Prestigio de los comentaristas deportivos españoles
Javier Orcajada del Castillo
2017/08/07

No es el fanático director de la Marca España, Espinosa de los Monteros o su ayudante, el patriota que rebuznó en la televisión «catalanes de mierda» los que dan prestigio a nuestro deporte patrio. Son los locutores y comentaristas deportivos que se las ingenian para mostrar una imagen de cracks en todas las facetas en las que compiten nuestros mediocres atletas. Con el bochorno de tener que defender los equipos de futbol que remarcan «españoles», a pesar de que sus jugadores tienen la mayoría nombres impronunciables procedentes de países exóticos o sudamericanos, muchos de ellos procesados por evasión fiscal, jaleados por las masas como héroes al acudir a declarar ante el juez. O en las competiciones los atletas españoles sean en su mayor parte de raza negra que no saben español que han sido «españolizados» y festejados por los locutores de patriotas. Mayor mérito aun tienen cuando en los momentos previos de cualquier prueba o partido dan muestras de su patriotismo afirmando con suficiencia que «los nuestros son claramente mejores». Aunque sepan que en unos minutos se va a deshinchar el globo porque el deportista español ha quedado el último o nuestro equipo eliminado. A veces la solución es directamente no mencionar siquiera el lugar en que ha quedado clasificado o achacar a la mala suerte o a las malas artes del árbitro que estaba comprado. Resaltan a la «española» Garbiñe Muguruza o los montañeros «españoles» que tienen apellidos vascos y han plantado la ikurriña en la cima de un ochomil. Dura misión la de estos «objetivos y expertos comentaristas» que se las tienen que ingeniar para encender en los televidentes las esencias más carpetovetónicas de nuestra raza a partir de deportistas vulgares españoles o de figuras extranjeras nacionalizadas que son las que logran marcas y clasificaciones a quienes airean con orgullo nuestros patrióticos comentaristas. Mención aparte merecen las retransmisiones de tenis de TVE: locutores que aburren explicando lo que el televidente ve con sus propios ojos, dando opiniones contrarias a lo que se evidencia cuando favorece al tenista español y que el «ojo de halcón» va a desmentir de inmediato. No importa, vuelve con otra hazaña que fabrica con cualquier gesto de nuestro tenista compatriota o interpreta los pensamientos pesimistas que se imagina del contrario. Al final del partido, si el resultado es negativo las justificaciones son múltiples: los jueces malvados, la gripe inoportuna… Pero si es favorable, sus comentarios son delirantes. Es el momento para apagar la tele porque de lo contrario, el patriotismo puede contagiarnos y nos subamos a La Cibeles para celebrarlo y arremetamos contra los emigrantes que nos vienen a quitar lo que es nuestro.