El GIC se despide en Aiete destacando avances y «esperanzado» sobre presos

Justo siete años después de la Conferencia de Aiete, el palacio donostiarra ha sido escenario para la última comparecencia del Grupo Internacional de Contacto, que cierra su aportación tras haber cumplido su mandato. Brian Currin ha puesto el retrovisor a estos años para destacar los avances y ha reconocido las dificultades en materia de presos, pero ve elementos esperanzadores.

Ramón Sola|2018/10/17
Aiete
Foto de familia en Aiete, con Currin y Spektorowski en la primera fila. (Idoia ZABALETA/FOKU)

Brian Currin, Alberto Spektorowski y Raymond Kendall han cerrado este tarde en el Palacio de Aiete, primero en un balance privado para los agentes vascos y después de un acto público, la trayectoria del Grupo Internacional de Contacto (GIC). «No creo que nos necesiten ya, se han demostrado a ustedes mismos que son capaces –ha dicho Currin en su alocución–. Con la base que se ha puesto, ya solo pueden avanzar».

Sus palabras han sido escuchadas por representantes de PNV, EH Bildu, Elkarrekin Podemos, Geroa Bai, la mayor parte de los sindicatos vascos y otras importantes organizaciones sociales. El acto ha sido pródigo en agradecimientos y en recuerdos, sobre todo a Kofi Annan, que encabezó la Conferencia Internacional de 2011 y falleció este pasado agosto.

Currin ha repasado el mandato de que se dotaron hace siete años para constatar que la práctica totalidad está cumplida. Y no ha obviado que «no ha sido fácil», pero también dejando caer que «hablar de normalización política en el País Vasco allá por 2010 era una locura». Desde entonces no solo ETA finalizó su acción armada, se desarmó y se ha disuelto, sino que «casi hemos olvidado que no existían Sortu o Bildu», ha dicho el abogado sudafricano, y también se ha avanzado en cuestiones como el diálogo político, las víctimas, la confianza de la sociedad en el proceso...

Certificado lo conseguido, Brian Currin ha admitido que quedan cosas por resolver, y ha hecho hincapié claramente en la cuestión de las personas presas. No obstante, «hay razones para que todos seamos optimistas y pensemos que esto puede progresar», cree. Ha citado entre ellas el cambio de gobierno en el Estado español, la nueva mayoría parlamentaria en Madrid, la posición de asociaciones de víctimas como Covite y la petición por parte de los presos de «una hoja de ruta para tener certeza de lo que pueden hacer». Considera que todo ello está evolucionando a la vez y que puede acabar cristalizando en soluciones. Con una advertencia final: «Hay esperanza en ello, pero ustedes tienen que presionar, hacer ruido, labor de lobby...»

También en la cuestión de las víctimas advierte pasos adelante el que ha sido coordinador del GIC. Aquí ha citado expresamente la posibilidad de una ley sobre la «brutalidad policial» en la CAV, aunque a sabiendas de que «hay lobbies en contra» y «también partidos abertzales que no la ven suficiente. Pero es un avance».

Tras las palabras de Paul Ríos, que desde Lokarri fue clave también en la gestación de esta facilitación internacional, el acto lo han cerrado Anaiz Funosas (Bake Bidea) y Agus Hernán (Foro Social Permanente), tomando así el relevo de esa «energía» precedente. En su intervención han detallado tres retos pendientes: «Reconocimiento para todas las víctimas de todas las violencias; solución integral para las personas presas, huidas y deportadas; y memoria inclusiva que respete todos los relatos». Entienden que son «las piedras angulares de las bases definitivas de la convivencia».

Entre agradecimientos al GIC extendidos al centro Henri Dunant o Jonathan Powell por una labor más discreta pero eficaz, Bake Bidea y el Foro Social Permanente han constatado que sin esta implicación de la comunidad internacional «nuestro proceso, tan singular» hubiera sido aún más difícil. Currin ha prometido que si en el futuro se produjeran nuevos bloqueos, están dispuestos a volver a echar una mano.

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