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«La herencia recibida» no es siempre un tópico de campaña

La irrupción de Bildu llevó aparejado el descubrimiento de una situación crítica en numerosos consistorios. Tanto es así que en esta legislatura varios alcaldes han completado un máster en paciencia, tenacidad e imaginación para poder salir de los números rojos.

@Iker Bizkarguenaga|GASTEIZ|2015/05/22 13:40
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La alcaldesa de Agurain, Maider García de Vicuña, comparece ante la sede de Vital Kutxa. (Juanan RUIZ/ARGAZKI PRESS)

Parece un tópico, una excusa, pero hay ocasiones en que apelar a la «herencia recibida» está justificado. Muchos ayuntamientos en los que Bildu resultó ganador en 2011 se hallaban en riesgo de quiebra, un peligro que los gobiernos municipales han tenido que afrontar y tratar de revertir. &hTab;GARA se ha fijado en cuatro casos especialmente graves, uno por cada herrialde: Agoitz, Agurain, Urduña y Zarautz.

Agoitz, con el agua al cuello y un spa

Unai Lako, alcalde de Agoitz, confiesa a GARA que antes de acceder al Consistorio «intuía» que la situación financiera sería complicada. Pero no imaginaba hasta qué punto.

Explica que en 2011 se encontraron con una deuda viva de 870.000 euros, una cantidad enorme para un municipio de 2.600 habitantes. «Pero casi tan grave como la cantidad son los conceptos de esa deuda», añade. Con razón, pues 726.000 de esos euros correspondían a un préstamo para la construcción de un spa. «En principio –detalla– lo iba a pagar al 100% la Confederación Hidrográfica del Ebro en compensación por el pantano (de Itoitz)». Pero allá por 2009 la Confederación dejó de pagar y el Ayuntamiento tuvo una brillante idea para afrontar el pago: pidió un préstamo con la idea de cancelarlo posteriormente con el dinero obtenido gracias a una promoción de viviendas que tenía previsto acometer. Ocurrió que esa promoción no se llevó a cabo, de modo que el Consistorio tuvo que lidiar con la deuda a pelo. Por si fuera poco, el préstamo no tenía que empezar a pagarse hasta 2011, de modo que el equipo de Bildu se encontró de golpe y porrazo con una deuda que hipotecaba al Ayuntamiento. «Tenemos colegios donde no caben los críos, pero pagamos 726.000 euros por un spa», indica Lako con una mezcla de sorna y cabreo.

No era, sin embargo, el único problema. Agoitz también tenía 800.000 euros en facturas sin pagar. Otro boquete vinculado en gran medida al impago por el Gobierno navarro del dinero correspondiente a las obras.

Con este panorama, han dedicado la legislatura a intentar dar la vuelta a la tortilla. «Hicimos una apuesta por desprivatizar los servicios que estaban en manos de empresas privadas, volver a hacerlos públicos» evoca, añadiendo que también hicieron una revisión de todos los contratos municipales (energía, proveedores, etc.), para optimizar el gasto. Asimismo, prescindieron de «lujos» como banquetes pagados por el erario públicos, presupuestos enormes en fiestas… Con ello Agoitz ha logrado gastar 500.000 euros menos al año, y lo ha conseguido sin quitar ningún servicio. «Ahora estamos cerrando las cuentas de 2014 y nos van a salir equilibradas», indica Lako, quien apostilla que «la situación aun es complicada, seguimos agobiados, pero el panorama es mucho mejor que hace cuatro años». Y mejor sería, añade, si el Ejecutivo navarro destinara más dinero a las entidades locales. «A ver si hay cambio de Gobierno, para que dejen de pagar millones en infraestructuras que nadie quiere y se dedican a ayudar a los ayuntamientos». Y es que, lamenta, «todos los recortes los acabamos pagando nosotros».

Agurain, el legado de Beraza

El teléfono del Ayuntamiento de Agurain acumulaba llamadas de proveedores que exigían el pago de sus facturas cuando EH Bildu tomó las riendas del municipio. Una auditoría mostró que las dimensiones del «agujero negro» resultaban aún mayores que las que reflejaban las cuentas. Por ejemplo, los casi 3,5 millones de euros eran en realidad 7,4 millones al acabar 2010. Y el déficit era 2,6 millones mayor de lo que aparecía en las cuentas municipales, según una auditoría que levantó las facturas sin pagar y apuntaba sobre todo a la deuda acumulada por el sistema de recogida neumática de basuras. El endeudamiento prácticamente suponía el 200% del presupuesto, según explica la alcaldesa, Maider García de Vicuña.

Esta situación ha condicionado la legislatura, que en su inicio se enfrentó a la búsqueda de un préstamo. La Diputación exigió un plan de viabilidad que, tras ser aceptado, no fue suficiente para encontrar el crédito en las entidades financieras. Finalmente, logró un préstamo menor con el que el principal objetivo ha sido sanear las cuentas.

La alcaldesa señala que el déficit ha bajado a 334.160 euros –una reducción del 90%– y el endeudamiento está en el 149%. La prioridad ha sido hacer frente a las facturas atrasadas y el compromiso de pagar al contado las nuevas compras. «Hemos conseguido gestionar y mejorar las cuentas del Ayuntamiento sin que ello suponga una merma en la calidad de los servicios públicos», indica.

Urduña, un pueblo que responde

Para Karlos Arranz, el principal problema en Urduña era estructural, es decir, que se gastaba más de lo que se generaba. Un descuadre superior a medio millón de euros anuales, según indica el primer edil, quien explica que la primera mitad de la legislatura –«muy intensa, con mucho aprendizaje»– estuvo totalmente condicionada por la deuda. ¿Y cómo lo han afrontado? «Pues en primer lugar –apunta– haciendo un análisis detallado de la situación, explicándoselo a la ciudadanía, con honestidad y planteando soluciones». Las buscaron reduciendo al gasto estructural, «muy alto para un ayuntamiento de nuestras características», y equiparando la presión fiscal, inusualmente baja, a la de otros municipios.

Con todo, el primer edil destaca que era la deuda la que «desequilibraba todo», una deuda que era conocida por la Diputación, cuya responsabilidad no deja pasar por alto. Precisamente, la institución foral no quiso implicarse en la solución hasta que no vio que todo Urduña se movilizaba con este tema. «El pueblo respondió como pueblo, se movilizó, creó una plataforma y obligó a la Diputación a moverse», evoca el primer edil, señalando que de esa forma lograron una subvención que les permitió poner «el contador a cero». Además, Arranz destaca otra decisión que fue «un punto de inflexión», como fue poner a las personas por encima de todo, pagando antes que nada los servicios y no a los bancos, como indica la ley.

Zarautz, una deuda mayúscula

Zarautz también aumulaba una deuda mayúscula en 2011; en torno a 23,5 millones para un presupuesto de 30 millones. «Un 10% del presupuesto anual se iba en amortización e intereses», recuerda Iñaki Eizagirre, titular de Hacienda. Operaciones heredadas como la del Policultural y los gastos apare- jados al mismo, entre otros, causaron una gran brecha en las arcas zarauztarras, que el gobierno de Bildu ha tenido que revertir.

La situación era cruda, y para hacerle frente tomaron medidas, como el incremento del recargo a las viviendas vacías y segundas viviendas de veraneantes, que causaron cierto revuelo, sobre todo en los medios. Esa decisión, «adoptada sobre un artículo de lujo», aportó más de millón y medio al erario. También se redujeron los sueldos en un 40%, se han ahorrado cientos de miles de euros en energía, solo con revisar los contratos... «Los primeros dos o tres años fueron complicados», admite el edil, quien apostilla que hay algunos ámbitos en los que ni siquiera se han planteado hacer recortes, como los servicios sociales o la cultura.

Añade que está última parte de la legislatura ha sido más llevadera. Porque han logrado aumentar la entrada de fondos, porque han reducido gastos y porque se ha incrementado el fondo foral, que aporta la Diputación y supone un 40% del presupuesto. «En cuatro años se ha dado un cambio de 180º; hay equilibrio en los presupuestos y tenemos buenas perspectivas de cara al futuro», señala Eizagirre, que cita planes de inversión de tres millones de euros. «Hemos cogido aire y le hemos dado la vuelta».

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