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Lo peor no es destrozar el equipo de Montanier, sino destrozar el vestuario de Zubieta

Todavía no ha acabado el verano y en solo unas semanas se ha pasado en el entorno de la Real de una ilusión exagerada tras la vuelta de Asier Illarramendi a una profunda depresión. 
 
Y no tanto por no marcar ningún gol y sumar dos puntos en los tres primeros partidos, sino porque declaraciones como las realizadas por David Zurutuza y Carlos Vela esta semana demuestran que el buen ambiente que se vivía en el vestuario de Zubieta ha pasado a la historia como era previsible con los movimientos registrados en la primera plantilla realista en los dos últimos años.
 
Es desesperante ver jugar a la Real este año y compararla con la de 2013. Y la plantilla actual no es peor que la de entonces. Del equipo básico del cuarto puesto solo faltan Bravo, cuya ausencia Rulli cubre bien, y Griezmann. El problema es que desde la marcha de Montanier se han incorporado al primer equipo blanquiazul trece jugadores, cuando en las dos temporadas del normando solo llegaron desde fuera de Zubieta Mariga, por seis meses, Vela, Chory Castro y José Ángel. 
 
Se tiende a considerar que un fichaje es un refuerzo para una plantilla, pero la realidad es que cuanto más se ficha más se debilita la Real. Con tantos cambios de jugadores y entrenadores, el equipo ha perdido el estilo de juego que llevó a maravillar todo el año 2013, en los que las goleadas y el fútbol alegre eran habituales en Anoeta. Ahora no hay fútbol ni goles ni alegría.
 
Porque lo peor es que se ha perdido lo que hacía más fuerte a la Real. El buen ambiente y la alegría en el vestuario. Tener una primera plantilla de 25 jugadores, casi 27 si tiene en cuenta que Aritz Alustondo es el segundo lateral derecho y Ander Bardaji el tercer portero, es una bomba de relojería y han bastado tres jornadas para que quede en evidencia el descontento de algunos.
 
Se habla mucho de las bondades de la competencia, pero la realidad es que los mayores éxitos de la Real han llegado con un once bien definido como el del equipo campeón o el de Denoueix o el de Montanier. Luego había medida docena de jugadores que iban siempre convocados y jugaban segundas partes o cubrían las bajas y se completaba una plantilla de 22-23 jugadores con jóvenes o jugadores de la cantera que asumían su rol y no generaban problemas.
 
A nadie le puede sorprender que esté descontento Zurutuza tras tres semanas sin convocar, o Granero sin jugar un minuto y con una sola convocatoria, Agirretxe con 20 minutos… o Vela cuando ha visto que se iba de mala manera su mejor amigo en la plantilla, Elustondo. 
 
Y no es lo mismo tener una primera plantilla con 23 jugadores de los que solo siete no son canteranos, como en el año del cuarto puesto, que tener ahora 25 con doce no canteranos. Se han ido jugadores que eran importantes al dar un buen ambiente al vestuario como Zubikarai, Griezmann o Elustondo y han llegado muchos gallos. Además capitanes que debían ser importantes en el vestuario como Mikel Gonzalez o Ansotegi han perdido fuerza con la llegada de Diego Reyes. 
 
Y la llegada de jugadores con fichas muy altas provocan agravios como el que denunciaba Iñigo Martínez, que señalaba que no se le valoraba a él como a otros la pasada semana en otra entrevista. Y es que ni los que más juegan, como Iñigo Martínez o Vela, están contentos.
 
La Real se ha equivocado, sobre todo el año pasado, con las contrataciones de Canales, Granero y Finbogasson con contratos altos y por recomprar a un jugador especial como Carlos Vela por una cantidad muy alta. Además no se renovó a Elustondo y a Zubikarai antes de empezar la temporada y su marcha este verano no ayuda nada al vestuario. 
 

 

Y este año han venido más y más jugadores y así es muy difícil mantener ese ambiente que hacía especial el vestuario de Zubieta. Solo los resultados pueden darle alegría, pero es más difícil que lleguen si falla el ambiente en el grupo.
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