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Josep Ramoneda
Filósofo y escritor

Después de media vida dando forma y contenido al Centre de Cultura de Contemporània de Barcelona (CCCB), Josep Ramoneda (Cervera, 1949) mira hoy en día la actualidad desde una segunda fila, rodeado de centenares de libros en un despacho de la «zona bien» de Barcelona. Observador privilegiado, plasma sus opiniones en columnas en ‘El País’ y ‘Ara’.

«La gran novedad es que el PP pierde el monopolio del voto conservador en Catalunya»
Beñat ZALDUA|13/12/2015
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Josep Ramoneda.

«La unificación de la derecha en el PP es lo que hacía pensar que la derecha podía ser hegemónica»

«Los que dicen que no hay izquierda ni derecha son siempre de derechas. Esta es una ley universal»

«O la izquierda se repiensa y asume los retos de hoy en día o los asumirá Marine Le Pen y seguiremos hacia el autoritarismo postdemocrático»

«La crisis que abre Catalunya con el proceso de independencia es la anticipación de la crisis del régimen político de la transición»

Más amigo de las corrientes de fondo que de las efímeras olas, Ramoneda considera que, pese a la probable victoria del PP el 20D, la fragmentación del voto de la derecha abre un escenario inédito en el Estado.

¿El 20D es el funeral del bipartidismo o mejor esperamos?

Habrá que ver. Lo que se pondrá de manifiesto es el agotamiento de un modelo que tiene una explicación en su origen: el terror a que la democracia volviese a durar en España quince días. Así nació este régimen articulado sobre dos grandes partidos muy jerárquicos, en el que el Ejecutivo predomina manifiestamente sobre el legislativo e incluso el judicial.

¿Por qué se agota este régimen?

Se ha hecho irrespirable. El cierre de las élites sobre si mismas ha quedado en evidencia cuando la crisis acabó con esa fantasía de que todos éramos una inmensa clase media. Pero la gran novedad es que una parte de los movimientos sociales no se ha conformado con un papel decorativo del sistema, sino que ha decidido dar el paso y disputar el poder político. Eso es lo que provoca el agujero en la muralla del búnker bipartidista. A partir de aquí es difícil decir qué pasará. Veremos unas emergencias que desaparecen y otras que se consolidan. Y veremos también desapariciones que parecían imposibles. En Catalunya los dos partidos que articulaban el régimen, Convergència y el PSC, están en vías de salida. La crisis que abre Catalunya con el proceso de independencia es la anticipación de la crisis del régimen político de la transición.

Entiendo que es Podemos quien rompe la muralla del búnker, pero ¿qué ocurre si quien entra es Ciudadanos? ¿Se amplía la brecha o más bien se reconstruye la muralla?

Que Podemos haya abierto el agujero no quiere decir que sea el primer beneficiario. Ciudadanos es, políticamente, el gran fracaso de Rajoy, que dilapida la gran herencia que le dio José María Aznar. Aznar consiguió la unificación de la derecha española en un solo partido y sobre esa base se mantuvo ocho años. Eso era lo que hacía pensar que la derecha podía ser hegemónica largamente en este país. Ciudadanos durará más o menos, pero rompe el monopolio del voto conservador del PP y eso es de una gran envergadura, porque le dificulta la gobernanza.

Pero también plantea muchos interrogantes. Fuera siempre explicamos que en España no hay un partido de extrema derecha porque todo estaba en el PP. ¿Ahora dónde está la extrema derecha? ¿En el PP? ¿En Ciudadanos? ¿O a raíz de todo esto saldrá la extrema derecha que no teníamos?

¿Cómo explica el auge de Ciudadanos en un año?

La crisis y las políticas de austeridad juegan, porque el PP tenía su fuerza en unas clases medias que se han partido por la mitad. Y no ayuda el inmovilismo de Rajoy. Difícilmente se consiguen éxitos a base de no hacer política. Ciudadanos ha visto el espacio y lo ha ocupado como un gas. Ahora falta ver si es capaz de licuarse o materializarse, porque si no el gas, tal y como se expande, se vuelve atrás.

Por lo tanto, es Ciudadanos quien parece entrar mejor por el agujero hecho por Podemos. ¿Qué ha pasado con los de Pablo Iglesias?

Su primer error fue creerse las famosas encuestas de después de las europeas, que decían que arrasarían en las generales y que eran perfectamente no creíbles. Los resultados que les dan las encuestas, objetivamente, son extraordinarios. Junto a Izquierda Unida, sitúan a la izquierda del PSOE prácticamente al mismo nivel que los socialistas. Pero claro, si tus expectativas eran que ibas a arrasar...

Tanto Ciudadanos como Podemos rehuyen definirse en el eje izquierda-derecha. ¿Es eso la nueva política?

Es uno de los errores de Podemos. Los que dicen que no hay izquierda ni derecha son siempre de derechas, esto es una ley prácticamente universal. Y por lo tanto, entiendo perfectamente que Ciudadanos lo diga. Me cuesta más en el caso de Podemos. Por mucho que me lo expliquen, yo todavía veo que la dialéctica de clases pesa más que las dialécticas identitarias. La prueba es Catalunya, donde los empresarios han descubierto súbitamente la lucha de clases cuando la CUP ha empezado a ser un partido influyente y han salido con el ‘Catalunya, antes española que roja’.

Hace cuatro años nos dijo que, en siete años, Zapatero no recortó ni un milímetro la hegemonía del PP. ¿Ve al actual PSOE capaz de hacerlo?

No. El PSOE actual está inmerso en un gran desconcierto, que tiene cosas específicas, pero que también tiene que ver con la crisis general de la socialdemocracia en Europea. Compró el discurso de la derecha de que no hay alternativa y se instaló en una cómoda alternancia que ha acabado perjudicando mucho más a la socialdemocracia, porque para hacer políticas de derecha, ya está la derecha.

Hay que repensar muchas cosas. Una cosa es que ahora mismo no haya una alternativa al sistema y otra cosa es que no pueda haber alternativas políticas. En el horizonte están apareciendo una serie de cuestiones que habrá que afrontar y que pueden dar pie a plantear alternativas. Está la cuestión del trabajo, que es difícil encontrar y que ya no garantiza una vida digna, lo cual había sido la vía de legitimación del sistema capitalista. También la desigualdad, la inmigración y las políticas demográficas. O se les da respuesta desde la izquierda o seguimos hacia formas de autoritarismo postdemocrático. Porque si no lo asume la izquierda, lo asume Marine Le Pen.

Podemos, Syriza, Corbin... ¿son intentos en este sentido?

En parte sí. Yo no sé hasta dónde llegarán, pero todos ellos son sintomáticos de la necesidad de alternativas. O estas pequeñas rupturas son un inicio y entramos en una fase de recuperación de la democracia, o pasa el momento y volvemos a la política del vacío. En el fondo, el problema es si la política tiene o no capacidad de autonomía respecto del poder económico, porque el gran problema de gobernanza ahora mismo es que el poder económico está globalizado y el poder político sigue siendo nacional y local. Por ello, todo lo que no sean propuestas articulables a nivel europeo tienen muy pocas salidas.

 Ha criticado con fuerza la Declaración de ruptura del Parlament. ¿Por qué ?

Supone una incomprensible aceleración estratégica del proceso independentista. Maquiavelo ya explicó que la política es el sentido de la oportunidad, y si te equivocas con dicho momento de oportunidad, la castaña está asegurada. Y aquí se ha querido hacer como si se tuviese una mayoría suficiente para acabar en la independencia cuando los números no salían.

También ha apuntado que supone perder el principio de realidad...

Cuando tienes un proyecto, como el de la independencia en este caso, pero no tienes instituciones con capacidad coercitiva para imponerla, ni el apoyo del gran poder empresarial, ni complicidades internacionales, lo único que tienes es el voto de los ciudadanos. Ya lo dijo el ‘Financial Times’ con mucho sentido: lo único que puedes presentar es un número de votos que hagan moralmente irrebatible tu reivindicación. Podemos discutir si debe ser el 60 o el 55%, pero el objetivo debe ser acumular dicho capital. Para eso hay que ampliar, no restringir.

Después hay una cosa que es cada vez más inaceptable: es el doble lenguaje. Es inadmisible que se haga una Declaración como la que se hizo y que las mismas personas que la aprobaron vayan diciendo luego a los corresponsales extranjeros que ya saben que la independencia no está en el orden del día. En pocos días me lo dijeron tres, de los diarios más importantes del mundo. Lo que queda de fondo es que el tema central de verdad en Catalunya ya no es la independencia, sino la lucha entre Esquerra y Convergència por la hegemonía en el campo soberanista.

¿Y qué solución ve? ¿Volver a la demanda del referéndum?

Generaba un consenso de entre el 70% y el 80%, y en vez de jugar esta carta hasta el final, a la primera de cambio se ha acelerado y el apoyo ha bajado al 48%. En vez de un proceso de agregación, es un proceso de resta. Ha habido una aceleración que no ha tenido en cuenta la realidad del país, que es que a día de hoy no existe una mayoría suficiente como para hacer de la independencia una realidad incuestionable. Y el riesgo de esta estrategia es que genera falsas expectativas que pueden acabar en una gran frustración. Aunque lo cierto es que es muy ciclotímico todo lo relacionado con el proceso.