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Incompensión en Maravillas

Las imágenes son duras, muy duras, y el contexto más difícil de tragar.

La imagen de la Policía apaleando jóvenes, manteniendo en estado de sitio un barrio, acosando a viandantes e impidiendo la vida vecinal normalizada, no debiera corresponder a la Iruñea de 2019, empeñada en cambiar las formas de hacer política, con un alcalde que se ha ganado a pulso el reconocimiento y el respeto de la población.

Los lamentables hechos acontencidos en las últimas horas en torno al gaztetxe Maravillas no tienen explicación plausible más allá de la desafección que siempre ha mantenido la derecha respecto de los espacios autogestionados por la juventud. La derecha de todos los colores, pero siempre la derecha.

El argumento de la inspección arquitectónica y la seguridad del inmueble podría valer si se hubiera garantizado la continuidad de la iniciativa popular y juvenil.

Si el diálogo se hubiera impuesto a la tentación represiva, hoy Iruñea sería un lugar más progresista, más tranquilo y más estable. Lo que está en juego en Nafarroa es mucho más importante que todo eso. Se trata de afianzar el cambio.

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