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Mikel González no tendrá la despedida que se merecía

La Real acaba de comunicar que Mikel González dejará en junio el que ha sido su club durante veinte años tras once temporadas y 300 partidos en el primer equipo. De una manera que parece fruto de la improvisación, dos días antes del último encuentro de la temporada en Anoeta, se anuncia que no se le renueva el contrato, que recibirá la insignia de oro y brillantes de la entidad y que en las próximas horas se comunicarán los detalles de su despedida.
Desde hace muchos años lo que menos me gusta de la Real es la despedida de jugadores que han desarrollado lo mejor de su carrera en el primer equipo blanquiazul y que dejan el club por la puerta de atrás, sin recibir el homenaje que merecen de su afición. Se han perdido las buenas costumbres.
Añoro los años en los que a un jugador como Mikel González, que empezó la temporada como titular y ha sido el elegido casi siempre cuando han faltado los dos centrales más utilizados, se le ofrecía un año de contrato más como reconocimiento a su trayectoria y porque, ademas de que todavía puede aportar en el campo, seguro que lo haría en el vestuario.
Salvo el caso de Dani Estrada, y en parte porque se había lesionado en su último año de contrato por forzar y jugar sin estar en plenas condiciones, no se ha ofrecido a ningún jugador ese año extra. Más bien a algunos se les abrió la puerta a marcharse con contrato en vigor.
También era una norma sagrada en el club que aquel jugador que se despedía de la Real tras diez temporadas con el primer equipo recibiera la insignia de oro y brillantes en el campo en un partido de Liga delante de su afición y, a poder ser, vestidos de futbolista.
Salvo Mikel Aranburu, que prefirió dejar el fútbol cuando tenía nivel para seguir tras ser titular su última temporada para tener una buena despedida de Anoeta, no ha habido ninguno de los grandes jugadores de la Real que se haya marchado así desde hace muchos años.
Mikel González tampoco podrá hacerlo porque, además de que está lesionado, no se tuvo el detalle de comunicar la decisión que se ha tomado con él hace dos semanas, cuando iba a jugar titular contra el Granada en Anoeta y él ya sabía que iba a ser su último partido, el 300, con el primer equipo realista.
Por eso quiso fotografiarse ese día con sus dos hijos de manera tan precipitada como va a ser su despedida porque nadie quiso que ese día fuera el que se merecía. Ese día debía haberse fotografiado con sus dos hijos, vestido de futbolista, como titular, y con la insignia de oro y brillantes de su club. Y con una victoria.
Ni se le ha ofrecido la renovación que se ha ganado con su trayectoria y el nivel que ha dado ni se le permitió tener la despedida que se merecía. Algún día la Real tendrá que corregir esto y volver a estar a la altura de los jugadores que han hecho grande este club.
Eskerrik asko Mikel!!!