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Mareas vivas

El Tsunami Democratic de Catalunya ha tenido reflejo también en Euskal Herria en forma de marea viva. Dos expresiones de un mismo conflicto se han hermanado, como se vió en Donostia hace pocas semanas y ayer mismo en Behobia.

La hermandad de las víctimas del imperialismo caduco se ha sellado con el pegamento de la solidaridad y demostrado un empuje que hace temblar como un flan a los defensores del régimen del 78.

Hoy ya hay dos pueblos determinados a retratarse ante el mundo como lo que son y defender a ultranza su derecho a definir su futuro. En forma de tsunami o de mareas vivas, coordinados o por efecto simpático, Euskal Herria y Catalunya han conformado mayorías que socavan los cimientos sobre los que se levanta el Estado que erigió Franco y heredaron los reyes borbones.

Mientras en Madrid Sánchez e Iglesias se abrazaban como dos osos que se odian, la marea subía en dos sociedades que tienen cada día más clara su apuesta por un futuro en libertad.

La estabilidad del Estado español no pasa por los pactos de salón, a las órdenes de la CEOE o el Ibex 35, sino por el  respeto a la voluntad popular. Y eso lo tendrán que entender antes de que las olas terminen por anegar las tierras. Y no por culpa del cambio climático.

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