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¿Para qué una televisión pública?
Hace ya más de 35 años que se creó la televisión pública vasca. Durante este periodo se han producido profundas transformaciones sociales pero EiTB apenas ha cambiado. El nuevo contexto tecnológico, económico y social exige una reflexión sobre el sentido y el futuro de la televisión pública.
TV pública: información y euskara
Updated 11/04/2019 19:07
Luis Mendizabal Periodista

Definir o concretar cómo debe ser una televisión pública hoy podría ser hoy un ejercicio académico complejo, pues la televisión en sí misma está experimentando una muy profunda revolución –o crisis– debido al acelerado desarrollo e implantación del mundo digital y de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación).

Pero como no soy académico sino un periodista (jubilado) que ha trabajado treinta años en una televisión pública –a la que en el año 1982 acepté ir a fundarla y trabajar por ser precisamente eso, una televisión pública– puedo atreverme a opinar.

Y por la brevedad exigida y con la intención de abrir un debate en esta interesante iniciativa de GARA voy a ir al grano:

En el año 1982, los primeros Gobierno y Parlamento vascos dejaron muy claro qué era una televisión pública y cuáles eran sus funciones y obligaciones. Por eso, ya en el preámbulo de la Ley 5/1982 de creación del Ente Público “Radio Televisión Vasca” lo expresaron muy claramente: «instrumento capital para la información y participación política de los ciudadanos vascos, así como medio fundamental de cooperación con nuestro propio sistema educativo y de fomento y difusión de la cultura vasca, teniendo muy presente el fomento y desarrollo del euskara, todo ello como base y fundamento para el adecuado desenvolvimiento de los derechos y libertades de los ciudadanos de esta Comunidad Autónoma».

No es que nuestros primeros gobernantes fueran unos innovadores en esta materia. Simplemente, se limitaron a copiar lo que esa misma ley pero del Gobierno español y refiriéndose a RTVE decía. Es decir, ya en tiempos justo post-franquistas, se tenía claro que una televisión pública básicamente debe informar para que la ciudadanía tenga su propio criterio para participar en la vida democrática y colaborar con el sistema educativo para promoción de la cultura. Para estar informados y poder participar.

El lehendakari Carlos Garaikoetxea y el consejero de Cultura Ramón Labayen –los verdaderos impulsores de EITB y de esa ley– sabían muy bien que para construir país, para empezar a conformar una sociedad vasca, potente a la vez que independiente, necesitaban dos elementos básicos: el euskara y unos medios de comunicación propios. Sin depender de las televisiones españolas (todo esto lo tenía también muy claro el recién fallecido Xabier Arzalluz, obsesionado con el control de los medios, fuesen públicos o privados).

Hoy, cuarenta años después, pese a todo el cambio en las formas de ver y producir la televisión, esas servidumbres de la televisión pública siguen siendo las mismas. En nuestro caso, informar y promover el euskara.

No voy yo a decir cómo debe ser el uso del euskara en EITB. Ya lo dice muy bien Kike Amonarriz en sus reflexiones presentadas en la comisión de EITB del Parlamento vasco. Pero no voy a perder la ocasión para decir que es una vergüenza que los reporteros de ETB hagan –por orden de su dirección– hablar también en español a los euskoparlantes para su emisión en ETB2. Así jamás superaremos la «diglosia digital» que denuncia Ramón Zallo. Todos los euskaldunes nos deberíamos negar a ello.

Informar es otra prioridad de las televisiones públicas. Informar, no vender propaganda ni manipular hechos tergiversando su realidad objetiva.

La televisión pública que se creó en el 82 pudo ser un medio informativo en su inicio pues la prioridad era su propio desarrollo y ganarse la credibilidad de la recién estrenada audiencia. Pero desde que el PNV aprendió a manejarlo como instrumento o arma para la defensa de sus intereses partidistas –especialmente tras su escisión en el 85– se acabó la concepción original de ser un medio que sirviera para la formación o construcción de una sociedad vasca plural que impulsara a la recién constituida comunidad autónoma a ser un país con sus instituciones y autogobierno de verdad.

Resulta muy triste para nosotros la comparación entre ETB y TV3. Y es muy evidente la diferencia entre ambos en su cumplimiento de los objetivos y obligaciones de la televisión pública: el idioma y la información.

Los catalanes en sus varios canales de TV solo usan la lengua catalana. Es cierto que su realidad lingüística no tiene nada que ver con la nuestra. Pero en TV3 jamás le hacen hablar en español a un catalanoparlante. De hecho, nunca le preguntan en español a cualquier persona que mínimamente pueda entender el catalán. Ellos sí que aplican la figura del «belarriprest» que menciona Kike Amonarriz como pieza clave para el uso del euskara en ETB.

Voy a la información, que es lo que conozco. TV3 nació para ser, fundamentalmente, un medio informativo. Pero, de verdad, no propagandístico. Cuando con el primer Estatut reciben la competencia de poder tener sus propios medios, el entonces honorable presidente Jordi Pujol se dirigió al periodista más crítico contra él en toda Catalunya, el entonces delegado de “El País” Alfons Quintá, y le pidió que montara la televisión catalana. Lo primero que este hizo fue ir a los USA para conocer in situ cómo funcionaba la CNN, recién creado modelo de televisión informativa. Así nació lo que todavía hoy sigue siendo una televisión muy orientada a la información y que, pese a todo lo sufrido y perdido, sigue luchando desde dentro por su independencia.

¿Cómo fue lo equivalente en ETB? Nada parecido, lo pueden imaginar. Ningún cargo de ETB con cierta responsabilidad en la edición y selección de contenidos es independiente o crítico con el PNV. Y mantengo lo de crítico porque serlo es la primera obligación de todo periodista. Y añado que durante los pocos años en que el PSOE sustituyó a los nacionalistas ocurrió exactamente lo mismo: obediencia al poder político de turno. Y no estoy seguro que con otras fuerzas políticas no fuera a pasar lo mismo. Es una cuestión de cultura democrática y de respeto a la libertad de los periodistas. En nuestro pequeño país apenas hemos podido disfrutar de estos valores. Habría que preguntarse por qué.

Informar es otra prioridad de las televisiones públicas. Informar, no vender propaganda ni manipular hechos tergiversando su realidad objetiva