22/09/2019

Reportage
 
EL LARGO CAMINO HACIA UNA ENERGÍA LIMPIA

Es la solución inevitable, pero todavía queda un largo camino por recorrer para alcanzarla. Las energías verdes están en pleno auge; sin embargo, todavía no son suficientes para frenar el cambio climático, alimentado por las emisiones récord derivadas del uso de petróleo, gas o carbón.

AFP
0922_eko_energia

Solar, eólica, biomasa, geotérmica, hidráulica... En los últimos diez años, la capacidad de producción de las energías renovables en todo el mundo se ha multiplicado por cuatro. Sin tener en cuenta las grandes presas, actualmente disponen de una capacidad de 1.650 gigavatios, contra 410 GW en 2009, según un informe elaborado por la Escuela de Finanzas de Frankfurt y Bloomberg New Energy Finance (BNEF) que ha sido publicado en vísperas de la cumbre sobre el clima de Naciones Unidas.

La solar, con 640 GW, lidera la capacidad instalada en el último decenio para el conjunto de las energías (2.300 GW en total, sumando verdes y fósiles), por delante del carbón y el gas. Esa cantidad serviría, por ejemplo, para alimentar el 80% de los hogares de Estados Unidos.

La principal razón de este despegue es el espectacular aumento de su competitividad: desde 2009, el coste de la energía generada por las centrales fotovoltaicas ha caído un 81% y el de la eólica terrestre, un 46%.

China es, de lejos, el primer inversor (y también es el mayor emisor de CO2 del mundo), ya que ha dedicado más de 760.000 millones de dólares en diez años a esta cuestión, tal como recoge el citado informe. En el mismo periodo, Estados Unidos ha invertido 356.000 millones de dólares, por delante de Japón, mientras que Europa ha destinado 698.000 millones, con Alemania y Gran Bretaña a la cabeza.

En 2018, hasta 29 países dedicaron más de 1.000 millones de dólares a este sector. Dos años antes fueron solamente 21.

«La eólica o la solar se han convertido en el modo de producción de electricidad menos costoso en un número creciente de países –destaca Angus McCrone, de BNEF–. En otros, las energías fósiles siguen siendo más ventajosas en términos de costes: los estadounidenses tienen gas muy barato; los indios, minas de carbón... Algunos tienen un doble perfil, puesto que quieren mantener los ingresos de las fósiles sin quedarse atrás en la tecnología renovable».

En cualquier caso, el potencial de desarrollo de este sector es inmenso. En 2018, las energías renovables generaron el 12,9% de la electricidad mundial, según el estudio conjunto de la Escuela de Frankfurt y BNEF, evitando la emisión a la atmósfera de 2.000 millones de toneladas de CO2.

Pero en ese mismo año las emisiones vinculadas a los combustibles fósiles aumentaron un 1,7%, hasta el nivel récord de 33.000 millones de toneladas (13.000 de ellas en el sector eléctrico), ya que la demanda de energía no deja de aumentar, especialmente para el carbón en Asia, y para el gas.

A nivel mundial, las centrales hidroeléctricas representan un 2,5% de la energía primaria mundial, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). La eólica, la solar, los biocarburantes y la valorización de residuos suponen en conjunto un 1,8%.

Frente a las energías sin carbono (las renovables y la nuclear), los combustibles fósiles siguen constituyendo más del 80% del total.

Una política más verde

«La transición del sector de la energía está en marcha, pero no es lo suficientemente rápida como para permitir al mundo lograr sus objetivos en materia de clima y calentamiento», resumió Françoise d'Estais, del Programa Medioambiental de la ONU, al presentar el informe de BNEF.

«Las subvenciones [a las energías fósiles] todavía representan el doble de los apoyos a las renovables», señaló.

Los expertos instan a los gobiernos a acometer una verdadera acción y adoptar una visión a largo plazo (como el objetivo de neutralidad de carbono en 2050 firmado por los gobiernos francés y británico), así como medidas potentes (eficacia energética y reducción del consumo, renovación de edificios, apoyo a las energías limpias para el calor y los transportes...).

Eliminar el carbono del sector eléctrico «es la parte más fácil», señala Jim Williams, profesor de la Universidad de San Francisco experto en energía. «Pero en los edificios, la industria y los transportes es otra cosa. Se necesitarán medidas, por ejemplo, para modificar los comportamientos de los consumidores, y eso será más difícil».

En lo que respecta a las subvenciones a los combustibles fósiles, 40 países prometieron reformarlas en 2015, cuando se firmó el Acuerdo del Clima de París. Pero en 2017 un centenar de estados seguían ofreciéndolas, como lamenta la red de expertos REN21, que calcula que ascendieron a 300.000 millones de dólares, un 11% más que un año antes.

 

China transfiere a Chile capital y tecnología

El impulso de China al sector de las energías limpias se extiende más allá de su territorio. Ejemplo de esto es que desde 2016 ha invertido más de 2.500 millones de dólares en proyectos de generación de electricidad en Chile. El pasado agosto, el representante chino para el Cambio Climático, Xie Zhenhua, se desplazó al país sudamericano en el marco de los preparativos para la COP25, que se celebrará en Santiago del 2 al 13 de diciembre. Acompañado del ministro chileno de Energía, Juan Carlos Jobet, Xie visitó el parque fotovoltaico de Quilapilún, que cuenta con 355.000 paneles fotovoltaicos y una capacidad instalada de 110 MW, y produce la electricidad equivalente para 110.000 hogares.GARA