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Las hostias de la discordia

Como opino que el arte debe tener libertad absoluta para la creación, creo que la exposición que se ha hecho famosa por escribir con hostias la palabra pederastia está bien donde está. Sean consagradas o no.

Y como la función de la obra artística es ensanchar los espacios de libertad, creo que la polvareda levantada por la performance de Abel Azcona ha logrado algo muy difícil de conseguir: provocar emociones, sacudir conciencias y encender el debate.

La obra "Amén" ha trascendido de la sala de exposiciones a la calle y ha servido para hacer un retrato de nuestra sociedad, con actitudes timoratas y dispuestas a entablar un feroz combate moral, y actitudes un tanto tibias, más dispuestas a comprender las presiones que a defender las libertades. Así somos y en este debate nos hemos retratado también.

Dicen que haber utilizado hostias consagradas es lo que da "gravedad" a la muestra de Azcona. Por la premeditación. Es algo obvio. El artista se ha tomado su trabajo muy en serio para asistir a 232 misas donde conseguir otras tantas obleas sacramentadas.

Sinceramente, yo creía que eso no era relevante. Pero, vistas las consecuencias, voy a tener que reconocer que sí. Por si interesa a alguien, en internet, donde hay mercado para lo humano y lo divino, venden hostias en bolsas de 50 por 5,49  euros. Sin el misterio de la consagración, claro, pues este mercado es mucho más práctico. Se pueden comprar también sin gluten, aptas para celíacos, y hasta hay una oferta de dispensadores de obleas que, imagino, sirven para higienizar el acto de la comunión. Hay uno que lleva un sistema de tambor de carga que permite repartir 400 sin necesidad de recargarlo, como si fuese un revólver o un kalashnikov a lo bestia. Dicen que es perfecto para dar la comunión a soldados en situación de combate.

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