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Cuestión de ética

El Parlamento de Gasteiz se ha pronunciado en contra de que la población participe de forma voluntaria en actos de recibimiento a los presos políticos que abandonan la prisión después de abultadas condenas.

Resulta insólito que un parlamento pretenda forzar los sentimientos de los ciudadanos porque esos actos de recibimiento no son más que expresión de sentimiento. No se juzgan hechos, ni se aplauden ni se condenan. Y eso no lo puede evitar ningún parlamento, si se pretende democrático.

El colmo del cinismo es que se apele a la ética para justificar la consiguiente represión. Los partidos que ayer aprobaron esta iniciativa debieran dedicar tan sólo unos segundos en una mirada introspectiva y, desde la sinceridad con uno mismo, pensar si pueden esgrimir la ética como argumento.

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