20/09/2019

DAVID ILUNDAIN
DIRECTOR DE «UNO PARA TODOS»

Nacido en Iruñea en 1975, David Ilundain se licenció en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra. Posteriormente amplió sus estudios en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños de La Habana. Tras su exitosa etapa en el corto, en 2015 debutó en el formato largo con «B», basada en el proceso judicial de Luis Bárcenas. Ahora afronta su segundo filme, «Uno para todos».

«Quiero reflejar la complicidad y disputas que se generan en un aula»
Koldo LANDALUZE|DONOSTIA
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El iruindarra David Ilundain se encuentra en plena fase de montaje de su segundo largometraje, “Uno para todos”, tras haber finalizado un rodaje que transcurrió entre julio y comienzos de agosto. Se trata de una película que gira en torno a la relación que se establece entre un profesor interino –interpretado por David Verdaguer– y los alumnos de un aula de sexto de primaria de un pequeño pueblo. El profesor descubre que falta un alumno enfermo y deberá echar mano de su pedagogía e imaginación para reintegrarlo al grupo. Según ha avanzado el propio director, la película se estrenará en primavera del año próximo.

 

¿Cómo afrontó su debut en el formato largo con «B de Bárcenas» y qué recuerdos tiene de esta película?

Fue una experiencia muy intensa, bastante guerrillera y la afrontamos con mucha ilusión. Tenía claro que la base dramática expuesta por Jordi Casanovas en su obra de teatro contaba con mimbres suficientes para ser llevada a la pantalla, la historia merecía ser filmada. Optamos por readecuarla a un estilo más ágil. Llevarla a cabo no fue tarea fácil porque no obtuvimos por parte de los circuitos oficiales –ayudas de organismos oficiales y televisiones– el dinero que requería su puesta en marcha. Ante esta negativa total tuvimos que recurrir a una campaña de crowdfunding que se saldó con notable éxito. Esta respuesta nos ayudó mucho para hacer realidad el proyecto pero, sobre todo, nos otorgó plena independencia a la hora de plasmar lo que queríamos.

 

En este su segundo proyecto, «Uno para todos», no se ha vuelto a producir este problema.

No, la trama es diametralmente opuesta a “B”, podría decirse que se inscribe en una línea estándar y, por ello, resulta un poco más fácil obtener algún tipo de ayuda para poder realizarla. No obstante, y si la historia es interesante, retornaré a proyectos con trasfondo político porque me interesa mucho este tipo de cine y las posibilidades que ofrece. Esta vez he contado con más medios, aunque tampoco es como para echar cohetes, es una película pequeña pero en la que al menos he podido contar con un equipo profesional durante las seis semanas de rodaje y la situación no ha sido tan precaria como la que tuvimos que hacer frente en “B de Bárcenas”.

 

¿Qué nos encontraremos en «Uno para todos»?

Por un lado topamos con un componente de realidad social simbolizado en un profesor que, de la noche a la mañana, le dicen que tiene que aceptar una plaza como interino en un pequeño pueblo de Aragón y no tiene ni idea de lo que se va a encontrar. Por otro lado, la película también tiene un componente de fábula relativa a una etapa vital, la de los preadolescentes, que afrontan el final de la educación primaria. Es una etapa en la que los niños comienzan a ser personas independientes y tienen que tomar sus propias decisiones y deben aprender a representarse a sí mismos y a preguntarse por lo que son, por lo que quieren y no quieren ser. En esta dualidad entre el mundo de los niños y los adultos se va creando una historia de anhelos, disputas y complicidades.

 

¿La presencia de jóvenes intérpretes no profesionales y la temática que aborda, daban margen a la improvisación?

En realidad no hubo mucho margen para la improvisación. Es verdad que trabajábamos con chavales que no tenían una experiencia previa en la interpretación, porque creíamos que nos aportaría mucha naturalidad. Evidentemente, esta opción conllevaba un plus de esfuerzo y riesgo a la hora de trabajar con ellos pero, visto los resultados, fuimos ampliamente recompensados al elegir esta apuesta. No obstante, trabajamos con ellos como si fueran actores, que siguieran sus textos pero también es verdad que abríamos una ventana a sus aportaciones para subrayar su propia naturalidad y para que, de esta forma, hicieran suyos sus personajes.

Creo que el espectador sale beneficiado de esta experiencia ya que le aportas esa especie de ventanita a través de la cual y desde la butaca del cine, se tiene esa condición de voyeur que nos permite acercarnos a un aula, un lugar vetado a los adultos, salvo que seas un profesor.

 

En ese espacio tan íntimo asoma la figura de David Verdaguer, un actor acostumbrado a afrontar proyectos de cierto riesgo como, por ejemplo, en películas tan recientes como «Los días que vendrán».

Tenía un tipo de actor claramente definido en mi cabeza y buscaba un actor, dicho de una manera un poco burda, «muy actor». Es decir, que se haya formado como actor, que tenga esa capacidad de transmitir energía y que se descubra versátil y no haciendo todo el tiempo las mismas cosas.

David Verdaguer cumple con todas estas premisas porque es un autor al que le gusta el riesgo y se mete en proyectos más por lo que son en sí que por quién está detrás. Le había visto en diferentes ocasiones en el teatro y es una máquina. Este tipo de actores te aportan mucha seguridad y sabes que van a tirar del carro y que no hará recaer unicamente en el cineasta la capacidad de ser el único director de orquesta dentro del proyecto. Siempre aporta cosas, es uno de esos actores muy curtidos que mantiene intacta su capacidad de transmitir energía.

Teniendo presente que tenía que trabajar con veinte niños a la vez, me resultó muy importante contar como aliado con David a la hora de mantener un tono apropiado dentro del rodaje, porque siempre estaba bromeando con los chavales o les aportaba indicaciones para crear un ambiente apropiado. Es decir, que a él le correspondió en buena medida hacerles creer que estaban más en un juego que en un trabajo tan exigente como lo es en realidad. Lograr esta química fue fundamental.

 

¿Se siente cómodo con historias lindantes al cine social?

No se si calificar mi estilo de cine de esa manera, no me siento muy cómodo a la hora de hacerlo. Creo que es algo que tenéis que valorar vosotros (ríe). Pero sí es cierto que la propia realidad es una fuente incesante de historias que nos afectan al conjunto de la sociedad. Un caudal inagotable en la que se suceden multitud de sorpresas tan agradables como sobrecogedoras y que te permiten abordarlas desde diferentes ópticas, incluso desde la ciencia ficción.

La negativa de los organismos oficiales y las televisiones nos obligó a iniciar una campaña de crowdfunding para poder rodar «B». Fue una experiencia muy intensa y guerrillera.

La plena implicación del actor David Verdaguer en el proyecto fue determinante. Se creó un vínculo muy especial con los chavales durante el rodaje.

Hay muchas cosas que no se pueden hacer a medias y una de ellas es dar clases. El protagonista simboliza a un profesional plenamente identificado con su labor docente.