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La izquierda decide si Maroto sigue o no

En las municipales, normalmente el que gana es alcalde. Los sondeos y las últimas elecciones habidas muestran que PP y EH Bildu se pueden disputar el primer puesto. Javier Maroto pide agrupar el voto de la derecha. Solo la suma de la izquierda podrá echarle.

@GARA_iiriondo|GASTEIZ|2015/05/21 08:44
Maroto
Javier Maroto estrecha la mano de Mariano Rajoy el día de su nombramiento. (Raul BOGAJO/ARGAZKI PRESS)

Están los que dicen que la inercia y el voto oculto harán que Javier Maroto vuelva a ganar con facilidad la alcaldía de Gasteiz. Pero de momento solo la encuesta del CIS avala esa teoría. El resto muestran un triple empate en cabeza entre PP, EH Bildu y PNV. De todas esas encuestas, la que mayor muestra recogió en la capital habla de un pulso entre el actual alcalde y Miren Larrion, que pudiera serlo en el futuro. La última vez que los y las gasteiztarras pasaron por las urnas, EH Bildu se quedó a 72 votos del PP, con un 17,37% de las papeletas frente al 17,46%. Los comicios pueden ser poco representativos porque eran las elecciones europeas, en las que la abstención fue del 56,58%; pero tienen el valor de que ya había entrado en liza Podemos, que se llevó un 9,73% de las papeletas.

Todos los grupos de la actual oposición están destacando el daño que desde la alcaldía ha hecho Javier Maroto a la convivencia ciudadana, a las relaciones dentro del ayuntamiento y a las arcas públicas. Sin embargo, nadie, salvo Miren Larrion, se compromete a que su objetivo primordial será echarlo. Gorka Urtaran, del PNV, se presenta como el candidato con posibilidades de «pactar con todos» y ese «todos» incluye al PP. Peio López de Munain no quiere enseñar sus cartas sin saber los resultados, pero el PSOE ya ha puesto su veto a pactar con EH Bildu.

Con estas premisas, la fórmula más efectiva para decir adiós a Javier Maroto es que el PP no gane las elecciones en Gasteiz y para ello habría que concentrar el voto de oposición en la candidatura con más boletos para lograr esa primera plaza. ¿Imposible que EH Bildu sea la fuerza más votada en la capital alavesa? Le resultará difícil. Necesitará movilizar a los 22.263 votantes que eligieron su papeleta en las autonómicas de 2012 y sumar a buena parte de los sectores de izquierda que en las europeas apoyaron a Podemos e Izquierda Unida o se quedaron sin acudir a las urnas.

Javier Maroto está basando su campaña en agrupar el voto de la derecha (él le llama «moderado») para que Miren Larrion no sea la primera alcaldesa de Gasteiz. La fórmula para que EH Bildu pueda ganar es que convenza al posible votante de Podemos e Irabazi de que su papeleta es la única que garantiza el cambio, como demuestran las matemáticas. Después del 24 habrá poco campo para las coaliciones. En las elecciones municipales, normalmente, el que gana es alcalde o alcaldesa. Por eso el momento de la decisión es el domingo ante la urna y será el electorado de izquierda quien decidirá si Maroto se queda cuatro años más en la alcaldía o se da el cambio que la mayoría de los gasteiztarras dice desear.

La tortilla como ejemplo

Fuera de Gasteiz –y para muchos también dentro– la política de Javier Maroto está marcada por su posición en torno a los magrebíes que cobran la RGI. Probablemente Maroto no sea ni siquiera racista. Lo único que le interesa de esta controversia es que cree que le proporciona votos y le importa bien poco el daño que pueda causar. Si supiera que abriendo mezquitas iba a ganar las elecciones, correría a descalzarse y hacerlo. Eso lo hace objetivamente peor persona.

Resulta llamativo que Maroto haya cogido como bandera, sin ningún problema, la cruzada contra una norma que fue impulsada y aprobada por el PP junto con el PSE cuando él ya era alcalde de Gasteiz. Si, como decía ayer mismo, con esta ley «nos toman el pelo», debería pedir cuentas a su propio partido. Fue Laura Garrido quien la defendió con uñas y dientes en el Parlamento.

Pero en realidad a Maroto el posible fraude en las ayudas sociales solo le importa como objeto de propaganda. Lo demostró cuando se vio que no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo en los servicios sociales del Ayuntamiento. Gobierna con titulares.

Aunque anecdótico, el mejor ejemplo de la forma de actuar de Javier Maroto es lo ocurrido con el fallido récord Guinness de tortilla de patata: espectáculo, afán de protagonismo, falta de respeto por lo firmado y autoritarismo. Gasteiz ganó a golpe de talonario la capitalidad gastronómica, un laurel que Maroto deseaba porque su antecesor había conseguido la Green Capital y aquí parece que si no tienes algo de esto no eres nada (aunque en realidad luego nadie sabe cuál fue la anterior o será la posterior capital de lo que sea). El alcalde anunció, sin contar con la organización, que buscaría el récord de la tortilla. Se subió a conducir el carro mientras creyó que lo había conseguido y se bajó de él de un salto cuando supo –como se veía– que aquello era imposible. Y en un gesto habitual de autoritarismo, decidió incumplir el contrato y no pagar. De nuevo un titular populista: «Quien no hace bien su trabajo, no cobra».

Autoritarismo y chapuzas

Javier Maroto sabe que si la cuestión de la tortilla llega a los tribunales tendremos que acabar pagando, y suerte si no nos piden intereses. A fin de cuentas, los gobiernos del PP en Gasteiz arrastran ya varios litigios que tras el paso por los tribunales acaban costando caro a las arcas municipales.

Pero a Maroto lo que le gusta es ser un alcalde de los de antes, de los que hacen lo que se les antoja. El último enfrentamiento con los bomberos es muestra de ello. Sin contar con la ley –una vez más– intentó usar a los bomberos para labores contra el muro popular que no eran de su competencia. Al negarse, los identifica policialmente y anuncia posibles sanciones. Actúa como si creyera que la ciudad es suya, amenazando a todo aquel que no hace lo que le place, ya sea bajar una pancarta o firmar para la plataforma de «Ayudas más justas».

No es solo una cuestión de partidos. Peio López de Munain marcaba la diferencia de actitud entre Alfonso Alonso y Javier Maroto. Que el segundo siga ahora al primero camino de Madrid está el domingo en los sobres de los votantes de izquierda.

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