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Pinchar en hueso

Usaron la violencia los jelkides cuando José Anronio Agirre, lehendakari legítimo, se lo pidió y Telesforo Monzón trajo los fusiles desde Checoslovaquia.

La usaron los socialistas cuando Ramón Rubial portaba pistola al cinto. Y más tarde, cuando Felipe González dio luz verde al GAL, para matar a gente tan buena como Santi Brouard o Josu Muguruza.

La violencia es sustancial a quienes acribillaron a Maravillas Lamberto y cunetearon a otros tres mil navarros y hoy siguen mandando en esa España suya.

El cinismo, esa disciplina filosófica tan respetable, resulta insoportable cuando se asocia a la política. Por eso no es admisible que a Galindo se le sumen homenajes, gratificaciones y grados y a los vascos que han padecido décadas de encierro se les pretenda enterrar en el olvido.

Ahí han pinchado en hueso.

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