22/07/2019

Puerto Rico se levanta indignado ante tanta austeridad y escándalos

«Puerto Rico se levanta» fue el grito para el auzolan y la colecta de fondos tras la catástrofe del huracán María. Ha vuelto a ser el eslogan que ha coagulado una protesta de medio millón de personas, diversa, de todas las edades, clases sociales y orientaciones sexuales, que expresan su dignidad y piden la dimisión del gobernador Ricardo Rosselló.

Mikel ZUBIMENDI
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Son días extraordinarios en Puerto Rico. Días de rebelión, de afirmación del orgullo nacional, en un ambiente casi insurreccional. Medio millón de personas, de todos los colores y sabores, que recoge una pluralidad ideológica remarcable, con lo sentimientos a flor de piel, han tomado las calles de su capital, San Juan. Piden la dimisión del gobernador Ricardo Rosselló, que ha perdido todo el apoyo público, desgastado con un caso de corrupción tras otro, y definitivamente condenado tras revelarse los contenidos de un chat privado que mantenía con sus colaboradores en el que demuestra ser un maquiavélico sin escrúpulos, un misógino y un homófobo de la más baja condición.

El imperialismo de EEUU designó a Puerto Rico como un «territorio incorporado» pero su gente siempre lo ha llamado «país». Estas protestas han contribuido al renacimiento de un sentimiento nacional transversal y aglutinante. Y es que la isla está sufriendo la peor crisis de su historia, cuatro años después de que el anterior gobernador, Alejandro García Padilla, declarara impagable su deuda y EEUU instaurara una junta para reestructurarla, que la condenó a duras medidas de austeridad.

En 2017, el huracán María devastó el país y las incompetentes autoridades se afanaron en esconder la verdadera magnitud de la catástrofe.

Aún hoy la Administración que dirige el conservador Rosselló cifra oficialmente el número de muertos en 2.795, aunque un estudio de la Universidad de Harvard indica que podrían haber sobrepasado los 4.600

Pero esta vez la indignación se concentra en una persona, en el gobernador Rosselló, que, según se ha sabido en el chat hecho público por el Centro de Investigación Periodística de la isla, conspiraba para esconder la magnitud de la devastación mientras se reían de los muertos –llegaron a escribir que «necesitan cuerpos para alimentar a los buitres»– mientras se mofaban de oponentes políticos, hacían comentarios homófobos sobre celebridades de la isla, se referían a mujeres opositoras como «zorras y prostitutas» mientras hacían desaparecer millones de dólares.

Puerto Rico se encuentra en una encrucijada. La indignación pública no tiene precedentes y las protestas –pacíficas, aunque crece el temor a que podría haber una respuesta violenta por parte de las autoridades– aumentan en número y en diversidad. En ellas, se apunta más allá de la petición de dimisión de Rosselló y se recuerda que las razones de este levantamiento son sistémicas y que las soluciones también deberían serlo.

Visibilidad y proyección global

El fin del colonialismo, la cancelación de la deuda, la reforma electoral y el fin de la austeridad son demandas que confluyen con las de la libertad sexual, el fin de la violencia de género y el respeto a las minorías.

Sin duda, la participación en primera fila de los artistas portorriqueños más conocidos a nivel mundial, como el cantante Ricky Martin, el actor Benicio del Toro, el rapero René Pérez “Residente” o la estrella del reggetón Bad Bunny han dado otra visibilidad y una mayor proyección a las protestas. Y estas han llegado hasta la metropoli y han obligado a posicionarse a su clase política.

Así, Julián Castro, el exsecretario de Vivienda del gobierno de Barack Obama y candidato a la nominación demócrata, fue el primero en pedir públicamente la dimisión de Rosselló. Inmediatamente después, secundaron su iniciativa la congresista demócrata por Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez, y el senador republicano por Florida, Rick Scott.

La Administración de Trump no ha tomado una posición formal al respecto, pero el pasado viernes el presidente tuiteaba que «muchas cosas malas están ocurriendo en Puerto Rico. El gobernador está bajo asedio, la alcaldesa de San Juan es una incompetente en la que no se puede confiar de ninguna manera y el Congreso neciamente concedió 92 millardos para socorrer tras el huracán, muchos de los cuáles han desaparecido».

Aunque Trump, otra vez, mintió. El Congreso envió 42,5 millardos de dólares del fondo federal para los desastres, pero hasta el pasado mes de mayo, Puerto Rico solo había recibido 14 millardos.