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El lamento de Puigdemont

El president catalán Carles Puigdemont lamenta ahora desde su exilio belga haber suspendido los efectos de la declaración de independencia aprobada por el Parlament. Y así lo ha proclamado desde las ondas de la BBC británica.

Es comprensible el lamento por aquella funesta decisión de octubre de 2017, cuando las calles de toda Catalunya hervían de emoción, cuando se palpaba el sentimiento transversal de pertenencia a una comunidad nacional que necesita disponer de todos los instrumentos para sobrevivir en este mundo globalizado y mutante.

Puigdemont encabezó con decisión y valentía la formidable movilización social en la que, además del pueblo catalán, se movilizaron también vascos, gallegos y demócratas de todo el mundo.

Luego vinieron las amenazas, los chantajes a empresas, la campaña del miedo. Y hasta una tétrica llamada de Urkullu para instarle a abandonar. Esto último resulta especialmente lacerante para el conjunto de las vascas y vascos.

Hoy Puigdemont vaga por Europa proclamando las demandas de su pueblo. Y la mitad de su equipo sufre los rigores de la cárcel. En Catalunya, pero en la cárcel. En su mano tiene el mandato parlamentario que le instaba a problamar la República y a activar los mecanismos que la hiciera realidad. Hágase, pues.

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