Daniel Montáñez Pico
Latinoamericanista

Make España humilde again

Hace ya casi un año debatía intensamente con Hugo Ábalos, historiador y arqueólogo, digno habitante del prepirineo aragonés, sobre el presente político en el Estado español. Me decía algo que me embriagaba: «es el momento de que pase algo radical, la gente no tiene ganas de medias tintas, hay que ir a por todas». Entusiasmado, pensé que todo ese largo tiempo que estuvimos sin gobierno se debía a que ningún contendiente proponía algo verdaderamente radical: salir de la Unión Europea y del euro, nacionalizar recursos y sectores productivos, convocar una constituyente, etc. Sabemos como terminó esa historia, pero ni eso hizo tambalearse el argumento. Pensamos que sería cuestión de meses que el Partido Popular, incapaz de gobernar en minoría en tiempos difíciles, tuviera que convocar de nuevo elecciones frente al clamor social. Visto desde lejos, estos augurios estaban lejos de convertirse en pronósticos.

¿Cómo es posible que en un ambiente turbulento se haya impuesto, aun en minoría, la mano de hierro de la derecha española frente a una sociedad que clamaba a gritos un cambio? Es demasiado fácil acudir a las tesis simplistas de que la izquierda nunca logra acuerdos y que la derecha lo tuvo entonces fácil para imponerse. Pero si sólo pensamos así dejamos de ver la astucia de quien tenemos enfrente. Quisiera aventurar una posible clave que está, quizás, en viejos valores desestimados en tiempos revueltos: paciencia, serenidad, tranquilidad, humildad. El Partido Popular consiguió mantenerse en calma en medio de una tormenta que atravesó crisis económicas, asentamientos de indignados, procesos de intensa corrupción política de su partido y el auge imparable de nuevas fuerzas políticas.

Uno de los grandes artífices de esta estrategia fue justamente el presidente, Mariano Rajoy. A diferencia de su antecesor, José María Aznar, es un hombre más tranquilo, que no gusta de grandes espectáculos. Es difícil imaginar a Rajoy enfrentándose a manifestaciones de más de un millón de personas por apoyar la invasión estadounidense de Iraq o reuniéndose en las islas Azores con Bush y Blair creyéndose un nuevo caballero del orden mundial. Prefiere correr en intimidad por los bosques cercanos a su casa antes que salir en televisión jugando a pádel o en las costosas regatas de yates de Ibiza con la familia real. Tampoco su familia está posicionada en la política ni son estrellas de la prensa. Rehúye constantemente ser el protagonista en los encuentros internacionales y mantiene de forma permanente eso que en política se conoce como «bajo perfil».

Esta actitud, frente a los augurios y ansias de cambio y manejo de los mass media del resto de fuerzas políticas, le ha posicionado como un político moderado e incansable que no se amedrenta ni aunque le citen en los tribunales a testificar por los continuos casos de corrupción de su partido en los que él mismo está involucrado. Tampoco parecen perturbarle las dignas luchas de autodeterminación de los pueblos de la península, ni las crisis económicas, ni el descenso de presupuesto en sanidad o educación, ni las huelgas de trabajadores y estudiantes. Ante cada tormenta: tranquilidad y firmeza, moderación y fuerza. Evade sus errores siempre con pasividad frente a cualquier ataque intenso y reafirma con humildad sus logros, siempre reconociendo que son pequeños. Es aquella persona que llego a ser grande por la constancia y no por la genialidad, mostrando que lo mismo puede pasarle al país, avanzar poquito a poquito, despacito y con buena letra, sin tomar en serio, usemos sus propias palabras, las «barbaridades» de quienes quieren cambiar todo con políticas «chapuzas». Es la voz del abuelito, que avisa desde la experiencia que es mejor quedarse como uno está antes que cambiar a peor.

Seguramente Rajoy no pase a la historia, probablemente el pueblo en general no lo quiera mucho o siquiera lo tome muy en cuenta, pero, quizás, conozca y maneje mejor los humores del pueblo que muchos otros a los que, justamente, los llaman «populistas». Quizás no estemos viendo a los auténticos populistas, quienes son capaces de mostrar y hacer sentir al pueblo que durante largos tiempos históricos no parece pasar nada, mientras pasa mucho. Para los movimientos sociales es muy difícil encarar gobiernos de este tipo, que esconden el fascismo mostrando un carácter popular, paternalista, humilde y supuestamente coherente con lo que todo el mundo quiere. O si no, ¿cómo creen que resistió la dictadura de Franco durante 40 años? Mariano Rajoy tiene grandes maestros a sus espaldas.

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