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Comerse una farola

Hoy toca, sin duda, hablar de la sentencia contra la dirigencia catalana. Toca describir cómo el régimen español muestra su rostro feroz, aquel que ya vimos retratado en la soflama televisada de su rey, el heredero del heredero.

Y toca también constatar que el Reino de España tropieza una y otra vez con las mismas piedras y choca con las mismas farolas. Lo del sábado en el Paseo de la Castellana es más que una anécdota. Es un signo.

La sentencia que va a mantener en prisión a los líderes catalanes es el preámbulo de la declaración de independencia de la República de Catalunya. Y de la heroicidad de los condenados dependerán los tiempos.

El poder español nunca se ha caracterizado por su inteligencia política. Sólo por su brutalidad.

Con la fuerza y los arcabuces construyeron un imperio y con la negligencia, la abulia y la corrupción, lo perdieron.

Hoy ese poder coronado está más cerca de ser más pequeño. Aunque se sientan poderosos, los que rigen en España se acercan más y más a la farola.

 

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