Nuevo tiempo en Euskal Herria
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Albisteak
Un nuevo tiempo que deja abierto un proceso político con grandes retos

No hubo duda, uno de los dosieres temáticos con los que debía arrancar NAIZ tenía que recoger las noticias, análisis y opiniones del nuevo tiempo político iniciado en Euskal Herria, y cuyo máximo exponente se produjo en octubre de 2011, con la Conferencia de Aiete en primer término y la declaración de final de la lucha armada de ETA en segundo.

@GARA_ialtuna|2015/05/13 11:35
Gizakatea
Cadena humana entre Durango e Iruñea, organizada por Gure Esku Dago, el 8 de junio de 2014. (Andoni CANELLADA/ARGAZKI PRESS)

Durante estos años, en este dosier hemos ido recogiendo puntualmente los aspecto más destacados del nuevo escenario, con sus avances, sus crisis, sus oportunidades y sus dificultades. De todo ello ya se han podido sacar algunas conclusiones para el proceso político vasco.

Un proceso que seguirá marcado por lo acontecido durante estos últimos años. Sin embargo, en GARA y NAIZ hemos considerado que no se puede equiparar ambos conceptos: el nuevo tiempo y el proceso político. O dicho de otra forma: no podemos seguir hablando indefinidamente de nuevo tiempo. Por ello, concluimos aquí este dosier, aunque queda por definir en qué se irá concretando el camino iniciado, lleno de retos y oportunidades, y también con muchos obstáculos.

Este nuevo tiempo tuvo como detonante el cambio de estrategia llevado a cabo por la izquierda abertzale, un cambio de estrategia que, según su definición, no se circunscribía solo al abandono de la lucha armada y cuya una se sus claves principales se encontraba, y se encuentra, en la unilateralidad.

La negativa de los estados a cualquier entendimiento parece conceder aún más valor a la necesidad de un camino propio. Dicha negativa no se sustenta en fortalezas políticas, pues cada vez resulta más evidente que el vigente marco jurídico-político no satisface a la ciudadanía vasca y que los estados no tienen una oferta democráticas mínima, mientras las potencialidad del derecho a decidir se muestra como un valor creciente.

Esa debilidad política la quieren compensar bloqueando la agenda de soluciones de las consecuencias del conflicto, en especial en el caso de los represaliados políticos.

Los estados no quieren procesos de soluciones ni en el ámbito de las causas del conflicto ni en el de las consecuencias, al entender que el mínimo avance en cualquiera de los dos favorecería las posiciones independentistas. Ello da aún más argumentos a quienes entienden que solo existe una vía, la de avanzar en Euskal Herria en un proceso emancipador.