20/03/2016

Reportage
LA CIUDADANÍA, ANTE EL BREXIT
El futuro de Gran Bretaña se decide en la calle

Conocemos los argumentos de la clase política para apoyar o criticar la posibilidad de que Gran Bretaña abandone la Unión Europea, pero, ¿qué opinan quienes realmente decidirán sobre ello? La ciudadanía británica comparte con 7K sus impresiones sobre la que será la decisión más importante de su historia reciente.

María Suárez
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Dalish nació en Cardiff, estudió en la Universidad de Londres y actualmente trabaja como economista en una empresa del sur de la ciudad. El referéndum sobre la permanencia de Gran Bretaña en la Unión Europea es uno de los asuntos más tratados en sus conversaciones alrededor de unas pintas de cerveza con sus amistades, a la hora de la cena con sus compañeros de piso y, de manera más técnica, en el trabajo. «¿Me preguntas qué voy a votar el próximo 23 de junio? Voy a votar por la permanencia en la Unión Europea, pero no por los argumentos populistas que esgrime David Cameron, sino porque lo veo más beneficioso económicamente», señala Dalish convencida. Su amigo Saleem, que ha preferido contestar en segundo lugar, asiente mientras tanto y añade que «es cierto que pagamos gran cantidad de dinero por el simple hecho de ser miembros de la UE, pero también nos beneficiamos mucho de ello». Saleem nació en Londres, aunque tiene ascendencia paquistaní.

El debate sobre la relación entre Gran Bretaña y Europa está a la orden del día, no solo en los medios de comunicación, sino también en las conversaciones habituales entre la ciudadanía. Y las cifras lo confirman. Según la última encuesta de Ipsos Mori, Europa constituye la octava preocupación para la ciudadanía británica, por delante del desempleo (cuya tasa actualmente en Gran Bretaña es de algo más del 5%) y de la cuantía salarial de los trabajadores. Y aunque la encuesta revela que la ciudadanía sitúa por encima la educación, el sistema de salud o la pobreza como los principales problemas de Gran Bretaña, la preocupación por Europa se encuentra en el nivel más elevado desde 2005, año en el que se votó –y rechazó– la fallida Constitución Europea. «La preocupación de la ciudadanía por Europa se ha ido incrementando a medida que los medios de comunicación han comenzado a informar de las negociaciones de David Cameron con Europa y del referéndum del 23 de junio», explica a 7K Giddeon Skinner, jefe del departamento de Investigación Política de Ipsos Mori. Sin embargo, el tema estrella que concierne a la población británica es la inmigración, que supone la principal preocupación para casi la mitad de la muestra encuestada. «Evidentemente que la inmigración tiene que ver con Europa y hemos visto cómo los temores sobre ello han ido ascendiendo desde que en verano comenzó la crisis de los refugiados en el continente. De hecho, la restricción del libre movimiento es una de las reformas a las que las encuestas otorgan más respaldo. Sin embargo, el asunto de la inmigración no solo se queda en Europa, es un campo mucho más amplio», aclara Skinner.

Pero no toda la ciudadanía tiene claro qué papeleta introducirá en la urna el próximo 23 de junio. Según los datos de las últimas encuestas que prácticamente cada semana se publican en diferentes medios de comunicación, existe al menos un 20% de población que todavía no tiene decidido si votar por el «Sí» o por el «No» a seguir siendo parte del club de los Veintiocho. Un porcentaje que, para Aaron Winter, doctor en Sociología y profesor de la University of East London, «no supone una cifra muy elevada, teniendo en cuenta que las campañas por ambas opciones acaban de comenzar, que la fecha del referéndum se acaba de establecer y que todavía hay muchos interrogantes en este asunto». En declaraciones a este medio, Winter destaca que, en todo caso, el porcentaje de personas indecisas está demandando «más información, espera comprobar cómo se van desarrollando ambos polos del debate y también está el sector que se identifica con las ideas de una de las corrientes, pero cree adecuado recibir más datos sobre previsiones, argumentos y pruebas de quienes defienden la idea contraria antes de adoptar una decisión definitiva, o antes de comunicar su sentido de voto a quienes realizan las encuestas». De esta manera, el porcentaje de indecisos podría ser incluso menor que el «uno de cada cinco» que se viene mostrando hasta ahora.

Euroescépticos, también de izquierdas. Winter cree necesario, además, diferenciar los perfiles de quienes hasta ahora han mostrado su lado euroescéptico, que se articulan de diferente manera según la ideología. «Hay personas euroescépticas que argumentan sus ideas sobre conceptos como la soberanía nacional, la identidad o la inmigración, y también hay quienes respaldan sus opiniones con justificaciones acerca de la burocracia o el coste que supone ser miembro de la UE». Y claro está, ambas corrientes pueden tender a solaparse. Asimismo, Winter alerta de que los argumentos antimigratorios «se basan en razones prácticas como el empleo, la seguridad, los costes del bienestar... Pero podría llegar a convertirse en una forma de xenofobia». Y el problema radica en que aquellos que hacen campaña por salir de Europa con ideas de ultraderecha como el UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido), han estado utilizando, no solamente ahora, sino durante años, el terror y el odio hacia la inmigración y la alarma que, a su juicio, crearía la apertura de fronteras. «Esto ha convertido el asunto de la inmigración en una falsa forma de chivo expiatorio que aleja de los problemas reales socioeconómicos a los que se enfrenta Gran Bretaña», alerta el también experto en movimientos migratorios. La campaña de este tipo de formaciones «ha desempeñado un papel esencial para conducirnos hasta el punto en el que nos encontramos –explica–, por no mencionar todo lo que se ha dicho de la crisis de los refugiados sirios». Aun así, Aaron Winter cree necesario destacar otro movimiento que no está teniendo tanta cobertura en los medios tradicionales británicos: «Hay grupos de izquierdas que apuestan por la salida de la UE y sus argumentos no se basan en la antimigración. Todo lo contrario, critican la escasa respuesta de Europa en este aspecto, además de rechazar las políticas neoliberales y de austeridad» que la Unión Europea ha venido imponiendo.

Tim es afiliado del Respect Party, el partido de ideas izquierdistas y progresistas formado hace una década por George Galloway tras ser expulsado del Partido Laborista por su oposición férrea a la guerra de Irak en 2003. Tim votará por la ruptura con la Unión Europea, apostará por el Lexit, término que engloba el apoyo a la salida de Gran Bretaña de la organización interestatal con argumentos de izquierdas. «La gota que colmó el vaso fue el aplastamiento sufrido por Grecia después de su referéndum del pasado mes de junio, la presión ejercida por instituciones de la UE, el Banco Mundial y el FMI», asegura, al tiempo que sentencia que «todo ello nos ha convencido de que la pertenencia a la Unión Europea es una grave amenaza para las aspiraciones democráticas de los pueblos de cada estado miembro».

El Respect Party teme que «si, como esperamos, el electorado británico elige a Jeremy Corbyn como primer ministro en las próximas elecciones generales de Gran Bretaña previstas para 2020, muchos de los elementos centrales de su política económica podrían ser declarados ilegales bajo las reglas de la UE». Por tanto, desde la formación se alerta, bajo los ejemplos de precedentes como Grecia, Italia o Portugal, «del peligro que existe de que el gobierno elegido democráticamente termine siendo revocado y sustituido por tecnócratas no elegidos por el pueblo».

«Votaré y me marcharé». Hari es nacido en India y desde hace un año, estudia Periodismo en Londres. Tiene intención de completar sus estudios durante otro año más y después regresará a su país a intentar encontrar un empleo como periodista. Sonríe cuando escucha la pregunta sobre su sentido de voto el próximo mes de junio. «Yo votaré a favor de que Gran Bretaña siga siendo miembro de la Unión Europea», pero lo que a Hari le sorprende de este referéndum es otro aspecto. «Sinceramente, me resulta curioso que pueda votar por el futuro de este país cuando dentro de un año regresaré a la India y sin embargo, otros ciudadanos de la UE que residen en Gran Bretaña y lo seguirán haciendo durante años, no van a poder opinar sobre sus preferencias de manera vinculante», señala. Los habitantes de India, al ser un país miembro de la Commonwealth, pueden ejercer su derecho a voto en el referéndum con la condición de llevar al menos seis meses residiendo en Gran Bretaña. «Es algo que hemos tratado en clase –asegura Hari– y es curioso, porque yo estudio con ciudadanos europeos, como alemanes o italianos, que viven aquí y no podrán votar. En cambio yo, que no soy miembro de la UE, sí podré hacerlo, aunque me vaya a marchar y no vuelva a pisar jamás Europa».

Y ese es un aspecto destacable de este referéndum que también ha generado algo de polémica. Podrán votar los ciudadanos británicos, de países miembros de la Commonwealth, además de los habitantes de Chipre, Malta e Irlanda. También acudirán a las urnas aquellos británicos que lleven menos de quince años residiendo en el extranjero. Unas condiciones que dejan a muchos residentes en Gran Bretaña sin posibilidad de votar. Según el último censo (2011), el 12% de la población de Gran Bretaña es inmigrante y se da por seguro que la cifra ha ascendido en estos últimos años. Del total de la ciudadanía inmigrante, un 40 por ciento reside en la ciudad de Londres. La nacionalidad más común es la india. Le siguen otras europeas, como la polaca o la alemana. En este sentido, la Asociación Deutsche In London (Alemanes en Londres) explica su descontento con los requisitos para votar en el referéndum. El portavoz de la asociación, Stonki un Jade, es muy crítico con la postura «histórica» de los principales partidos británicos, tanto el Conservador como el Laborista, que tradicionalmente «han culpado a Bruselas de sus propios errores». Jade asegura que puede llegar a entender «que se haya decidido que los ciudadanos sin pasaporte británico estén excluidos de la votación, pero ¿por qué los ciudadanos de la Commonwealth pueden hacerlo? Es otro enigma que habrá que preguntarle a Mr. Cameron».

A raíz del descontento generado en un sector de la población, una ciudadana ha registrado una petición en el Parlamento de Westminster pidiendo al Gobierno de Cameron que reforme la legislación para permitir participar en el referéndum a la ciudadanía de la Unión Europea residente en Gran Bretaña. La petición ha superado las 20.000 firmas. Si la propuesta llegara a ser respaldada por más de 100.000 firmas, la ley obliga al Parlamento a debatirla.

Dentro del espectro político, también se han criticado estas condiciones de voto. El propio ex primer ministro de Escocia Alex Salmond y actual miembro del Parlamento de Westminster por el Partido Nacional Escocés ha denunciado en más de una ocasión estas condiciones, recordando que ante el referéndum sobre la independencia de Escocia de Gran Bretaña celebrado en 2014, «todo ciudadano residente en el Estado escocés mayor de 16 años podía ejercer el derecho a voto». Salmond considera que el mismo criterio debería seguirse en este próximo referéndum.

Euroescéptico «tipo». Roger apura su cerveza en la terraza de un pub de la zona de Chiswick, una de las áreas residenciales más exclusivas de Londres. Aunque en un principio se muestra reacio a compartir su opinión, con la condición de que su voz no sea grabada, finalmente acaba declarando brevemente que «la culpa no es de los inmigrantes, sino de los gobiernos que han adoptado políticas de bienvenida a cualquiera que llegara al país». A la pregunta «entonces, ¿usted votará por salir de la Unión Europea?», Roger responde con un tajante «Of course. I will» (Pues claro que lo haré).

A pesar de las corrientes de izquierdas euroescépticas que apuestan por el mencionado Lexit, el auge y la campaña del terror a la inmigración de UKIP ha hecho que el perfil «tipo» del euroescéptico se clasifique como una persona de edad avanzada, que habita en zonas fuera de Londres, principalmente en el sureste de Inglaterra, de ideología conservadora y con algunas ideas afines a la formación euroescéptica de derechas.

Dildar ha venido desde Pakistán para estudiar en Londres. «A mí lo del Brexit me importa poco. Primero, porque no puedo votar y segundo, porque creo que la ciudadanía inmigrante que viene desde Pakistán se enfrenta a unos requisitos injustamente duros para residir y trabajar en Gran Bretaña. Yo estudio aquí y cuando termine, me obligan a regresar a mi país. Las fronteras están cerradas para nosotros», explica.

El de Dildar es otro perfil que abunda. Como él, miles de ciudadanos originarios de fuera de Europa que residen en el país y que ven, en ocasiones con estupor, cómo la política del continente se centra en aspectos que para ellos están a años luz de conseguir y, lo peor de todo, carecen de figura o institución alguna que les apoye para defender o reivindicar unas políticas más aperturistas que garanticen un futuro más allá de una mera estancia temporal en el país.