2017/02/07

Javier Cubero de Vicente
Polifonía del negacionismo francojuanista

Hay una derecha y una izquierda muy interesadas en ocultar la lucha antifranquista y la evolución ideológica del Partido Carlista.

Varios miembros de un ateneo liberal publicaron conjuntamente un artículo en Diario de Noticias el jueves 19 de Enero, con el título de Polifonía del negacionismo carlista, en el cual pretendían sentar cátedra en relación a una materia especialmente compleja como es la Historia del Carlismo. En relación a ese escrito, ya que no solamente no aporta ninguna luz sino que genera aún más confusión para el gran público, quisiera expresar las siguientes observaciones.

1- Por un mínimo de honestidad sus autores no deberían usar la expresión «negacionismo carlista», ya que el Partido Carlista en ningún momento ha negado la implicación de requetés en la actividad represiva del bando sublevado durante la Guerra Civil. El uso de esa expresión, por tanto, es cuando menos llamativo.

2- Sobre la pregunta (y posterior moción) en el Parlamento de Navarra de la coalición Izquierda-Ezkerra, es evidente que sus dirigentes no se han molestado en visitar siquiera el Museo del Carlismo, ya que su lamentable exposición permanente dista mucho de presentar al carlismo como una víctima del franquismo o como un movimiento popular, y requiere una revisión profunda no solamente en su parte final sino en su totalidad.

3- El Partido Carlista no tiene ningún problema en que se señale y se explique cual fue la realidad de la participación carlista en el conjunto global de aquella actividad represiva, sino además es el principal interesado. Pero no olvidemos nunca que la Historia se construye, o se debe construir, en base a una metodología científica y a datos concretos. No en función de alegres especulaciones.

4- Su crítica a las acertadas preguntas que en Junio de 2016 planteó el portavoz parlamentario de Bildu, Adolfo Araiz, sobre el Museo, así como muy especialmente el hecho de que se atrevan a calificar al mal llamado «carlismo» colaboracionista como «muy mayoritario» es la mejor expresión de una finalidad manipuladora que no debería asociarse a una causa tan digna y merecedora de todo respeto como es la de la Verdad, la Justicia y la Reparación para las víctimas del bando sublevado.

5- Esa finalidad no es otra que la reproducción mecánica del burdo esquema del francojuanismo, con el cual no solamente se sienten cómodos ciertos sectores de la derecha sino también algunos de la izquierda. Uno y otros, por motivaciones muy diferentes, convergen en una misma voluntad de enterrar el Carlismo en el Decreto de Unificación, y en «el noble final de la escisión dinástica» con Don Juan de Borbón en Estoril. La ¿casualidad? de que la presente polémica se haya iniciado tras la inauguración de la exposición temporal «Montejurra. La montaña sagrada», que suponía una primera gran excepción respecto al mencionado esquema, no hace más que reforzarme en el análisis de que hay tanto una derecha como una izquierda muy interesadas en ocultar la lucha antifranquista y evolución ideológica del Partido Carlista.

6- Los militantes del Partido Carlista, al igual que la Familia Borbón Parma, nunca han dejado de mostrarse disconformes con la actual realidad del Museo del Carlismo y de su exposición permanente, así como de la concepción que lo anima: la caricatura reaccionaria del Carlismo como supuesta variante hispánica de una «Contrarrevolución» atemporal e internacional. Lo hicieron incluso con anterioridad a su inauguración en 2010, como se puede leer en un interesante artículo disponible en Internet, que con el título de “La Historia al servicio de la clase política” fue publicado en la revista “El Federal” en 2007, con motivo de las impresentables I Jornadas de Estudio del Carlismo. En cambio a los señores firmantes del reciente artículo no se les ha conocido ninguna crítica al Museo hasta ahora.

7- La afirmación de que la tesis doctoral de Manuel Martorell sobre «La continuidad ideológica del Carlismo tras la Guerra Civil», de acceso público en Internet, tiene como «eje primordial» el «exonerar de cualquier responsabilidad criminal a los requetés y a sus dirigentes» solamente puede llevarnos a tres conclusiones sobre estos señores: que escriben sobre lo que no han leído, que priorizan sus pasiones ideológicas sobre la honestidad intelectual, o ambas cosas a la vez.

8- El cierre final del panfleto afirmando que el Carlismo «protagonizó al servicio de la reacción los ciclos de violencia política más crueles registrados en Navarra entre 1833 y 1950» es una muestra insuperable de la cosmovisión que anima a sus autores. Una cosmovisión igual de empobrecedora y deformante respecto a la Historia del Carlismo que la de la exposición permanente del Museo del Carlismo, por no decir que, salvo diferencias de matiz, en el fondo es la misma.


 

 

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