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Donostia funciona, ¿Quizás demasiado?

Una auténtica carambola dio a Bildu la Alcaldía de Donostia en 2011. Los agoreros no han acertado. El empleo ha crecido, las ayudas se multiplican, al fin hay un plan para el Urumea, la convivencia es un hecho... Resultado: Bildu tendrá muy difícil seguir mandando.

Ramón SOLA|DONOSTIA|10/05/2015
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El equipo de gobierno realizó una inédita rendición de cuentas en el Atano ante centenares de personas. (Andoni CANELLADA/ARGAZKI PRESS)

Es un misterio todavía no resuelto del todo. Aquel 11 de junio de 2011, los abertzales de izquierda alcanzaban por vez primera la Alcaldía de una capital vasca: Donostia. Era el colofón a un gran resultado electoral, pero también la consecuencia de una carambola inverosímil. Bildu tomaba el mando como fuerza más votada con solo ocho concejales sobre 27, frente a siete del PSE, seis del PNV y otros tantos del PP. Es decir, con el mínimo posible de ventaja sobre el resto pero con el máximo de oposición enfrente. Resulta claro que el PNV, dado que no había podido disputar a Bildu la Diputación de Gipuzkoa por el amplio margen de escaños existente, entendió que no era coherente, elegante o justificable arrebatarle la Alcaldía de la capital. Pero parece muy creíble que además diera por seguro que aquel equipo de Gobierno se iba a estrellar con su inexperiencia, más aún en un momento de agudísima crisis que amenazaba con estrangular cualquier presupuesto.

Quien más quien menos miraba con recelo a aquel alcalde que llegaba a diario al Ayuntamiento en moto ¡y desde Igeldo!, o a los tres ediles veinteañeros (Naiara Sampedro y Axier Jaka tenían apenas 27 años y Nora Galparsoro, 24). La hemeroteca de las semanas siguientes recoge los vaticinios más catastróficos y muestra cómo cada primer paso del Gobierno local se miraba con lupa.

Han pasado cuatro años desde entonces. Las cuentas de la ciudad han mejorado. Los datos de empleo muestran que desde 2012 el paro se ha reducido y que en ello algo tienen que ver las políticas municipales, habitualmente inexistentes. Las ayudas sociales se han multiplicado por cuatro. Si 2011 fue el año de las grandes inundaciones en Martutene, 2015 ha sido el de la puesta en marcha del Proyecto Urumea, destinado a resolver definitivamente este problema secular. La estación de autobuses, proyecto paralizado dos décadas, está en marcha. Se ha hallado una primera solución transitoria para el viaducto de Carlos I que divide Amara. El turismo, clave en esta ciudad, bate récords año a año. La mejora de la convivencia ciudadana es una evidencia creciente en cada Aste Nagusia. La capitalidad cultural europea pondrá aún más focos sobre la ciudad. Incluso una de las calles de su Parte Vieja, 31 de Agosto, acaba de ser designada una de las diez mejores rúas europeas por ‘‘The New York Times’’. En todo ello algo tendrá que ver la famosa «flor» del alcalde Izagirre (al que le cayó Donostia 2016 apenas dos semanas después de tomar el cargo), pero algo también ha debido hacer bien el Consistorio.

Y sin embargo, o precisamente por eso, Bildu no tiene nada segura la reelección. Es más, se vaticina que si se repitiera aquella endiablada combinación, esta vez sí el PNV pugnaría y le arrebataría la Alcaldía. Las exigencias de la alta política mandan y tanto en la sede jelkide como en otros núcleos de poder donostiarras se verbaliza auténtico pavor ante la posibilidad de que Bildu se estabilice al frente de la ciudad. Entienden que los cambios producidos en cuatro años son reversibles, pero los más profundos que depararían dos legislaturas seguidas serían ya mucho más difíciles de revocar.

De los acuerdos al cuestionamiento

Ya está dicho que, más que un premio, aquella Alcaldía corría el riesgo de ser un enorme «marrón» para el soberanismo de izquierdas, por la precariedad de sus ocho votos frente a diecinueve. Sin embargo, la voluntad de Izagirre de construir puentes desde el primer momento enterró tabúes y venció resistencias con cierta facilidad. Como prueba más concluyente, Bildu sacó adelante los presupuestos de 2012 con los votos del PNV, los del 2013 con el PSE, los del 2104 de nuevo con el PNV, y los de 2015 los ha puesto en marcha en solitario gracias a algunas partidas extraordinarias como el plan de inversiones que saldrá adelante en junio.

Solamente en esta recta final de legislatura el Gobierno de Bildu ha sido castigado con reiteración: imponiendo el recurso a los tribunales contra la desanexión decidida libremente por los vecinos de Igeldo, corrigiendo las tasas y limitando así los ingresos municipales, o aprobando una reforma estructural para dividir la ciudad en cuatro distritos que se llevarán gran parte del presupuesto municipal en detrimento de la racionalidad del gasto y del valor dado por Bildu a los barrios. Y sumado todo a la negativa a apoyar los presupuestos de 2015.

Tanto esta profusión de acuerdos a tres bandas como las propias connotaciones del asunto de los distritos, donde el PNV ha dado su brazo a torcer ante una antigua demanda del PP, hacen pensar que se va engrasando poco a poco la maquinaria del relevo en Alderdi Eder. Y que si se consuma, será un cambio radical, en el que los jelkides aceptan incluso devolver a Ilunbe las corridas de toros, suprimidas en 2013 por el Ayuntamiento en una medida que no había provocado ninguna contestación ciudadana sino más bien al contrario, igualmente para regocijo del PP y la caverna mediática española. No serán los últimos fantasmas del pasado que retornen; el PSE también ha sacado del cajón el proyecto de pasarela del Monpas (Ulia) que parecía definitivamente olvidado tras ver los enormes destrozos del oleaje en la costa y toda la ría en febrero de 2014. En este escenario de acoso y derribo, hasta el traslado a allí mismo (Sagues) de la Paloma de la Paz, que había sido aprobado inicialmente por el Pleno, se ha cuestionado.

El caso de Altza

Aunque ha tenido menos eco que algunas de las cosas citadas, el Gobierno de Izagirre se siente especialmente satisfecho de actuaciones de combate contra la crisis y en favor de los sectores más desfavorecidos. La memoria de 2014 recientemente conocida refiere que las ayudas sociales han pasado esta legislatura de 220.205 a 783.136 euros, y las familias atendidas, de 239 a 679.
El paro en la ciudad alcanzó el pico máximo en 2012, con un 15%, pero se ha reducido en 2013 y 2014, antes de que comenzara el repunte económico general. El Ayuntamiento puso en marcha justo desde 2012 planes de estímulo con la peculiaridad de centrarse en las empresas, servicios y sectores propios más que en el desembarco o fichaje de compañías ajenas. E invirtiendo sobre todo en las zonas que más lo necesitaban, como el barrio de Altza, lo que ha tenido el efecto extra de empezar a reequilibrar una ciudad con demasiadas diferencias.

La campaña ha dado resultado, con más de 3.000 puestos de trabajo creados en Donostia o 900 nuevas empresas apoyadas (el 70% de las cuales se mantienen). A estos planes se han dedicado ya 26 millones de euros, que se dan muy bien invertidos. En paralelo, la inexistencia de recortes en políticas sociales y económicas se ha convertido en otra seña de identidad, con la única excepción de un descenso puntual en gasto de mantenimiento en 2012, el año más complicado.
El plus del alcalde

Los datos también hablan por sí solos en torno a la figura del alcalde y candidato a la reelección. Lógicamente Juan Karlos Izagirre era el menos conocido de todos los regidores de las capitales hace cuatro años, una figura minúscula ante el peso de referencias como el fallecido Iñaki Azkuna. Cuatro años después, varias encuestas le sitúan ahora en cabeza en conocimiento y en valoración.

Médico, activista de barrio y solidario con causas como la del Sahara, Izagirre rompió moldes desde el minuto uno. No solo porque celebrara su designación como alcalde con un bertso y cambiara el chocolate con churros de las recepciones oficiales por sidra y pinchos de tortilla en su apuesta decida por los productos locales, sino sobre todo por derrumbar trincheras políticas, propias y ajenas (en su primera visita a Iruñea, tendió la mano a Yolanda Barcina, que eludió estrechársela). En su primer mes como alcalde, en Sanjuanes, puso a representantes de todos los grupos de la Corporación a bailar una antigua euskal dantza en la Plaza de la Constitución, patrocinó una cumbre de alcaldes por la paz de todo el mundo y ha fomentado unas fiestas para todos y más populares, superando crispaciones anteriores.

En cualquier caso, no es ya solo un alcalde jatorra, sino que Izagirre empieza a ser reconocido por su referencialidad política y perfil propio más allá de Donostia. Así, lidera la respuesta a la estrategia electoralista basada en la xenofobia del primer edil de Gasteiz, Javier Maroto. Hasta el punto de que el PP lo ha llevado a los tribunales por recordarle cómo la Guardia Civil «recibe a tiros a los inmigrantes» al otro lado del Estrecho.

El factor Izagirre, por tanto, es una baza extra de Bildu frente a un Eneko Goia (PNV) enmudecido ante los escándalos de Bidegi; un Ernesto Gasco (PSE) que fue aupado a la portavocía municipal sin haber sido siquiera elegido concejal; y Miren Albistur, resultante de un extraño golpe interno en el PP. Podemos no auspicia lista en Donostia.

Goia en 2011: «El tiempo de los frentes ha acabado»

«El tiempo de los frentes ha terminado». Así se expresaba el cabeza de lista del PNV entonces y ahora, Eneko Goia, en el pleno de investidura de hace cuatro años. Se declaraba convencido de que en lo sucesivo ya no habría pactos antinaturales, pero está por ver que ahora siga suscribiendo la misma opinión. En sus primeros actos de campaña ha expuesto exactamente lo contrario, afirmando que la prioridad es «acabar con el ‘ordeno y mando’ de Izagirre», y tras pintar una imagen de la ciudad que parece bastante poco reconocible: «Han traído bronca, desencuentro, imposición y sectarismo». El candidato del PNV apostilla que estos cuatro años de Bildu deben entenderse como «un experimento» que ahora toca a su fin. El propósito, por tanto, parece muy evidente, pero otra cosa será lo que deparen los números en la noche del 24M, cuál de las dos candidaturas llega en cabeza a la constitución municipal del 13 de junio y si aparece algún nuevo grupo como Irabazi que mueva la relación de fuerzas. Lo que parece casi seguro es que Goia tendría que apoyarse tanto en PSOE como en PP.R.S.

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