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Castigo a la verdad

Conozco a Clemente Bernad hace años y puedo asegurar que es un excelente reportero. Y certificar, además, que ha arriesgado mucho por decir y mostrar la verdad.

Al que no conozco es al magistrado del Juzgado de lo Penal número 3 de Iruñea que lo ha condenado a un año de prisión por querer contar y mostrar los oscuros ritos que se celebraban en el corazón mismo de la ciudad para mayor gloria del asesino en serie Emilio Mola. No lo conozco, repito, pero no podría hablar de él en términos elogiosos. La sentencia es, por decirlo claro, un disparate.

Porque lo que es digno de repudio es que una cuadrilla de facciosos, con túnicas y dagas, se reunan en un espacio público, con nocturnidad y secreto, para homenajear a un personaje que sólo trajo dolor y padecimientos a nuestra tierra. Y muy digno de elogio el denunciar las macabras ceremonias.

Como es también digna de aplauso la discreta faena del Ayuntamiento que rige Asirón por sacarlo de un lugar que no merecía aquel que lo único que hizo bien fue montarse en la avioneta que lo condujo, de forma rápida y  efectiva a la caldera de Pedro Botero.

Hoy es un buen día para reivindicar, una vez más, la libertad de prensa.

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