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Una campaña a contracorriente para los partidos solo vascos

Si las campañas de ámbito estatal siempre son más difíciles para las fuerzas solo vascas, la aparición de nuevos protagonistas en el escenario político y sobre todo mediático añade un nuevo hándicap para que su mensaje primero se escuche y luego se comprenda.

04/12/2015

Esta es una campaña a contracorriente para partidos con especial incidencia en Euskal Herria y para una gran parte del electorado vasco.

En primer lugar, es difícil dejar de lado el hecho de que al tiempo que comienza la carrera oficial por los votos, en la Audiencia Nacional se inicia otro juicio contra dirigentes y militantes independentistas, a los que se piden hasta diez años de cárcel por desarrollar su actividad política. Se trata –no convendría olvidarlo– de la venganza política del primer Gobierno de Zapatero por el desenlace del proceso negociador 2005-2007 entre ETA y el Estado y entre Batasuna y el PSOE. Mientras las conversaciones tenían lugar, la Policía espiaba la actividad política de estas personas. Al romperse la negociación, el PSOE se levantó de la mesa jurando que se lo harían pagar. Primero encarcelaron a Arnaldo Otegi. Después, el 4 de octubre la Policía española tomaba la localidad de Segura con la orden de detener a toda la dirección de Batasuna. Cuando se habla de las elecciones en términos tan cursis como los de «fiesta de la democracia», es preciso destacar que una de las opciones mayoritarias vascas tiene a dirigentes como el mencionado Arnaldo Otegi y Rafa Díez en la cárcel, a muchos otros inhabilitados para la elección pública y a 35 más con la amenaza directa de pasar diez años entre rejas.

La segunda característica que hace que estas sean unas elecciones a contracorriente en Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa es la de que gran parte de la proyección mediática que se realiza de las mismas poco o nada tiene que ver con nuestra realidad. Los debates, las encuestas y los análisis que nos rodean hablan de unos líderes y unos partidos que tienen un peso muy distinto en el ámbito estatal que en Hego Euskal Herria. Esto hace que las siglas de ámbito exclusivamente vasco, como EH Bildu, PNV y Geroa Bai, tengan que superar mayores obstáculos para que su mensaje pueda llegar al electorado al que va dirigido. Por contra, formaciones a las que ninguna encuesta atribuye aquí escaño alguno, como puede ser la «emergente» Ciudadanos, consiguen que su líder, Albert Rivera, entre diariamente en nuestras casas a través de las cadenas estatales de televisión.

También la superación del bipartidismo estricto tiene influencia en Euskal Herria. Se ha destacado siempre, y es cierto, que el bipartidismo no existía en nuestras circunscripciones electorales, donde el voto se ordenaba, aunque con distinto peso según momentos y coyunturas, en torno a cuatro tradiciones políticas, a las que en las pasadas elecciones forales y municipales vino a sumarse Podemos. Pero no es menos cierto que ante unas elecciones a Cortes Generales como estas, el hecho de que en el panorama estatal la batalla se centrara únicamente entre PP y PSOE hacía que quienes no comulgaban con ninguna de esas dos opciones tuvieran en el PNV y en EH Bildu una papeleta en la que refugiarse, aunque no estuvieran del todo de acuerdo con sus postulados. Digamos que PNV y EH Bildu podían servir para algunos de «voto de castigo» o de hastío ante el tándem PSOE-PP.

El hecho de que ese esquema se haya quebrado y aparezcan con fuerza nuevos actores en el panorama estatal influye aquí no solo en la elección de los convencidos, sino en las opciones que se les abren a los desencantados y a los críticos con los que hasta ahora se han turnado en La Moncloa.

Por eso es difícil dar por exactos los datos de reparto de votos y escaños en Euskal Herria que ofrecía ayer el sondeo del CIS. Con una muestra de más de 400 encuestas en cada uno de los territorios, aparecía como primera fuerza en Euskal Herria EH Bildu, con entre 6 y 7 escaños. Le seguían PNV y Podemos, con 5 representantes cada uno, el PSOE podría conseguir entre 2 y 3, mientras que el PP se quedaba con 2, los mismos que UPN.

Por territorios, en Araba PP, EH Bildu, PNV y Podemos se repartían un escaño cada una, quedando fuera el PSE, como ya han predicho también otras encuestas anteriores.

En Bizkaia, PNV, EH Bildu y Podemos lograrían dos diputados cada uno, mientras que los dos restantes quedarían uno para el PP y otro para el PSE.

EH Bildu ganaría en Gipuzkoa con 2 ó 3 escaños –siempre según el CIS–, el PNV obtendría 2, otro sería para Podemos y el del PSE estaría bailando. El PP se quedaría fuera.

Y en Nafarroa, el CIS pronostica que la coalición UPN-PP conseguirá 2 escaños (que son de UPN), mientras que PSN, EH Bildu y Podemos se repartirían los tres restantes. En este caso Geroa Bai se quedaría sin representación.

Aplicando la simple lógica, resulta difícil de aceptar que la irrupción de Podemos, con nada menos que 5 escaños, afecte sobre todo al PSOE y algo al PP con respecto a los resultados de hace cuatro años, y no tenga ninguna influencia en EH Bildu y PNV, que mantendrían la primera y segunda posición respectivamente, como en 2011. A nadie se le oculta que el tirón de Pablo Iglesias, aunque sea decreciente, influye en otras formaciones de izquierdas y más todavía en estas elecciones de ámbito estatal con una sobresaturación de supuestos «candidatos a la presidencia» en la mayoría de medios de masas.

Y esto nos devuelve al principio, a lo contracorriente que van a tener que nadar las fuerzas vascas sin casa-madre en Madrid. El PNV incidirá en la defensa del marco actual, frente a las aventuras independentistas catalanas y la recentralización que acomete el PP, al que se suma la amenaza al Concierto. Pero, en el fondo, los jeltzales saben que van a Madrid a tratar de ser influyentes para sus negociaciones. Para EH Bildu, entre tanto, los escaños no son un fin sino un medio para intentar mostrar la fuerza del independentismo de izquierda en Euskal Herria, cuando no se puede esperar ya nada del Estado.