2016/06/25

CARLES VIÑAS
EXPERTO EN EL FENÓMENO RADICAL EN EL FÚTBOL

Doctor en Historia Contemporánea por la Universitat de Barcelona y miembro del Grup de Recerca en Estats, Nacions i Sobiranismes de la Universitat Pompeu Fabra (GRENS- UPF), es experto en el estudio de los seguidores radicales en el fútbol, y autor, entre otros, de «El mundo ultra. Los radicales del futbol español» (2005) y «Tolerància zero. La violència en el futbol» (2006).

«Nos guste o no, la violencia está asociada al fútbol»
Joseba VIVANCO
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La UEFA multó a Rusia por la conducta violenta de parte de su seguid ores en Francia con la misma sanción económica que al Barcelona por las esteladas. Una incongruencia más dentro de la irracionalidad de ciertas aficiones y la falta de rigor con la que los organizadores de la Eurocopa han actuado para atajar un problema que se veía venir.

«Esto es fútbol y no una competición de patriotismo», ha proclamado Gerard Piqué. ¿Una frase matizable?

Sinceramente creo que es imposible disociar el fútbol de su trasfondo político. Es evidente que a lo largo de la historia clubes y selecciones, sean oficiales o no, se han gestado en un contexto determinado, un hecho que ha ayudado a conformar su identidad. En el fondo, los equipos y también las selecciones no dejan de ser un reflejo de sus sociedades, sean estas locales o nacionales. Por tanto, dado que el fútbol como acto social es política, es absurdo tratar de rehuir algo que es una obviedad. Si esto lo trasladamos a una competición entre estados, cuyos éxitos son explotados a menudo a consciencia por gobierno s e incluso partidos políticos para lograr una mayor cohesión de su ciudadanía al rededor de la idea de patria-nación, no veo disparatado afirma r que este tipo de competiciones no son meros actos deportivos.

¿Qué es lo que se ha mezclado en la Eurocopa, rencillas geopolíticas, vandalismo puro y duro...?

Un cúmulo de factores, desde el contexto sociopolítico actual, como la Guerra del Donbass, las tensiones diplomáticas entre la UE y Rusia, el desmoronamiento de una idea de Europa, tanto a nivel político supranacional como de sus supuestos valores tradicionales, hasta la competición paralela que disputan los hooligans por la hegemonía del fútbol continental. Más allá de los terrenos de juego en las gradas y los alrededores de los estadios se juega otra Eurocopa, con otras reglas y con la policía superada tratando de ejercer las funciones de trío arbitral. Más que rencillas o venganzas, que también existen, creo que dirimen qué país va a suceder a los ingleses, en clara decadencia desde hace años, como máximos representantes del ‘hooliganismo’ a nivel europeo.

Escribía estos días un artículo titulado «La violencia como un síntoma», ¿un síntoma de qué?

Como manifestación de la deriva que vive el fútbol y la so ciedad en la actualidad. Los aficionados radicales exponen mediante su agresividad diversos problemas, sean estos sociales o bien se refieran a la transformación que sufre el fútbol, que tras superar una etapa embrionaria sucinta a una élite burguesa y convertirse en el deporte por excelencia de la clase trabajadora británica a inicios del siglo XX, ha derivado en un proceso en el que prima el lucro y cuya principal consecuencia es la exclusión de las clases populares. En este sentido, estos episodios de violencia también obedecen al rechazo hacia el fútbol negocio, como evidenciaron los hinchas croatas que lanzaron bengalas al terreno de juego como acto de protesta hacia los dirigentes de su propia federación. No podemos separar el fútbol del contexto social, si hay conflicto, sea laboral, nacional o geográfico, este siempre tendrá su reflejo en el fútbol.

Lo que ha sucedido en Francia, ¿era previsible que sucediera?

Ciertamente era previsible, sobre todo si se conocen las dinámicas de los grupos que participaron en los altercados. Si la violencia ha cogido por sorpresa a las autoridades hay una evidente ineptitud puesto que se menospreció el riesgo y no se implementaron las medidas de seguridad idóneas.&discReturn;

Está claro que no es un hecho aislado, sino quizá un punto de exaltación de un problema que existe en cada competición doméstica y cada vez más en la Champions, Europa League...

Es que no podemos marginar la violencia del fútbol, nos guste o no, ésta está vinculada al mismo y es el reflejo de ciudades, países o naciones sin estado. Da igual el tipo de competición, allí donde exista un conflicto, sea del tipo que sea, este se vehiculizará a través del fútbol dada la dimensión social del mismo. Contexto y escenario. Conflicto y acción&discReturn;.

¿Tiene algo que ver la violencia de hinchas ingleses con la de seguidores de selecciones del Este?

Hay que diferenciar los simples aficionados o supporters de los hooligans. Estos últimos, sean ingleses, húngaros, polacos, croatas o rusos comparten su voluntad por enfrentarse con sus rivales para erigirse en hegemónicos. Más allá de ello, obviamente, existen enormes diferencias entre ellos, las cuales pueden venir determinadas por su historia, tradición, rivalidades, organización, etc. En este sentido los ingleses y los hooligans de los países de la Europa del este son bastante distintos.

¿En qué ha fallado la UEFA, en qué ha fallado la seguridad francesa?

Para mí en dos aspectos cruciales. Por un lado menospreciar a los hinchas radicales, seguramente porque en el campeonato local las medidas draconianas impuestas por el gobierno y la federación, como la prohibición de realizar desplazamientos, han logrado el decrecimiento de la violencia en los estadios. Quizás eso ha mermado el entrenamiento y la capacidad logística y operativa de las fuerzas policiales por lo que se refiere a intervenir en conflictos vinculados al fútbol. Por otro lado, la alarma social generada por los últimos atentados yihadistas ha provocado que las fuerzas del orden hayan dado prioridad a tratar de evitar este tipo de actos obviando en parte otras tareas en el ámbito de la seguridad.

¿Realmente hay interés en aplicar mano dura contra clubes o selecciones o esto escapa a normativas UEFA o FIFA?

Atañe directamente a ambos organismos pero no son los únicos responsables que tendrían que involucrarse. En realidad no hay una voluntad real para acabar con la violencia en el fútbol, existen otras prioridades, como el negocio y que corra el dinero, que decenas o centenares de jóvenes se peleen da mala imagen pero no se percibe como un problema grave ni una prioridad. Solo cuando se produce algún episodio trágico se gesticula más de lo habitual y se crean comisiones para apaciguar la alarma social generada y hacer gestos de cara a la galería.

Y el Mundial de Rusia a la vuelta de la esquina... ¿quién le pone el cascabel al gato?

El negocio es el que se impone en el mercantilizado fútbol actual. Hay que abrir mercados, crear nuevas fuentes de ingresos, qué más da que sea Rusia o Catar, que se den casos de racismo, violencia, esclavismo laboral o que los jugadores puedan caer en redondo producto de la deshidratación. Los máximos dirigentes lo verán de sus palcos con aire acondicionado, alcohol y azafatas. ¿Algún iluso creía realmente que la UEFA iba a echar a Rusia de la Eurocopa?

Al final Paul Auster iba a tener razón con lo de las guerras y el fútbol...

Incluso va más allá de su afirmación, que él circunscribe únicamente a Europa. El fútbol desde el fin de la Segunda Guerra Mundial ha ejercido como sustitutivo de los conflictos bélicos. En este sentido ha sido uno de los mecanismos de distensión que ha permitido aliviar tensiones, sea de la índole que fueran, en contextos complejos. Quizás uno de los que mejor lo definió fue el técnico holandés Rinus Michels con su «fútbol es guerra». Sea ritual o simbólica, pero para muchos el fútbol es justamente eso.

Este tipo de competiciones, el fútbol mismo como acto social, es política. Los éxitos se explotan para una mayor cohesión alrededor de una idea de patria-nación.Si la violencia ha cogido por sorpresa a los organizadores hay una evidente ineptitud. En realidad no hay voluntad real de acabar con la violencia en el fútbol.