15/01/2020

Irán trata de aplacar con arrestos la indignación por el derribo del avión

Coincidiendo con el anuncio de los primeros arrestos por el derribo por error del avión ucraniano, el presidente de Irán, Hassan Rohani, ha exigido la depuración hasta el final de las responsabilidades. El régimen trata de aplacar las manifestaciones de indignación. El presidente ajusta cuentas con sus rivales internos en vísperas de elecciones.

Dabid LAZKANOITURBURU
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El anuncio de varios arrestos relacionados con el derribo por error del avión ucraniano y la exigencia por parte del presidente de Irán, Hassan Rohani, de que se depuren todas las responsabilidades se inscribe en el intento del Gobierno de contener las manifestaciones de protesta que si bien se inscriben sobre todo en el ámbito universitario, se extienden a más ciudades.

Todavía está reciente la revuelta popular que, a finales del año pasado y con motivo del incremento del precio de la gasolina subsidiada, fue reprimida sin contemplaciones. El Gobierno reconoció que hubo muertos en las protestas, que Amnesty International cifró en más de 300, y que fuentes anónimas gubernamentales elevaron a 1.500 víctimas mortales.

Teherán teme un solapamiento de unas y otras protestas, sobre todo, pero no solo, en el Irán periférico (Kurdistán Oriental, Azerbaiyán iraní, &hTab;Juzestán árabe e incluso en la olvidada Baluchistán).

Los universitarios lideran las últimas protestas desde que el sábado pasado, y con cuatro días de retraso, la Guardia Revolucionaria reconociera que abatió por error el Boeing. Y es que de los 176 ocupantes del vuelo PS752, 82 eran iraníes y 63 canadienses, pero muchos de ellos estudiantes iraníes con doble nacionalidad que volvían a las universidades donde estudian tras pasar las vacaciones de Navidad en Irán. Al punto de que el vuelo era conocido como «el avión de los estudiantes».

Ayer mismo, una manifestación partió de la Universidad de Teherán coreando lemas como «Nos quitaron a las élites y nos pusieron a los clérigos». La marcha se dirigió hacia la mezquita donde se homenajeaba al general Qasem Soleimani, ejecutado extrajudicialmente por EEUU.

El Gobierno asegura que, al contrario que en noviembre pasado, ha dado órdenes a la Policía de actuar con moderación. Sin embargo, circulan por internet vídeos en los que se oyen disparos y se ven traslados de heridos ensangrentados.

El control a la prensa hace aún más difícil verificar esas informaciones, más aún cuando nos alejamos de Teherán hacia el Irán interior y periférico.

Por de pronto, el presidente Rohani ha instado a formar «un tribunal especial con un juez de alto rango y decenas de expertos» para investigar el error que provocó el derribo.

«Este no es un caso normal y el mundo entero lo seguirá en nuestro tribunal», advirtió el presidente, para insistir en que «no se puede culpar solo a la persona que presionó el botón y disparó el misil, sino que hay otros».

Ajustes de cuentas internos

Rohani culpó en su discurso a EEUU, que «encendió el ambiente e hizo que la situación fuera anormal», pero advirtió de que eso no quiere decir que no se deban abordar «las causas profundas del incidente».

Un claro mensaje a la Guardia Revolucionaria, responsable del fuego antiaéreo que derribó el avión, y a los sectores principalistas que representa esta fuerza paramilitar autónoma. Por parte de un presidente que llegó al poder prometiendo reformas.

Y todo ello en el contexto de unas elecciones legislativas en febrero en las que los principalistas esperaban arrasar al calor del cadáver de Soleimani. Hasta que, días después, y tras atacar sendas bases estadounidenses en Irak, la Guardia Revolucionaria derribara el avión al confundirlo, al parecer, con un misil estadounidense.

Europa presiona a Irán, no a EEUU, sobre el acuerdo nuclear

Alemania, Gran Bretaña y Estado francés, signatarios del acuerdo nuclear iraní que los EEUU de Trump abandonaron en mayo de 2018, han decidido presionar a Teherán llevando al mecanismo de arbitraje las decisiones del Gobierno de Irán de ir retomando su programa atómico. Pese a que lo nieguen, se trata de una vuelta de tuerca no exenta de riesgos, pues podría provocar el definitivo abandono del acuerdo por parte de Irán.

En una declaración conjunta, los tres países europeos aseguran que Teherán «no respeta sus compromisos» y, por lo tanto, y tras quedar «sin otra opción», recurren a la comisión conjunta contemplada en el propio pacto para solucionar los desacuerdos, que debe resolver en menos de 35 días.

Los EEUU de Donald Trump abandonaron unilateralmente el pacto en mayo de 2018 y restablecieron las sanciones y el bloqueo contra Irán. Teherán exigió entonces a las potencias europeas que sortearan el bloqueo impuesto por EEUU a las empresas para invertir en Irán y advirtió de que, de lo contrario, daría escalonadamente pasos atrás en sus compromisos nucleares.

Un año después, en mayo de 2019, el Gobierno iraní anunció que dejaría de respetar algunas de las restricciones impuestas por el mismo a cambio del levantamiento de sanciones.

Las tres potencias europeas aseguran que en diciembre advirtieron al Gobierno iraní de que «a menos que diera marcha atrás» no tendrían «otra elección» que recurrir al mecanismo de resolución de disputas. Pese a ello, «Irán no solo no lo ha hecho sino que ha optado por dar el quinto y último paso respecto a los límites de enriquecimiento fijados por el pacto».

Pese a llevar a Irán ante esa suerte de tribunal, aseguran que «hacemos esto de buena fe con el objetivo final de preservar el acuerdo nuclear y con la sincera esperanza de encontrar una salida para resolver el impasse». D.L.