‘Leto’, el último verano antes de la Perestroika

La semana próxima se estrenará en nuestras pantallas la película ‘Leto’, un acercamiento a la cultura del rock escenificado en la Unión Soviética de 1980. Su autor, Kirill Serebrennikov, permanece bajo arresto domiciliario y las autoridades rusas le han prohibido hacer cualquier tipo de declaración.

Koldo Landaluze|20/04/2019 18:05
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‘Leto’ –que significa verano en ruso–, se revela como una historia de rock and roll ambientada en el Leningrado soviético de los años 80 y tiene su epicentro dramático en el triángulo amoroso que comparten tres jóvenes muy diferentes mientras las autoridades y la sociedad obeservan con recelo el rock y la cultura que proviene de occidente.

En dicho escenario emerge la figura de Viktor Tsoï, cantante, compositor y confundador de Kino, una de las bandas más populares e influyentes de la historia de la música rusa. Considerado uno de los pioneros del rock ruso, a Tsoï se le atribuye la popularización de este género en la Unión Soviética. A lo largo de su carrera, Tsoï lanzó diez álbumes y después de que Kino apareciera en la película soviética de 1987 ‘Assa’, la popularidad de la banda estalló, desencadenando un periodo denominado ‘Kinomania’.

En 1990, Tsoï se trasladó a Letonia con su compañero de banda Yuti Kasparyan para trabajar en el próximo álbum de la banda. Dos meses después, murió en un accidente de tráfico. Su fallecimiento provocó un auténtico shock en muchos seguidores, algunos incluso llegaron a suicidarse.

El 17 de agosto de 1990 Komsomolskaya Pravda, uno de los principales periódicos soviéticos, publicó lo siguiente: «Tsoï significa más para los jóvenes de nuestra nación que cualquier político, celebridad o escritor. Esto es así porque Viktor nunca mintió y no estaba interesado en el dinero. Él fue y sigue siendo él mismo. Es imposible no creer en él… Tsoï es el único rockero que era la misma persona en el escenario y en su vida real, vivía de la misma forma en que cantaba… Tsoï es el último héroe del rock».

Filmada en blanco y negro, la película tiende a subvertir la realidad mediante diferentes secuencias en las que música e imagen alteran lo cotidiano. Ejemplo de ello es la secuencia del autobús en la que los pasajeron interpretan el célebre tema de Iggy pop ‘The Passenger’.

Declaración de intenciones bajo arresto

Nacido en 1969 en Rostov del Don (Rusia), Kirill Serebrennikov es un prestigioso director de teatro, cine y televisión. Es el director de arte del Gogol-Center en Moscú desde 2012 y ‘Leto’ supuso su primera película en competición dentro de la la Sección Oficial del Festival de Cannes de 2018. Un año antes, el 23 de agosto de 2017, Serebrennikov fue arrestado durante la producción de ‘Leto’ y desde entonces permanece en Moscú bajo arresto domiciliario.

Al parecer, el motivo de dicho arresto, según las autoridades rusas, se debe a una presunta malversación de fondos estatales. Dicha acusación provocó una oleada de indignación en los círculos intelectuales rusos e internacionales los cuales recordaron la voz crítica de Serebrennikov, siempre contraria a los designios del Kremlin regido por Vladimir Putin.

Kirill Serebrennikov escribió su declaración de intenciones en 2017, antes de rodar ‘Leto’. Cabe recordar que según las estipulaciones de su arresto domiciliario, el intelectual ruso no puede hacer ningún tipo de declaración. En dicha declaración, el cineasta expresó que «nuestra historia trata de la fe necesaria para sobreponerse al contexto social y de la actitud despreocupada de los héroes frente a la opresión heredada. Es, por encima de todo, la historia de un simple e inalterado amor, como una oda a estos futuros iconos del rock, a su forma de vida. Es la historia del último verano antes de la Peretroiska, antes de la transformación total hacia la Rusia contemporánea. Esto es lo que me atrajo en un primer momento de la historia. Su inocencia y su pureza».

En relación al contexto social y político en el que se desarrolla añadió que «mi generación tiene unos recuerdos muy fuertes de la energía de la Perestroika, ese periodo de tiempo inmediatamente después de la época de nuestra película. En realidad, no sabemos nada de la generación anterior a la nuestra, de su don natural de rebelión, su fuego interno. La Perestroika borró completamente esta generación, los convirtió en barrenderos o conserjes y pronto no quedó nada de ellos. Pero en ese relato estamos en los incipientes años ochenta. En un glorioso blanco y negro, la única manera de contar la historia de esta generación, ya que la noción del color apareció más tarde en la conciencia colectiva rusa. Es una época brutal y alternativa donde todo el mundo está muy vivo: Mike Naumenko y Viktor Tsoï  –al que la prensa soviética, después de su trágica muerte en 1990, apodó el ‘último héroe del rock’–.

Sobre los protagonistas de ‘Leto’, Serebrennikov recordó que «todo lo que sabemos de ellos ocurrió después del contexto de nuestra película, es el futuro de nuestros personajes. En la película, están todavía intactos, inocentes. Hemos tomado prestada una máquina del tiempo y solo hace una breve parada. En ese pequeño periodo de tiempo, nuestros héroes hacen lo que más les gusta hacer: crear música. Tuve que ignorar el tercer acto en la vida de nuestros personajes, la manera en la que todo termina. Mi objetivo es hacer una película sobre gente que es feliz, que están disfrutando una total libertad artística a pesar de la opresión del gobierno. Estaban haciendo música y no podían imaginarse otra forma de crear. Cualquier otra cosa hubiera ido en contra de su naturaleza. Me puedo identificar fácilmente con ellos, entender sus motivaciones, los obstáculos en su camino».

Finalmente, y sobre su propia situación, el cineasta añadió que «aquí, en el Gogol-Center, del cual soy director, estamos familiarizados con los métodos que utilizaron los protagonistas de ‘Leto’. A pesar de estos tiempos tan politizados, estamos creando un teatro que es moderno, antiestablishment, que puede ser visto como un movimiento. Y lo más importante, este movimiento está vivo. Estamos insuflando vida a una cultura que es inaceptable para los poderes, para las directrices culturales de nuestro gobierno».