Baserritarra y miembro de EHNE
La calle es la llave para que se respeten los derechos de los y las presas vascas

La sociedad civil y sus movimientos debemos redoblar y multiplicar nuestros esfuerzos para terminar con estos mecanismos de exterminio hacia las personas presas y su entorno.

2017/06/14

Hace varios días que recibí la invitación del movimiento Sare para escribir unas líneas llamando a la movilización en defensa de los derechos de las personas presas. Hacía poca horas que había leído en GARA el reportaje del viaje de la madre de Ibon Iparragirre desde Ondarroa, alertando de su convencimiento de que sería trasladado nuevamente a prisión. En pocas horas esa preocupación se convirtió en realidad, con todo lo que ello conlleva. Las movilizaciones tampoco se han hecho esperar dada la urgencia del tema, y va a ser la única manera de poder incidir en la defensa de los derechos de los y las presas vascas.

Hace casi veinte años tuve la oportunidad de acompañar a Maite Aristegi a un ayuno de tres días en el campus de Ibaeta. Personas representativas del movimiento sindical y social de Euskal Herria compartimos agenda conociendo de primera mano las consecuencias de la política de dispersión aplicada a las personas presas y sus círculos más próximos; llegando a la conclusión de que terminar con esa política de venganza era una prioridad incuestionable.

Ni qué decir que si nos hubieran preguntado en aquella época y contexto, en clave de futurología, si podríamos imaginarnos la actual situación de las personas presas en el actual contexto político, quien hubiera quedado señalada hubiera sido aquella persona que formulara la pregunta. Pero, como dice la letra de Berri Txarrak, «poligrafo bakarra…»

También es cierto que las reflexiones compartidas aquellos días dejaron un poso muy profundo en las personas que participamos, y fruto de aquello, nuestras organizaciones adquirieron mayores cuotas de compromiso en favor de los derechos de las personas presas. La mirada hacia atrás nos marca que la línea que se ha trazado en la defensa de estos derechos dibuja dientes de sierra prolongados, en muchas fases ligadas al propio proceso del conflicto político.

Pero sobre todo desde el 2011, la política de dispersión se ha convertido en una herramienta de bloqueo para los estados para no avanzar en la resolución del conflicto político y sus consecuencias. La sociedad civil y sus movimientos debemos redoblar y multiplicar nuestros esfuerzos para terminar con estos mecanismos de exterminio hacia las personas presas y su entorno.

El pasado 8 de abril la sociedad civil demostró una gran capacidad de acción y activación, y es imprescindible ahondar en esa agitación y acumulación social fijando el objetivo en el respeto de los y las presas. Esa debe ser una de las épicas prioritarias de este país y en ese camino la multiplicación de las movilizaciones y agendas debe ser una constante. Desde las movilizaciones de cada pueblo y barrio hasta las de carácter más general, y ahí se sitúan los llamamientos para este 17 de junio en Gasteiz (Ireki) y Donostia (Sare). Aunando espacios hacia un mismo objetivo, compartiendo metodología en lo que se refiere a la articulación de nuevas redes.

En el caso de Sare, recordando el camino transitado durante estos tres años, y ahondando en iniciativas que posibiliten articular mayores niveles de adhesión. Así pues, el 17 de junio tenemos una nueva cita en la calle para decir con claridad: Euskal presoak kalera eta etxera!!

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