Podemos y el derecho a decidir
Izaro Gorostidi Bidaurrazaga | EHUko irakaslea eta Parte Hartuz Ikerketa Taldeko kidea
2017/03/21

Una, a la que le tocó nacer mujer y euskaldun, está más que acostumbrada a tener que lidiar en la defensa de sus dos construcciones identitarias: la feminista y la vasca. Pero todavía no me acostumbro a escuchar, tanto en un tema como en el otro, aquel fácil tópico de la adversaria, ya sea machista o defensora de la unidad de España de «ya estás con el monotema». De estas últimas, lo que cada día me llama más la atención es la falta de rigor político de una izquierda española que es incapaz de comprometerse realmente con el derecho a decidir llegando a defenderlo en su versión unilateral. Pero, como bien lo expresa el antropólogo e investigador Curro Cuberos Gallardo, miembro del SAT y del Colectivo Asamblea de Andalucía, la unidad de España no es un significante vacío. No es una mera solución administrativa que pueda llenarse de contenido progresista o reaccionario, «ya que la unidad de España es en sí misma un producto histórico, tejido ideal y materialmente por los sectores más reaccionarios y que entraña en su propia lógica valores inasumibles –o que deberían ser inasumibles– para la izquierda española».

En Euskadi hace pocos días las Juntas Generales de Gipuzkoa, con los votos de PNV y EH Bildu, han respaldado las consultas populares organizadas por Gure Esku Dago que se celebrarán el próximo 19 de marzo en 34 municipios del Gipuzkoa y en la localidad vizcaína de Larrabetzu. Podemos, por un lado, manifiesta su «respeto» al trabajo de este tipo de organizaciones civiles. Así, se suma a un único punto de la resolución, el que reivindica «el derecho y la capacidad que le corresponden a la ciudadanía de Euskal Herria de decidir sobre su futuro, de que sea consultada y de que sea respetada su voluntad libre y democráticamente expresada». Pero, al mismo tiempo, se ha abstenido en la votación de los otros dos puntos de la resolución. El segundo hace mención al ejercicio del derecho a decidir, sobre el que, señala, «constituye la máxima expresión de la democracia» y manifiesta su apoyo a «aquellas iniciativas para pasar de la reivindicación del derecho a decidir a su ejercicio». El tercer punto contiene un apoyo explícito a las consultas populares que se celebrarán el 19 de marzo, además de un llamamiento a la participación.

De esta manera, Podemos reivindica el derecho y la capacidad de la ciudadanía vasca a ser consultada y respetada pero no apoya explícitamente el ejercicio de ese derecho, ni vota a favor de hacer un llamamiento a participar en las consultas del próximo domingo. ¿Por qué? La razón sólo la he encontrado en las noticias publicadas por los medios a través de las declaraciones del portavoz de Podemos, Juantxo Iturria, que ha dicho estar a favor del derecho de la ciudadanía a decidir su futuro, pero no solo en aspectos territoriales, sino en otras muchas cuestiones que afectan a la sociedad. Y destaca la importancia de «extender las consultas a más temas y a más municipios, mediante preguntas claras y consensuadas para decidir democráticamente también sobre la incineradora, los toros o la financiación de proyectos millonarios como la pasante donostiarra del Metro».

Pero la cuestión es, como tan bien sostiene el profesor Mario Zubiaga en su artículo «Significante Vacío», que «no podemos decidir nada sin un permiso previo que limita el alcance de la decisión». En ese mismo sentido, la portavoz de Irabazi (donde se integra Podemos) en el ayuntamiento de Donostia, Amaia Martin, lo dejaba claro: «La cuestión de fondo es que las instituciones locales no tenemos autonomía para preguntar a la ciudadanía y tenemos que rogar permiso a Madrid». Estas declaraciones las hacía a raíz de que el pleno municipal de Donostia aprobara solicitar al Gobierno español permiso para poder realizar una consulta sobre la celebración de corridas de toros. Este plebiscito fue solicitado previamente por más de 9.000 ciudadanas a finales del año pasado. Sin embargo, el Reglamento de Consultas Ciudadanas aprobado por Donostia la legislatura pasada por unanimidad, fue anulado por los tribunales a instancias del delegado del Gobierno central. Por eso el ayuntamiento decidió utilizar otras vías para poder llevarlo a cabo. Llama la atención que en este caso no se dejara de realizar un apoyo explícito a la consulta por parte de Irabazi aunque el consistorio donostiarra no se plantee preguntar sobre la incineradora o sobre la financiación de la pasante donostiarra del Metro. Y como ya es sabido, el tres de marzo de este año el Consejo de Ministros del Gobierno de España decidió no autorizar la consulta popular sobre organización de festejos taurinos.

La mayor paradoja de esta forma de reivindicación retórica que utiliza Podemos sobre la necesidad de consultar a la  ciudadanía sobre todas las cuestiones que le afectan, se da  en su posición con respecto al ejercicio del derecho a decidir de Euskal Herria y Catalunya. En este caso, Podemos apuesta por una eventual reforma constitucional en España, obviando las mayorías sociales y políticas de estos dos territorios, y, al tiempo, haciendo abstracción de la imposibilidad de lograr una mayoria en las Cortes españoles que respalde el reconocimiento del derecho a decidir en dicha reforma hipotética.

Euskadi es una comunidad plural donde conviven millón y medio de personas que han llegado a elegir hasta siete partidos políticos con representación parlamentaria. Un territorio en el que el sociómetro nos pregunta si nos sentimos solo vascas, más vascas que españolas, igual de vascas que españolas, más españolas que vascas o solo españolas. Preguntas inimaginables en territorios como Extremadura o Castilla la Mancha, por poner un ejemplo. No es un monotema, es nuestra idiosincrasia. Es una comunidad política diferenciada que reclama un nivel de autogobierno que le permita decidir libremente su futuro. Por eso es de vital importancia que un partido como Podemos sea capaz de dejar de lado tanto el cálculo electoral como la genética jacobina de la izquierda hispana y apoye explícitamente la participación en consultas que tienen que ver con el derecho a decidir, también, sobre el tema  territorial. Animar a sus votantes a participar en las consultas organizadas por Gure Esku Dago puede ser un paso.

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