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Europa es la alternativa al hartazgo ante Barça y Madrid

Anoeta registró en la ida de cuartos de final de Copa la máxima expresión de la frustración de una ilusión y del hartazgo de la afición blanquiazul ante un fútbol español en el que Barcelona y Real Madrid compiten con una ventaja astronómica en los presupuestos y además reciben ayudas extras para imponer su hegemonía.
Uno no cree que la Real perdiera ante el Barcelona por el arbitraje. González González es un mal árbitro y nunca podía pitar el partido con sus antecedentes con ambos equipos y además el asistente que se encargaba en la segunda parte del ataque realista se empeñó en pasar a la historia por pitar un fuera de juego a un jugador al que habilitaban más rivales.
Pero Zurutuza había fallado en el control en esa jugada, lo que hizo ese error menos determinante, de la misma manera que la primera tarjeta a Messi por perder tiempo fue injusta porque cuando un jugador no ve una opción de sacar una falta en corto puede preferir la opción de buscar el envío largo y tomarse su tiempo el equipo para sacarla. De la misma manera que Illarra debió ser amonestado en más de una ocasión antes del minuto 91 y hubo un penalti no señalado en el área realista por mano. Sí hizo bien González González al amonestar a Neymar en una jugada en la que es verdad que Rulli le toca con la mano, pero el brasileño ya había empezado a tirarse antes del contacto.
Pero más que González González, la demostración de que en el fútbol los grandes tienen la ventaja arbitral la dio Messi cuando con tarjeta cogió el balón con la mano y se puso delante de Illarra cuando se lo quitó para sacar la falta. Cualquier jugador sabe que con una amarilla no puede exponerse a una jugada de ese tipo, pero Messi sabe que a él no le van a expulsar.
Más que por el arbitraje, la Real se puede quejar por jugar el partido con 53 horas menos de descanso porque seguro que el Barcelona o el Madrid no afrontarán nunca un partido de Copa con dos días de deferencia con su rival con el anterior partido de Liga. Eso sí tuvo más influencia porque la Real no tuvo la misma frescura con ocho jugadores que repetían en el once que había jugado tres días antes ni puede presionar como lo hizo en el partido de Liga.
Pero aunque los árbitros favorezcan al rival del Barcelona –contra el Athletic le perdonaron una expulsión a Aduriz, no le pitaron un penalti claro y le anularon un gol por fuera de juego inexistente– o hubiera jugado el lunes ante el Las Palmas –tiene tal nivel en la plantilla que se puede permitir el lujo de dejar sin jugar a cuatro de los siete más utilizados y retirar a otros dos con el partido sentenciado con la ley del mínimo esfuerzo-, o aunque su nivel de juego no sea bueno, es tal la diferencia entre los azulgranas y la Real que en una eliminatoria a doble vuelta de Copa en el exigente mes de enero en la que los dos saquen sus mejores jugadores es muy poco probable que los blanquiazules salgan airosos.
Esta es la séptima temporada que llevan Barcelona y Real Madrid sin perder una eliminatoria de Copa contra un equipo que no sea uno de los tres más poderosos, pero hasta en el caso de que haya una sorpresa y por ejemplo el Celta aproveche que Zidane no sacó su mejor equipo en la ida y elimine a los blancos –algo por lo que no apostaría porque si el Madrid necesita ayuda probablemente la tenga en la vuelta–, habrá una semifinal y una final en las que les resultará muy difícil a los vigueses superar al Barcelona o al Atlético jugando cada tres días con el mismo equipo mes y medio.
El nuevo reparto televisivo no ha disminuido las diferencias entre Real Madrid y Barcelona y el resto. Todo lo contrario. El quinto equipo con más presupuesto ha vendido a su mejor jugador, Alcácer, a los azulgranas para que apenas juegue. Sin estar bien ninguno de los dos, siguen con opciones en las tres competiciones y seguramente se llevarán los tres títulos como el año pasado.  
Por eso, aunque se entienda la ilusión de la afición realista que aspira a ganar la Copa como el que compra un boleto de lotería sueña con que le toque el gordo aunque tenga una probabilidad entre 100.000, lo más inteligente es admitir que es tan remota la posibilidad que no merece la pena desgastar energías en el intento.
El objetivo de un club como la Real solo puede estar enfocado a Europa, allí donde el Madrid y el Barcelona son dos equipos más. El máximo objetivo tiene que ser clasificarse para la Champions y, si no es posible, asegurarse la Europa Legue y a poder ser sin previa. Es la competición en la que, sin tener como rivales a Barcelona, Real Madrid y Atlético, es más factible obtener un título y además ingresos económicos importantes para distanciarse del resto de equipos de la Liga.
Por eso lo que realmente importa esta semana es que después de ganar al Málaga, el domingo la Real aproveche que el Celta tendrá en mente la vuelta copera que jugará tres días después para distanciar en ocho puntos al equipo que ahora ocupa la octava plaza. Es un partido con sus similitudes con el primero del año de Liga con el Sevilla. Entonces estaba en juego la Champions y la diferencia de ganar o perder era importantísima y casi se esfumaron allí las opciones de aspirar a la máxima competición continental. A ver si este domingo se abre un hueco igual de importante con el Celta y la baja de Illarramendi y el desgaste de la Copa no vuelven a pasar factura como sucedió ante el Sevilla.

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