Temati-ka
Egilea: Jule Goikoetxea
Jule
«Temati-ka de la transgresión, la cual contiene dentro de sí técnicas milenarias practicadas desde el origen con la mayor disciplina»
2013/02/03 20:45h.

Se tiende a llamar imperialismo al tipo de dominación que una nación ejerce sobre otra, ya sea en su dimensión económica, social, cultural o política. En el mundo real, en cambio, estas dimensiones se encuentran entrelazadas, a pesar de la profunda y vieja sospecha de que  lo económico, o mejor dicho, la economía política, marca el camino. Así lo dejó escrito Lenin, allá por el año 1917, en su obraImperialismo: la fase superior del Capitalismo

Y aquí nos encontramos, un siglo después, con un apabullante parecido entre su imperialismo, aquel que se dio entre 1876 y 1918, y el nuestro. No fue Lenin el primero en nombrar a esa época Imperialismo económico. Entre los más conocidos tenemos a Hobson, teórico liberal que recopiló gran cantidad de datos sobre bancos y estados como los de Alemania, Francia, Reino Unido y EEUU para demostrar cómo su inversión extranjera de capital implicaba expansión territorial. Y tenemos también a Schumpeter, liberal como Hobson pero reacio a admitir que el mercado libre pudiera llevar al imperialismo ya que creía que “el capitalismo es por naturaleza anti-imperialista”.

Esta idea antropológica de que el mercado libre lleva al pacifismo y no a la guerra sigue resonando en la ameba neoliberal, por muy estrambótico que parezca, y eso se debe en parte a que las élites económicas no han necesitado, durante los dos últimos siglos, dar respuestas teóricamente consistentes para sobrevivir, mucho menos acerca de cómo podría el capitalismo funcionar sin trabajo productivo y reproductivo gratuito, es decir, sin explotación, y por tanto, sin violencia. O quizá es porque la paz neoliberal del libre mercado puede convivir estupendamente con la violencia y la dominación. Y si el imperialismo y la paz no son compatibles, hacemos desaparecer el imperialismo del marco discursivo popular… Pero el caso es que un siglo después de que Lenin escribiera Imperialismo lo que tenemos es exactamente lo mismo que tenía él: un mercado no libre sino regulado en beneficio de ciertas élites y una explotación no sólo económica, sino totalmente moderna y racional, de nuevo y muy a pesar de Schumpeter que enfatizaba en que el imperialismo se basa en una disposición primitiva e irracional, y por tanto, opuesta al espíritu liberal. Y tan ancho se quedaba, allá por el año 1951, y tras dos guerras mundiales. Así respondía al otro teórico del imperialismo, y predecesor de Lenin, al señor Hobson, el cual insistía ya por el año 1900 que el imperialismo era un fenómeno moderno y económico basado en la ingente inversión extranjera por parte de entidades financieras que usan el Estado para implementar políticas públicas en beneficio privado.

Y a eso se refería Lenin al afirmar que el imperialismo se da cuando los monopolios y el capital financiero dominan la economía (política) y se reparten el pastel-mundo entre ellos. Pero a diferencia de Hobson, Lenin recalcaba que el imperialismo es constitutivo del sistema capitalista, no consecuencia de individuos corruptos, y es estructural porque entre otros factores la centralización de los medios de producción es inevitable. Acumulación de la que ya habló Marx y que en términos actuales es eso del Somos el 99%  y la  riqueza se concentra en el 1%, como mucho, de la población mundial.

Schumpeter, en respuesta a Hobson y a Lenin, diferenciaba a los burgueses, racionales y pacifistas por naturaleza, de los aristócratas y/o banqueros, a los cuales consideraba insaciables y primitivos seres irracionales que habían corrompido el capitalismo burgués y el libre mercado al monopolizar las fuentes de riqueza, lo que había llevado a la fusión de bancos y cárteles, y a que los líderes financieros terminaran como líderes nacionales encargados de gestionar las economías domésticas. El núcleo del problema, le contradecía Hobson, es que hemos perdido el control público sobre el Estado y sus políticas públicas. La tragedia, repetía en 1901, es que el Estado y sus políticas públicas deberían beneficiar al público, no a los parásitos.

Ahora que ha pasado un siglo desde entonces, nos encontramos con tecnócratas, es decir, banqueros dirigiendo no sólo las instituciones europeas sino los Estados, con políticas públicas diseñadas por lobbies financieros y con la privatización de la sanidad, la educación, los servicios sociales, las calles, las plazas, el agua y la electricidad.

Y resulta, que Lenin ha pasado de moda, mientras el imperialismo se nos ha convertido en un clásico. Será que, a pesar de tener miseria proletaria, predomina entre la población la estética aristocrática y el espíritu burgués pacifista, como decía Schumpeter.

 

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