Vitoria y Bilbao en la Provincia Eclesiástica de Burgos

En efecto, se comprueba a lo largo de la edad moderna y contemporánea la imposición de los intereses políticos sobre los directamente pastorales. Durante la dictadura franquista, la jerarquía española, defensora de la «cruzada», se opuso con éxito a todo lo que de alguna manera significara relación y unión entre las diócesis de Pamplona, Vitoria, San Sebastián y Bilbao.

2017/08/08

Aunque extendida por las agencias de prensa, ha pasado casi desapercibida en los medios la noticia de una significativa reunión que tuvo lugar el viernes 16 de julio en el Obispado de Vitoria. Presidida por el Arzobispo de Burgos, participaron el Obispo de Osma-Soria, el Obispo de Bilbao, el Obispo de Vitoria y el Obispo de Palencia.

Estas diócesis constituyen la Provincia Eclesiástica de Burgos. La archidiócesis de Pamplona, con San Sebastián, Jaca, Tudela, Calahorra y La Calzada-Logroño es otra de las 14 Provincias Eclesiásticas dentro del Estado español. Se reúnen periódicamente para «para promover una acción pastoral común en varias Diócesis vecinas y para que se fomenten de manera más adecuada las recíprocas relaciones entre los Obispos diocesanos».

Las razones e intereses que han motivado la creación de estas demarcaciones han sido muy variadas a lo largo de la historia. En nuestro caso no deja de llamar la atención que la Iglesia vasca esté divida eclesiásticamente entre Pamplona y Burgos cuando, por otra parte, las diócesis de Euskal Herria mantienen relaciones pastorales para diferentes actividades y sus obispos publican Cartas pastorales conjuntas.

Esta «anomalía» pastoral (así fue calificada por los arzobispos de Pamplona, J.M. Cirarda y F. Sebastián) ha sido múltiples veces puesta de relieve y los anteriores obispos reclamaron en varias ocasiones ante el Vaticano la unión de las diócesis de Bilbao, San Sebastián y Vitoria en una única Provincia Eclesiástica con Pamplona como cabeza; mas aún cuando el mismo  Concilio Vaticano II insistió en «la conveniencia de examinar las actuales circunscripciones de las Provincias Eclesiásticas». En una Nota conjunta (1997) el arzobispo de Pamplona y Tudela y los obispos de Bilbao, San Sebastián y Vitoria informaban de su solicitud, en diversas ocasiones, de remodelación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona con el objetivo fundamental de que las citadas diócesis pertenezcan a esta provincia eclesiástica. A lo largo de su visita oficial (ad limina) a la Santa Sede, afirmaban, que habían tenido la oportunidad de interesar a la Santa Sede por la favorable respuesta y ejecución de la demanda por ellos presentada, que se remonta originariamente al año 1978.

Escritos, documentos, visitas a Roma de diferentes instancias de la Iglesia vasca –en especial  de la Coordinadora de Sacerdotes de Euskal Herria– han insistido en esta demanda. Hasta la misma Conferencia Episcopal Española aprobó esta remodelación que siempre ha sido dilatada por el Vaticano y «congelada» para evitar repercusiones de tipo político.

Pero la historia viene de lejos e injerencias de todo tipo han contribuido a mantener esta situación cuyas razones políticas, por tanto, no escapan a nadie. En efecto, se comprueba a lo largo de la edad moderna y contemporánea la imposición de los intereses políticos sobre los directamente pastorales. Durante la dictadura franquista, la jerarquía española, defensora de la «cruzada», se opuso con éxito a todo lo que de alguna manera significara relación y unión entre las diócesis de Pamplona, Vitoria, San Sebastián y Bilbao.

No cabe duda, por tanto, de que la actual situación es una herencia del franquismo que la entendió como una victoria. En efecto, cuando se fraccionó la diócesis de Vitoria, creando las de Bilbao y San Sebastián (1949), así lo comunicó el ministro de Asuntos Exteriores, Martín Artajo, a Franco: «Hemos ganado el pleito sobre Vitoria. La Santa Sede accede al desdoblamiento, sin erección de ninguna archidiócesis. Las tres nuevas diócesis seguirán perteneciendo a Burgos». Esta noticia fue considerada por Franco como un «triunfo». Mas adelante cuando el 11 de agosto de 1956, el papa Pío XII elevó Pamplona al rango de archidiócesis metropolitana (gracias a una gestión del conde de Rodezno, exministro de Justicia y vicepresidente de la Diputación de Navarra, aduciendo méritos contraídos por Navarra en la guerra civil) se le asignaron como sufragáneas las diócesis de San Sebastián, Calahorra y La Calzada-Logroño, Jaca y Tudela. Vitoria y Bilbao continuaron en Burgos, con Palencia y Osma-Soria. 

Siguiendo a Santiago de Pablo, Joseba Goñi y Virginia López de Maturana, en su libro "La Diócesis de Vitoria. 150 años e historia (1862-2012)", «esta peculiar división, que persiste en la actualidad, era consecuencia de los deseos del Gobierno de separar a las Diócesis vascas en dos provincias eclesiásticas distintas. En palabras del cardenal Tarancón ‘aparecía demasiado clara  la finalidad política de esa determinación’, que ‘no podía justificarse pastoralmente’, hasta el punto de que Callahan la calificaba con razón, de ‘resultado de la maquiavélica estrategia del régimen’».

Los problemas de fondo provienen, por tanto, de los poderes políticos centralistas que, siguiendo una tradición secular mantienen sus sospechas nacionalistas ante esa propuesta y continúa oponiéndose a su ejecución. Por supuesto, la razón última está en una política vaticana sobre este asunto que durante décadas se ha plegado a la política española haciendo prevalecer la oposición gubernamental a los criterios e intenciones pastorales que, siguiendo la línea del Concilio Vaticano II, aconsejaban la remodelación de la Provincia Eclesiástica, uniendo en Pamplona, como sede metropolitana, a Bilbao, San Sebastián y Vitoria. Los últimos nombramientos episcopales para estas diócesis, no favorecen una disposición jerárquica positiva para esta reestructuración eclesiástica de los territorios de Euskal Herria y para la  realización de una práctica pastoral institucional coordinada entre las diócesis vascas.

Por todas estas razones se concluye la importancia y significado de la reunión mencionada. No sabemos lo que allí se comentó; tampoco ha trascendido si hay alguna intención de abordar esa problemática. De hecho la demanda, por parte de los actuales obispos de las cuatro diócesis, de tal Provincia Eclesiástica no ha sido, hasta ahora, propuesta ni mencionada, aunque algunos rumores apuntan hacia una intencionalidad de la actual jerarquía vasca de llegar a acuerdos que permitan erigir la Provincia eclesiástica con sede en Pamplona, pero incluyendo otras diócesis, como por ejemplo la de Calahorra y La Calzada-Logroño.

Hoy, las nuevas situaciones, la grave crisis de las diócesis vascas y su incierto futuro y los urgentes desafíos pastorales impulsan a crear una Provincia Eclesiástica que aliente e institucionalice el afianzamiento de una Iglesia Vasca o Iglesia en Euskal Herria. En el contexto de la nueva situación político-social que se está abriendo en nuestro Pueblo, se anuncian tiempos de esperanza y normalización, que pueden contribuir también a incrementar la conciencia colectiva sobre la necesidad de poner en marcha nuevas estructuras pastorales desde la base eclesial. Sería una forma de colaboración para impulsar dinámicas ilusionantes, compartidas y a la vez audaces, entre las diversas diócesis vascas, para hacer frente a los retos que la sociedad moderna nos plantea y el futuro de Euskal Herria exige.

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