Mikel Zubimendi
Aktualitateko erredaktorea / redactor de actualidad
«TIEMPOS MODERNOS», 90 AÑOS DE RADICALIDAD CONTEMPORÁNEA

Sátira anticapitalista de brutal actualidad

«Tiempos Modernos», legendaria película de Charles Chaplin, trascendió la pantalla grande para meterse de lleno en la cultura popular. Obra maestra intemporal del artista más grande del cine mudo y del maestro de la pantomima, sigue vigente e impactando a la audiencia 90 años después de su estreno.

(Berastegi Bettmann - Getty Images)

Extenuado por el frenético ritmo de la cadena de montaje en una gigantesca fábrica donde aprieta tornillos, un obrero metalúrgico enloquece. Tras recuperarse en un hospital, sale y es encarcelado por participar en una manifestación en la que se encontraba por casualidad. Una vez fuera, reemprende la lucha por la supervivencia en compañía de una joven huérfana que roba comida y conoce en la calle, personaje interpretado por la actriz Paulette Goddard. Es la gran paradoja de “Tiempos Modernos” (y de los nuestros también): elegir entre perder la cabeza y deshumanizarse dentro del sistema o mantener la cordura y la dignidad al margen de él.

Convertido en una suerte de etnógrafo del capitalismo, de los desheredados y los más desfavorecidos, Charles Chaplin abarca esos temas con enorme sensibilidad, dando lugar a un drama serio pero también a situaciones de comedia que no banalizan el resultado global, sino que lo hacen más abierto al público general. Su mirada y su manera de narrar los problemas sociales lograron crear una radiografía certera a través de sus películas, una crítica social al sistema capitalista y a la enajenación que la explotación laboral le produce al trabajador.

En “Tiempos Modernos”, la firma de Charles Chaplin es omnipresente. Director, guionista y responsable de la sonorización, es una de las películas más aclamadas del genial cineasta británico. Ambientada en la época del crack económico de 1929 de EEUU, durante la Gran Depresión, satiriza al llamado Fordismo, un modelo en el que el trabajo especializado se reduce a hacer siempre y solo una cosa; en el caso del protagonista, Charlot el vagabundo, el giro de una tuerca. Aunque parezca sencillo, este repetitivo y grotescamente rutinario trabajo hace perder la cabeza, trae males mentales, crisis de nervios y desquicio total de la persona.

La película mantiene la mayoría de la trama dentro de los códigos del cine mudo, pero añade breves momentos de diálogo y ruidos, robóticos, distantes, fríos, provenientes de las máquinas. Es la primera película de Chaplin en la que se puede escuchar su voz. El personaje del vagabundo Charlot canta una versión de la canción de Léo Daniderff, “Je cherche après Titine”, pero con una lengua inexistente conocida como “charabia”, cuyos sonidos son una especie de mezcla entre francés, italiano, alemán, ruso e inglés.

Cartel original de la película «Tiempos Modernos». Silver Screen Collection

HACE REÍR INVITA A PENSAR

La extraordinaria modernidad de esta película es asombrosa. En el personaje del vagabundo emerge una humanidad extraordinaria, es una persona débil que, sin embargo, tiene mucha poesía en él, ligada a la bondad que muestra. Chaplin, con la creación de este personaje, el tímido marginado, el educado clochard, dio vida a una figura original: pobre, solitaria, dispuesta a amar al prójimo, incluidos los animales callejeros.

“Tiempos Modernos” es una obra maestra que, a 90 años de su estreno, parece hablarnos del presente. Es una sátira brillante sobre la locura de la industrialización, el desempleo y la lucha incansable por la dignidad humana. Una película que nos hace reír mientras nos invita a pensar.

El metraje comienza con un enorme reloj que recuerda al espectador el paso del tiempo, obstinado y perseverante, que ordena nuestros días. En la «modernidad», la que reflejaba Chaplin y también la que vivimos hoy, se han cambiado las manecillas por números digitales, pero el reloj sigue marcando el latido de nuestra sociedad capitalista e impone puntual las tareas y el trabajo.

Frente a la alienación del servilismo capitalista, Chaplin muestra cómo el amor ofrece la salvación. Habla de un amor que tiene que ver con la solidaridad y la ayuda mutua. Un amor que se ve reflejado en las relaciones humanas como herramienta de dignificación del ser humano, frente a la cosificación del sistema.

Fotogramas de una obra eterna, un alegato de la persona frente a la máquina, sátira atemporal sobre la industrialización y el capitalismo desalmado. Bettmann | Getty Images

CRÍTICA DEL CAPITALISMO

Hilarante sátira del capitalismo, la delirante ficción cómica de Chaplin capta con gran fuerza representativa -acaso con mayor potencia evocadora que el realismo- la violenta racionalidad intrínseca a la organización capitalista del trabajo.

Quizá de ahí procede, quién sabe, de esa capacidad del clown de captar la racionalidad capitalista y la tesitura de la vida moderna con su mímica muda y maravillosa, por la vía del absurdo, el interés y la fascinación que muchos pensadores marxistas o figuras del pensamiento crítico han mostrado por la obra general de Chaplin. José Carlos Mariategui, Vladimir Lenin, Theodor Adorno, Hannah Arendt, Eduardo Galeano, entre muchos otros, reflexionaron sobre una obra que encontró en el cine el horizonte discursivo para problematizar el capitalismo y para revelar su violencia inherente. De hecho, el nombre del periódico dirigido por Jean Paul Sartre y Simone De Beauvoir, “Les Temps Modernes”, está inspirado en el título de la película.

Chaplin, nativo londinense, migró en 1910 a EEUU, donde se produjo casi la totalidad de su obra (salvo las últimas películas que rodó en Europa en el exilio, tras haber sido expulsado de EEUU acusado, durante el macartismo, de comunista y antiamericano). Fue justamente en EEUU donde creó a su personaje Charlot, en plena diseminación del taylorismo como modelo productivo, cuando el eje del capitalismo se desplazaba inevitablemente de Gran Bretaña a EEUU.

En sus distintos papeles, Charlot una y otra vez despierta la desconfianza de la policía que ve en él un sujeto siempre en falta con la ley, un sujeto disruptivo y transgresor. Como pensaba Hannah Arendt, su personaje está siempre en fuga de la cárcel, del cuartel, del hospital, de la fábrica, del psiquiátrico, burlando policías, agentes migratorios, sargentos, jefes, capataces y demás «encarnaciones visibles de la hostilidad del mundo».

En sus personajes, Charlot siempre se opone al poder. Pone en entredicho la legitimidad de esas autoridades y, ante ellas, es el insumiso, el ingenioso indisciplinado y refractario a las órdenes de la autoridad. Su prodigiosa impotencia y fragilidad tienen toda la fuerza de la dinamita.

“Tiempos Modernos” tiene una actualidad perseverante, las contradicciones del capitalismo son un buen material dramático para el cine. Chaplin reparó en algunos de los acontecimientos decisivos de la modernidad: la guerra, el fascismo, la disciplina de la fábrica, la tragedia de los sintrabajo, la multiplicación de las instituciones disciplinarias. Definitivamente, su crítica cómica llevaba navaja, y con un filo muy afilado.

Escena en la que el protagonista acaba en la cárcel tras participar en una manifestación. Brandstaetter- Imagno