Siamak Khatami
Politólogo y profesor universitario
¿Un nuevo eje político internacional?

«Los recursos del petróleo el y gas natural de Venezuela, Bolivia y Ecuador se están utilizando mejor para consolidar una política económica más equitativa y favorecer la causa de la justicia social. Y mientras siga esa política económica, no parece probable que EEUU pueda cambiar el statu quo de América del Sur a su favor otra vez.»

2012/12/13

Es sorprendente cuántas veces nos equivocamos los que queremos pensar que sabemos más de la política. O quizá es que los árboles nos impiden ver el bosque. Me acuerdo que cuando Hugo Chávez accedió por primera vez a la presidencia de Venezuela; la mayoría de los medios de comunicación que yo veía estaban influenciados por los dictados de lo que el presidente venezolano llamaría «el Imperio». Seguían, básicamente, la línea del Gobierno estadounidense de criticar salvajemente cualquier cosa que hiciera Chávez. Luego, al ver que este tenía apoyos fuertes en el pueblo venezolano, «la línea del Imperio» cambió, esta vez insinuando que era solo por los altos precios del petróleo que el presidente de Venezuela podía hacer lo que hacía, que era «inevitable» que esos precios bajasen, y que todo el régimen de Chávez iba a destruirse en cuanto bajaran los precios de petróleo.


Bueno, Chávez fue presidente de Venezuela por primera vez a finales de 1998 y, al día de hoy, no hay ninguna señal de que la destrucción del régimen que él ha creado sea inminente. ¡Justo al revés! No es solo que ahora la mayoría de los gobiernos latinoamericanos sean de tendencia izquierdista (aunque, claro, hay diferencias entre Brasil, Chile y Uruguay, de un lado, y Venezuela, Ecuador y Bolivia, de otro lado), sino que además en el escenario internacional ha habido una intensificación de la amistad entre Irán y Venezuela, a la vez que Rusia y China también apoyan a Hugo Chávez, porque les permite trabajar hacia un mundo en el que los EEUU no puedan ejercer una dominación total.


Formar parte de este polo también lleva beneficios para Irán, en el sentido de que lejos de ser aislado internacionalmente como el Gobierno de EEUU quiere hacer, este país ha encontrado nuevos amigos en América Latina. Y no es solo que el actual presidente iraní haya viajado ya casi una veintena de veces a Venezuela desde que Hugo Chávez accediera a la presidencia, o más de una decena de veces a Ecuador, Bolivia o Nicaragua; Irán y Venezuela también coordinan sus políticas petrolíferas para intentar mantener los precios en un alto nivel, crean un Banco de Sur cuyos fondos vienen proporcionados por los gobiernos de Irán y Venezuela, y colaboran en foros internacionales, como por ejemplo en apoyo a organizaciones palestinas que Irán está ayudando, o en contra de los planes de los EEUU para Oriente Medio y el Norte de África.


Pero la creación de este nuevo eje, o polo, alrededor de Chávez no ha sido desde el principio tan obvio. De un lado, ya he señalado a influencia que ejercían los medios norteamericanos, los cuales nos decían una y otra vez que más pronto que tarde el gobierno venezolano actual iba a autodestruirse. De otro lado, en cuanto a la amistad con Irán, tampoco fue tan fácil predecirlo: el régimen actual iraní, desde su nacimiento, siguió unas líneas en la política económica que se clasificarían más bien como neoliberales o tendentes al capitalismo. Es verdad que durante la Revolución de 1978-79, había muchos escritos por parte de los revolucionarios iraníes que daban la impresión de ser casi marxistas. Sin embargo, una vez llegado al poder, el régimen revolucionario iraní siguió una política que, aunque fuera antiEEUU, no fue anticapitalista, ni mucho menos. En realidad, Irán gozaba de relaciones normales con potencias capitalistas como el Reino Unido, Alemania, Japón o Corea del Sur. E incluso a día de hoy, el único iraní que aparece en la lista de la revista Forbes como una de las personas más ricas del mundo es Ali Akbar Hashemi Rafsanjani, uno de los hombres fuertes del actual régimen, que ganó su riqueza por la vasta cantidad de tierras que posee y, además, por su involucración en varios negocios y comercio internacional, y que solo ahora está retirándose poco a poco de la política. Fue solo con la llegada al poder del actual presidente, Mahmud Ahmadineyad, que la política iraní giró hacia la izquierda. Y su presidencia no empezó hasta 2005.


Tanto en el caso de Irán bajo la presidencia de Ahmadineyad como en el de Venezuela bajo el liderazgo de Chávez, se pone el énfasis en una política que trata de redistribuir la riqueza y el poder a favor de los más necesitados, de los más oprimidos y deprimidos, y en contra de las élites que antes de la llegada al poder de Chávez y Ahmadineyad repartían toda la riqueza y el poder en su propio beneficio, dejando que la gente normal ni siquiera pudiera vivir, solo sobrevivir. Mejorar el sistema de educación y hacerlo más accesible para los niños de clases oprimidas además de los adultos que no han tenido la oportunidad para educarse; expandir los servicios de salud y construir más clínicas en barrios pobres de las ciudades grandes y también en pueblos más pequeños; mejorar las oportunidades para la mujer –que con demasiada frecuencia ha sido reprimida, si no maltratada, por el hombre–; reforma agraria y redistribución de los latifundio; y cambiar la política económica para servir mejor a las clases que han tenido que contentarse con sobrevivir en vez de gozar de vidas satisfactorias. Estas han sido las metas de Chávez, Correa (en Ecuador), Morales (en Bolivia), Ortega (en Nicaragua) y Ahmadineyad, además de otros líderes afines en otros países.


Caro que, dentro de América Latina, aunque la mayoría de los gobiernos sean de izquierdas, hay claras diferencias entre el polo que se encuentra más cerca de Brasil, y el polo más afín a Hugo Chávez. Mientras que Luis Ignacio Lula da Silva, una vez en la presidencia, moderó bastante sus políticas, y esa misma moderación la siguieron gobiernos izquierdistas en Chile y Uruguay, también, haciéndose amigos con EEUU. Fue el polo más afín a Hugo Chávez que insistió en efectuar cambios drásticos en la política económica para favorecer la causa de la justicia social y equidad.


También hay que admitir que dentro del eje cuyos componentes son Venezuela, Irán, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, las cosas tampoco han ido siempre bien. Por ejemplo en Irán, Ahmadineyad no ha tenido casi ningún éxito, absolutamente ninguno –las clases oprimidas iraníes siguen sufriendo igual que antes de 2005, y siguen teniendo que contentarse con sobrevivir en vez de vivir satisfactoriamente. Y en 2013, habrá nuevas elecciones presidenciales en Irán, a las que Ahmadineyad ya no podrá presentarse–. Mientras tanto, el régimen iraní se concentra en desarrollar su potencia nuclear, y muy a mi pesar, eso ha sido a costa de dedicar más atención a la política económica y mejorar las condiciones de vida de la gente normal del país. Además, es muy posible que todos los sueños de una política económica más equitativa, más justa, y más justicia social, mueran cuando Ahmadineyad deje la presidencia. No hay ninguna forma en este momento de pronosticar siquiera quiénes tienen probabilidades para acceder a la presidencia en 2013, y los amigos y aliados de Ahmadineyad, y en general los que quieren favorecer la causa de las clases oprimidas, no han tenido ningún éxito en consolidarse en puestos en los que pudieran ostentar de alguna medida de poder. Todo está a la merced de Alí Jameneí, el líder Supremo de Irán, y todo va a depender de quiénes le caigan mejor a él.


En Nicaragua las cosas tampoco han ido bien desde que, en 2006, Daniel Ortega volviera a la presidencia que los sandinistas dejaron en 1990 cuando perdieron las elecciones ante los liberales. Ortega ha demostrado una tendencia recurrente de pactar con partidos de tendencia liberal capitalista con el propósito de que él mismo y los líderes de los otros partidos en cuestión se consolidaran en el poder, despreocupándose de la situación de la gente normal en Nicaragua y su sufrimiento diario. Al menos, quizá el hecho de que Ortega dependa del apoyo económico de Venezuela, ha tenido el efecto de forzarle a intentar de una manera más intensa mejorar las condiciones de vida de las clases más oprimidas nicaragüenses. Mientras tanto, en Ecuador, Bolivia y Venezuela parece que los cambios que Correa, Morales y Chávez han ido efectuando en el statu quo sí han tenido efectos más duraderos, y no parece probable que la situación de aquellos países se revierta a la anterior de la llegada de aquellos presidentes al poder. Los recursos del petróleo el y gas natural de Venezuela, Bolivia y Ecuador se están utilizando mejor para consolidar una política económica más equitativa y favorecer la causa de la justicia social. Y mientras siga esa política económica, no parece probable que EEUU pueda cambiar el statu quo de América del Sur a su favor otra vez.

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