Barcelona define y alienta soluciones para víctimas y presos en Euskal Herria

‘Construyendo la paz’ ha sido el título de una jornada sobre «retos y oportunidades para el País Vasco después del fin de ETA» celebrada hoy en Barcelona, promovida por el Ayuntamiento de la capital catalána junto al Foro Social Permanente y FundiPau. Sobre la mesa, dos temas interconectados y abordados en clave de solución: víctimas y presos. Ninguna voz, ni de las víctimas ni de expertos, ha defendido el alejamiento. Y Pedret (PSC) apuesta por que se producirá.

Ramón Sola|13/06/2018 19:00
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José Vargas, de la asociación catalana de víctimas, Ane Muguruza, hija de Josu Muguruza, y Rosa Lluch, hija de Ernest Lluch, durante un momento del acto. (Ramón Sola)

El título de la jornada celebrada en el Museo de Historia de Barcelona ya conllevaba una primera constatación: ETA ya no existe, pero la paz en Euskal Herria todavía se entiende como a reto a conseguir. Y el Ayuntamiento de la capital catalana pone su grano de arena con este evento, compuesto por cuatro mesas redondas que han reunido a víctimas, expertos y representantes políticos, y que dará paso seguramente a una declaración que pueda ser trasladada a las instituciones.

Víctimas y presos (o excepcionalidad jurídica en su versión más amplia) han sido efectivamente los temas que han copado el debate. El consenso ha sido total a la hora de reivindicar, o al menos dar por bueno, el acercamiento de los presos. Incluso José Vargas, presidente de una asociación catalana de víctimas y que ha hecho un discurso muy duro resumible en la frase «no me pidan que hablemos de reconciliación», ha confesado que «no me importaría que los acerquen. Si podemos así evitar el discurso sobre su sufrimiento…»

La mesa redonda que ha compartido con Ane Muguruza –hija de Josu Muguruza, víctima de guerra sucia– y Rosa Lluch –hija de Ernest Lluch, víctima de ETA– ha sido la más intensa, puesto que tanto Muguruza como Lluch han hecho una apuesta por las soluciones y la convivencia muy diferente a la de Vargas. Muguruza ha subrayado que «yo no necesito ver en la cárcel a quienes mataron a mi aita, me interesaría más que se asumiera que esa decisión venía de una oficina del Gobierno». Para Lluch, «las víctimas de ETA no podemos mediatizar el relato, porque a vecees pensamos desde el estómago. ETA tampoco puede hacerlo».

En la cuestión de las víctimas, han llamado la atención algunos detalles dados por Vargas, Lluch o Robert Manrique (herido grave en Hipercor) sobre desatención oficial. Por ejemplo, Lluch sigue sin entender cómo el día que mataron a su padre en 2000 la Policía no pudiera localizar a los familiares antes de que se enteraran por los medios y le asombra que hoy día todavía se aleguen dificultades para contactar con víctimas del atentado yihadista de 2016. Y Manrique dirige una unidad de apoyo a las víctimas que ha sido impulsada de modo privado para paliar estas situaciones, al margen del Gobierno español y también de la Generalitat.

En cuanto a los presos y las víctimas de guerra sucia, tanto Muguruza como el abogado Iñigo Iruin o Joseba Azkarraga (Sare) han aportado datos que han sorprendido e impactado al auditorio. Por ejemplo, que únicamente el 0,9% de los casos de tortura certificados por Lakua cuentan con una sentencia judicial, que la familia de un preso debe recorrer 63.000 kilómetros al año para visitarle o que el 95% de los vascos está en primer grado frente a menos del 2% en el total estatal. Para resolver la situación carcelaria, Iruin ha expuesto que hay algunas cosas sencillas por las que empezar, como devolver Instituciones Penitenciarias al Ministerio de Justicia y no al de Interior (donde lo insertó el Gobierno Aznar), transferir la competencia de prisiones a las instituciones vascas o tener en cuenta que «los presos han intervenido en la decisión del fin de ETA, un dato fundamental para un pronóstico favorable de reinserción. Es insostenible además que sigan bajo la disciplina de ETA cuando ya no existe». Cree que esto último debe servir para sacarles del primer grado y también para acercamientos.

De soluciones y convivencia han hablado igualmente el periodista y víctima de ETA Gorka Landáburu, la abogada Gemma Calvet o la representante de Amnistía Internacional Adriana Ribas. Y la jornada ha concluido con una mesa redonda política entre todas las grandes formaciones políticas catalanas, con la única ausencia de Ciudadanos. Ahí ha llegado la voz más disonante de este intenso día: Angels Esteller, del PP, que se ha aferrado al discurso oficial de que «aquí los únicos derechos humanos que se han vulnerado son los de las 853 víctimas mortales de ETA. El Estado español no es represor, en un Estado democrático y de derecho». Gabriela Serra (CUP) ha mantenido el pulso con Esteller, recordándole cosas como que Jaime Mayor Oreja declaró que sin ETA sería más difícil afrontar el conflicto político. «Y nos dijeron que sin violencia todo era posible…», ha dejado caer la representante de la CUP, en una de las escasas alusiones que han unido la situación en Euskal Herria y la de Catalunya.

Junto a ambas se han sentado Carles Campuzano (PDCat), Ferran Pedret (PSC), Eva Baró (ERC) y Xavi Domènech (Catalunya en Comú), lo que muestra el relieve que ha tenido esta sesión sobre Euskal Herria. Desde el partido que ahora gobierna en Madrid, Pedret ha vaticinado que el acercamiento se producirá y ha añadido que esta cuestión no puede estar condicionada por las asociaciones de víctimas contrarias. Por cierto, Rosa Lluch ha tomado la palabra antes de concluir para afear a los políticos que no hayan acudido a escuchar las mesas redondas anteriores, con mucho contenido, y que ninguno haga autocrítica alguna sobre sus partidos.

‘Construint la pau’ puede tener continuidad con alguna declaración. Desde el Foro Social Permanente, Agus Hernán ha pedido a los políticos apoyo para crear allí una «corriente de opinión» favorable a «nuevas políticas» y Campuzano ha recogido el guante afirmando que la voluntad ciudadana en Catalunya es clara al respecto. La jornada ha sido clausurada por el teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, Jaume Asens.

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