15/09/2019

GAIZKA URRESTI
CINEASTA

Nacido en Bilbo en 1967 es, además de guionista, productor y director, profesor de cine. Su filmografía se expande más allá de formatos habiendo dirigido lo mismo ficción que documental y largometrajes que cortometrajes como “Abstenerse agencias” (2013), con el que ganó el Goya. Acaba de estrenar “Aute Retrato”, una aproximación a la figura del músico, pintor, poeta y cineasta Luis Eduardo Aute.

«De Aute me seduce la coherencia que siempre ha mantenido como creador»
gara, donostia|MADRID
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La idea de rodar un retrato íntimo de Luis Eduardo Aute llevaba rondando por la cabeza de Gaizka Urresti varios años hasta que, finalmente, decidió acompañar al músico en su tour “GiraLuna”. Sin embargo, el infarto que padeció Aute en 2016 cambió su enfoque de la película  hasta llevarle a realizar un filme que tiene mucho de tributo.

 Aunque la película tiene cierto aire de homenaje, usted ya trabajaba en ella antes de que a Luis Eduardo Aute le sobreviniera el infarto, ¿no es así?

Sí, yo empecé a trabajar en este proyecto en 2016. Él en aquel entonces estaba muy activo, acababa de presentar dos libros, tenía el proyecto de un corto y estaba grabando nuevo disco. Le habíamos grabado en varias de estas actividades y, de repente, con su infarto, todo se truncó, hasta el punto de que yo pensé que el proyecto estaba muerto. Pero en la medida en que empezó a recuperarse y hablando con la familia nos dimos cuenta de que aunque no podíamos contar con él físicamente, su obra y los testimonios que teníamos filmados seguían teniendo vigencia. No obstante, aquello nos obligó a cambiar el formato del documental, nos vimos obligados a meter más material de archivo y a abrir otro frente con el concierto homenaje que le dedicaron sus compañeros y que es el que vertebra la narración.

 ¿Esa modificación del plan inicial no afectó al proyecto?

No, porque eso es algo normal cuando ruedas un documental. El documental no es un género de certezas, yo cuando empiezo una película de estas características no tengo claro lo que quiero contar. Si sé lo que me ha llevado a interesarme por una determinada situación o, como en este caso, por un determinado personaje, como Aute, pero sería un error intentar imponer tu visión de la realidad.

 Imagino que el hecho de potenciar los testimonios de otras personas sobre Aute, en lugar de contar con su propia voz, es algo que vino dado por las circunstancias, ¿no?

Que va, eso ya estaba en el germen del proyecto. Cuando te aproximas a un personaje es importante recabar opiniones de otras personas porque cada quién tiene una visión de sí mismo, pero esa visión no siempre coincide con cómo nos perciben los demás. Desde ese punto de vista me parecía muy enriquecedor acercarme a la figura de Aute a través de los testimonios de amigos y compañeros porque no quería hacer un filme memorístico, sino el retrato poliédrico de un artista.

 Al comienzo de la película, el propio Aute manifiesta que todo proceso de creación es un juego de luces y sombras. Sin embargo, su manera de aproximarse al personaje es extremadamente luminosa, como si en él no hubiera zonas oscuras. ¿No las encontró?

Con Aute es difícil porque, efectivamente, se trata de un ser de luz, hasta el punto de que si hay algo que le define es su bonhomía. Dicho lo cual, yo creo que la película sí que muestra el lado oscuro de Aute porque ahonda en sus dudas más que en sus certezas, y esas dudas son una zona de sombras en él. Me interesaba más incidir en las contradicciones de un creador a contracorriente que en aspectos más personales, en ningún momento pretendí buscar esas zonas oscuras en su intimidad.

Hay otra idea que se repite en el filme, y es ese síndrome de Peter Pan que parece acompañar siempre a los creadores.

El taller del artista es como el cuarto de juegos de la infancia. Todos los procesos de creación que acontecen ahí están orientados al disfrute personal y eso Aute lo ha tenido siempre presente. De hecho, el recorrido que hacemos por su trayectoria musical comienza con esas dudas que él tiene a la hora de intentar encontrar “Rosas en el mar” y termina con un tema como “Albanta” que es una vuelta a la infancia, al horror que supone salir del vientre materno. Ahí hay un viaje emocional que refleja una cierta desconexión con el mundo de los adultos.

¿No le dio vértigo asomarse a una personalidad tan insondable, con tantos puntos de interés, como la de Aute?

Ese carácter poliédrico de Aute, más que generarme vértigo fue un aliciente de cara a querer aproximarme a su figura. Su importancia como músico es indiscutible pero el hecho de poder acercarme también a sus facetas de pintor, de poeta o de cineasta añade interés a la propuesta.

¿De todas esas facetas, cuál es la que define más al personaje?

Quizá la de poeta porque es justamente su voz poética la que pone en relación todas sus creaciones. Si algo he descubierto rodando este documental es que Aute no es un músico/cineasta/pintor, sino que es un todo que a veces se manifiesta en sus cuadros, a veces en sus películas y otras en sus canciones. Es alguien que, de repente, empieza a escribir un verso que no deviene en canción pero que le sirve para crear un lienzo. El hecho de tener la capacidad de contar algo en diferentes formatos me parece una cosa maravillosa.

¿Su interés por el personaje viene dado por ese carácter total que atesora como artista?

Mi interés tiene que ver sobre todo con que me parece alguien muy luminoso con el que resulta muy inspirador mantener una conversación. Eso fue lo que descubrí en los meses que estuve con él, y fue precisamente el deseo de compartir con el público esos momentos inspiradores los que me llevaron a querer hacer esta película, la necesidad de que aquellos que no han compartido personalmente un rato con Luis Eduardo puedan llegarlo a sentir como alguien cercano y de experimentar el placer de su compañía.

No es la primera vez que rinde tributo a alguien sirviéndose de las posibilidades que ofrece el documental ¿Por qué le atrae tanto el género biográfico?

Lo que me atrae es la posibilidad de encontrar un personaje ejemplificante cuya vida puede servir de inspiración a otros. Yo no sé si haría un documental de alguien al que repudiase, por mucha trascendencia histórica que haya podido tener. Cuando elijo a un personaje que me interesa y pongo el foco sobre él, en el fondo lo que estoy haciendo es hablar de mí. Eso no significa que ponga mi voz como creador por encima de la de ellos, porque lo relevante es la experiencia del personaje al que estoy rindiendo tributo, pero sí que busco, en este tipo de perfiles, algo que me inspire. En el caso de Aute lo que me seduce es la coherencia que siempre ha mantenido como creador, el hecho de que todo lo que ha creado es producto de lo que le ha apetecido hacer en cada momento. La libertad es el anhelo de todo ser humano pero en el caso de un creador, de un artista, es la máxima aspiración.

¿No cree que mantener esa libertad creativa se está poniendo cada vez más difícil?

Yo creo que siempre ha estado difícil y más si te dedicas a un arte como el cine donde formas parte de un equipo de cien personas, pero es cierto que cada vez hay menos margen en la medida en que ahora mismo el cine está mucho más supeditado a criterios de mercado. Hoy en día, por ejemplo, no puedes financiar una película sin el apoyo de las televisiones.

¿No le apetece volver al cine de ficción?

A la ficción suelo volver recurrentemente, lo que pasa es que cuando lo hago es a través del cortometraje, que es un formato que parece no contar demasiado. Yo tengo ya rodados catorce cortometrajes pero, sin embargo, en este país parece que hacer un corto sea únicamente una carta de presentación para poder rodar largometrajes; hasta que no ruedas un largometraje de ficción nadie te toma en consideración como cineasta, lo cual me parece un error porque los tiempos del cine son tan largos que dedicarle cinco años de tu vida a un único proyecto me parece desesperante y poco enriquecedor. Frente a eso, rodar cortos es un espacio de goce, de disfrute, y un modo de seguir aprendiendo los resortes de esta profesión. Dicho lo cual, si tengo un proyecto para un largometraje de ficción que rodaré entre Aragón y Euskadi. Eso será después del documental que estoy rodando sobre Labordeta.

El taller del artista es como el cuarto de juegos de la infancia. Todos los procesos de creación que acontecen ahí están orientados al disfrute y eso Aute lo ha tenido siempre presente.

El documental no es un género de certezas, yo cuando empiezo una película de estas características no tengo claro lo que quiero contar.

Me atrae es la posibilidad de encontrar un personaje ejemplificante cuya vida puede servir de inspiración a otros. Yo no sé si haría un documental de alguien al que repudiase.

En este país parece que hacer un corto sea únicamente una carta de presentación para poder rodar largometrajes, lo cual me parece un error.