Temati-ka
Egilea: Jule Goikoetxea
Jule
«Temati-ka de la transgresión, la cual contiene dentro de sí técnicas milenarias practicadas desde el origen con la mayor disciplina»
2013/02/20 21:02h.

No es que el contrato social se desmorone en España, sino que al igual que el contrato sexual, ése otro, tampoco existió jamás. Y ahora que han pasado casi 15 años desde el cierre de Egin, y 10 años desde el cierre de Egunkaria, ahora, parece que la Inquisición a la que se refiere Pello Zubiria quiere consolidar su estatus civilizatorio mediante la recentralización del sistema educativo, público y español, español, español. Liderada esta vez por la impúdica sonrisa y la jeta descarnada del señor Wert, un hibrido de sadismo, incompetencia y estulticia, o un mixmax entre Agamenón y Paris, que diría Homero. Hace diez años fueron Del Olmo y Aznar los que quisieron liderar esta re-re-conquista, a ritmo de Góngora, lamiéndolo apenas/ su dulce lengua de templado fuego/lento lo embiste, y con suave estilo/la menor onda chupa al menor hilo.

La diferencia entre la civilización micénica y el estado español es que Atenea no protege a éste último, que no tiene la potencia militar de los aqueos y que Aquiles…no aparece. Por no tener no tiene ni siquiera un contrato base entre los diversos pueblos que lo habitan, así que a diferencia de los aqueos, cuando ataca, ha de hacerlo, siempre, medio a escondidas, no sólo de su propio pueblo, sino de su propia ley y, de paso, de la legalidad internacional.

En cambio, no se puede en el siglo XXI civilizar solo mediante mazmorra y potro. La divina entente entre Constitución y armada española, erigida sobre una monarquía oligárquica bananera, no es suficiente, en los tiempos que corren, para españolizar con eficacia y sigilosamente. Y parece que se requieren otros métodos, además de ilegalizar partidos, asociaciones, ideas, organizaciones y un largo etcétera, sin pausa, pero con represión, opresión y humillación.

La existencia de este cruel y prolongado proceso de asimilación reflejado de nuevo con el cierre de Egunkaria mostró no solo que el Estado español no ha sido capaz de españolizar eficazmente tras 500 años de asedio castellanizante, y después madridizante, sino que en pleno siglo XXI sigue tratando de españolizar inútilmente mediante columnas civilizatorias de escudos grises, botas de cuero y fibra, cinturón eléctrico y túnicas verdes, o azules, rodeadas de chalecos antibalas, hueveras de acero y policarbonato de treinta centímetros de radio. Y así se nos presentan, año tras año, década tras década, cada vez que se pasean por los territorios vascongados del norte. Entran, prohíben, raptan y torturan. Como hicieron hace 10 años al pasar por Andoain, con sierras en la mano derecha y metralletas en la izquierda.

Parece que no han aprendido que incluso la dominación requiere de un determinado nivel de consentimiento. Cuando todo es violencia, no hay política, y si no hay política, no hay proceso civilizatorio. Por eso nunca llegan con éxito mucho más allá de la periferia de Madrid. Sólo un Estado que no entiende la democracia intenta sobrevivir torturando y violando constantemente.

Lo que ha quedado claro desde el mismo día que cerraron Egunkaria es que necesitarán más que cañones y tanques, lenguas y códigos morales, corresponsales e ideólogos mercenarios, justicia ad hoc, rapiña, muerte, presos, exilios e incomunicación para que algún día podamos susurrar al unísono, lamiéndolo apenas/ su dulce lengua de templado fuego/lento lo embiste, y con suave estilo/la menor onda chupa al menor hilo.

 

 

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