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Cabalgar a lomos de un tigre

El Gobierno de Gasteiz, por boca de Jonan Fernández, ha presentado una propuesta para acercar a los presos políticos a cárceles que no disten más de doscientos kilómetros de Euskal Herria.

La iniciativa no satisfará a quienes entienden que los presos debieran dejar de serlo, pero tampoco se puede obviar el efecto paliativo para los familiares y amigos de los prisioneros. Mirentxin se ahorraría así un buen número de kilómetros.

Los que han saltado como impulsados por un resorte han sido los agrupados en Covite, una de las asociaciones de víctimas de la violencia política, la más íntima de las tésis de Mayor Oreja y a quienes todos los gobiernos que hasta hoy han sido han reconocido el carácter de agente político con derecho de veto.

El último disparate de Covite es acusar al Gobierno de Urkullu de "ceder ante ETA" por proponer ese acercamiento paliativo, que no resolutivo. Y es que quienes viven de las jugosas y generosas ayudas públicas no pueden reconocer que ETA no existe. Se juegan mucho en eso.

Y los gobiernos que tan implicados han estado en la inhumana dispersión, tiemblan ahora ante la amenaza de una dentellada del tigre.

Es lo que tiene cabalgar sobre su lomo.

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