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El día después

La jornada que sigue a una larga noche electoral suele ser día de lectura e interpretación. Más triste para unos y alegre para otros. La fiesta va por barrios.

Confieso que hay cosas que me han entristecido un tanto, pero la satisfacción no me cabe en el pecho. Y es que, en Bergara, los que yo quería se han salido de la tabla.

Allí se alza la casa consistorial, a pocos metros de la casa de Telesforo y a pocos metros también de donde vive José Luis Elkoro, aquella hermosa casa donde purgó prisión por su compromiso con Euskal Herria y, sobre todo, con sus gentes.

Gorka Artola ha barrido en un pueblo culto, que no es poco. Un pueblo que ha sabido mantener identidad propia en estos tiempos de globalización digitalizada pero que ha sido siempre solidario con quien vino por necesidad.

Quiero a Bergara, porque allí nací y porque allí están los míos. Y allí descansaré algún día, espero que lejano.

Y en Bergara las gentes abertzales y de izquierdas han sabido transmitir la emoción imprescindible para ganar y gobernar. Para todos y no sólo para unos.

Bueno,  pues eso, que estoy muy orgullosos de las bergaresas y bergareses.

En el salón de plenos hay un buen número de retratos de bergareses ilustres (todos hombres, por cierto) acompañados de un lema: "Gizon hauek dira argidorrak, eman zaiogun bergararrok onra herriari".

Las chicas y chicos que van a gobernar con Gorka tienen tarea  por delante pero han conseguido una cosa importante para mí: hoy soy feliz. Y mi aita también. ¿Les parece poco?

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