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El Estado profundo

Bajan muy revueltas las aguas en las filas del independentismo catalán. La rivalidad de las siglas en vísperas de unas más que previsibles elecciones debilita la opción mayoritaria y, lo que es más grave, adelgaza la moral de la multitud que confió en su liderazgo para alcanzar la meta de la república independiente de Catalunya.

Tal vez por eso tiene especial relevancia el discurso de Oriol Junqueras, devuelto por unas horas al Parlament.

Las contínuas apelaciones al diálogo y la firmeza en la defensa de la autodeterminación y el compromiso con la opción independentista lijarán, tal vez, las aristas de esta crísis entre Junts pel Cat y ERC, pero lo nuclear de su intervención está en el reconocimiento de que ha sido lo que llama "el Estado profundo" el que ha hecho descarrilar el procés tal y como se entendía hasta ahora.

Y es que ese "Estado profundo" existe y opera con todas las baterías a su alcanec. Desde las amenazas de Felipe VI a la población y a las grandes empresas, hasta la represión violenta, el espionaje y la manipulación de pruebas.

Junquera padece ahora prisión por esa causa pero ha dado un paso de gigante al comprender que ese monstruo existe y que sigue agazapado en la oscuridad. Para dar nuevos pasos tendrán que tener en cuenta ese  factor. En Euskal Herria sabemos mucho de eso.

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