambiente en la ciudad no tuvo nada que ver con lo que antes se vivía en un derbi. No hubo gente ni en los bares.

Por contra, el Alavés ha enviado a la Real 801 entradas a un precio de 25 euros para un partido que se juega un sábado a las 18:30 y ha habido pelea para conseguirlas. Las 216 destinadas a Halcón Viajes ya se agotaron la semana pasada, con el sobrecoste que supone viajar con una agencia, y desde horas antes de que se abrieran las taquillas en Anoeta había colas para agotar enseguida las únicas 200 entradas que se ponían a la venta para los abonados.

La gente tiene ganas de ver fútbol en el campo, lo que no tiene es dinero para pagar determinados precios. Me quedé sorprendido al ir a Zarautz de pintxopote, que es un pueblo con un nivel alto de vida y, a pesar de que cobran 1.60 por los dos euros de otros lugares, me decía un tabernero que ha bajado hasta el pintxopote una barbaridad: «Que la gente no tiene dinero», argumentaba.

Y eso en Zarautz. Uno se escapa cuando puede a una localidad del Mediterráneo de un cierto nivel y los bares no tiene ni wifi para sus clientes y es muy difícil encontrar uno que dé todos los partidos de fútbol. El que los ofrece lo hace gracias a una oferta especial y los demás tiran de parabólica y ponen los partidos que se ven en otros países y te dicen que no pueden pagar lo que piden las televisiones a los bares, que no les compensa.

Los clubes de fútbol son los únicos que tienen dinero ahora de sobra gracias a los contratos televisivos y no los aprovechan para abaratar las entradas y los abonos para compensar la pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos con la crisis. En el mejor de los casos los mantienen y encima cobran medios días de ayuda al club, con la consiguiente oposición que se ha registrado entre los abonados de la fidelidad de Athletic y Real, con protestas generalizadas.

Se puede entender que no se bajen los precios de los abonos, aunque uno defiende que tienen que hacer eso los clubes, porque una medida puntual se convierte en estructural en un futuro cuando bajen los contratos televisivos. Pero no se pueden mantener los dos medios días de ayuda al club cuando ahora el que tiene que ayudar es el club a los aficionados y ese millón de más que aportan los abonados de la Real en esos dos días no es necesario para una entidad que ahora gasta el dinero con mucha alegría.

En este momento la Real va a empezar las obras que implican un aumento del aforo a las 40.000 localidades cuando a muchos partidos no van ni 20.000 y eso que es una maravilla ver al equipo jugar este año y que es difícil que los resultados puedan ser mejores.

El club trabaja en estudios de marketing y en políticas de acercamiento a los aficionados, pero lo que tiene que hacer es ser consciente de la realidad. Casi todos los aficionados han perdido poder adquisitivo con la crisis en el mejor de los casos y en muchas familias alguno de sus miembros o todos han perdido el trabajo y los jóvenes no lo encuentran o son explotados por poco dinero.

Y al fútbol van parejas, van padres con sus hijos, hermanos… Muchos no pagan solo un abono. Ir al fútbol es muy caro y cuando hay que recortar gastos lo primero que se recorta es aquello que es prescindible y es caro. Y más cuando pagas por partidos que no puedes ir a ver por los horarios.

No es normal que en Alemania, cuando el sueldo medio de la población es muy superior y la tasa de paro muy inferior, las entradas para los campos de fútbol sean mucho más baratas. Y no es normal que las medidas de la Real para que acuda más gente al campo no vayan dirigidas al abonado, con entradas a diez euros para estudiantes o regalo de miles de localidades a los clubes convenidos para llenar el campo contra el Barcelona en la Copa sin querer sacarlas a taquilla a un precio alto para hacer caja con los aficionados culés. Ese día no importaba no ingresar el dinero.

Para tener más abonados lo primero es cuidar a los actuales y premiarlos en lugar de enfadarlos con medios días del club. Deberían ofrecer mientras duren los ingresos televisivos actuales descuentos importantes a las unidades familiares que tengan más de un abono, abaratar al máximo los abonos a los que no tengan fuentes de ingresos, poner precios reducidos para los abonos infantiles y juveniles que representan el futuro del club…

Los clubes no hacen lo que deben para que al aficionado que está dispuesto a ir a ver fútbol le compense pagar un abono o una entrada en la situación económica actual. Porque los aficionados no desaparecen de los campos por la piratería, sino por los precios, porque los horarios les hacen perderse partidos que han pagado con su abono y porque pueden verlos en televisión en su casa por menos dinero y con más comodidad y con opción de ver otros partidos a todas horas o en un bar mientras toman una caña con sus amigos por un par de euros. Pocos aficionados de la Real dejarán de ir a Anoeta porque puedan verlo en el ordenador.

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