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Un fuego enciende otro fuego

Dicen que un fuego prende otro fuego. Y el fuego que iluminó la noche catalana ayer se encendió hace ya dos años. El mechero llegó en barco y lo encendió un piolín.

Donde hubo urnas y votos, ayer hubo fuego, y no parece razonable pensar que vaya a apagarse.

Ni los planes más agresivos que estén diseñando los equipos de Grande Marlasca ni los discursos hueros de Pedro Sánchez van a servir de cola de contacto para el desapego que siente la mayoría catalana hacía esa España que les niega.

A Sánchez le ha reventado en las manos el artefacto que fabricó Rajoy, el que activaron sus jueces de confianza y que él no supo o no quiso desmontar.

Las imágenes son duras. En las calles en que vivímos ilusión y alegría, vemos fuego. Donde hubo democracia, vemos represión.

Sánchez se hace pequeño por momentos. Alguien debería repetirle que un fuego prende otro fuego.

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